Una inesperada cobertura periodística

El Mundial de Fútbol ‘78 y Hugo de la Mota.
viernes, 6 de junio de 2014 00:00
viernes, 6 de junio de 2014 00:00

Se cumplirán en este junio de 2014 treinta y seis años de la consagración de la selección argentina como campeona mundial de fútbol y aún se continúa hablando, según las posturas ideológicas de sus actores, de este torneo realizado en 1978 en nuestro país.
Y como no puede ser de otra manera, dado el contexto social y político que rodeó esta realización deportiva, se mezcla, como en botica, el quehacer futbolístico con las aberrantes acciones de la dictadura militar que encabezó el tristemente célebre general Jorge Rafael Videla.
Desaparecido el gobierno institucional de la expresidente María Estela Martínez de Perón, volvimos a padecer una de las enfermedades endémicas que castigó históricamente a la República, es decir la puesta en escena de otro régimen de facto. Ni el más inadvertido de los ciudadanos podía dudar de que la democracia había sido avasallada por una de las tantas “revoluciones libertadoras” o “procesos de reorganización nacional” generados por el poder militar, que se encargó de manejar a su gusto y conveniencia el destino de la Patria.
No extrañó, entonces, que esta competencia ecuménica que le fuera asignada en 1966 por la FIFA (Federación Internacional del Fútbol Asociado) a la AFA (Asociación del Fútbol Argentino) pasara a constituirse en el “caballito de batalla” de los milicos para vender una “sólida y brillante” imagen de la Argentina al mundo, tapando todas las atrocidades cometidas en contra de los que pensaban y actuaban muy diferente a ellos, las cuales con el pasar del tiempo fueron saliendo a la luz, aun cuando debo puntualizar que por estos lados (Catamarca) poco o nada trascendía dada la fuerte mordaza que se impuso a los más poderosos medios de comunicación a nivel nacional en torno a la temática. Sólo se conocía la valiente y heroica reacción de las Madres de Plaza de Mayo, que se encargaron de denunciar los crímenes de lesa humanidad que se cometían en la Argentina a través de los distintos corresponsales extranjeros que vinieron a cubrir el Mundial.
Esa era la realidad que se vivía en mi país la cual, reitero, no era conocida ni denunciada por el periodismo de la “capife”.
Dentro de ese marco, se jugó la fase decisiva de este décimo primer campeonato mundial de fútbol, manejado por el denominado Ente Autárquico Mundial 1978, un organismo que la Junta Militar ubicó por arriba de la AFA, entidad que de esta manera sólo se encargó de participar del magno evento en lo meramente protocolar y reglamentario. Pese a ello, es injusto cargar todas las tintas sobre la selección de César Luis Menotti (militante comunista, devenido en pseudoderechista, según algunos observadores), que finalmente se alzó con la Copa del Mundo por primera vez en la historia, derrotando en el encuentro final a Holanda por tres a uno en tiempo de alargue.
Había pasado casi medio siglo de la primera edición (1930), que se adjudicó Uruguay en su propia casa, ganándole a la Argentina por cuatro goles a dos.
Calificarla como “la selección de los militares” creo que representa una verdadera afrenta a un conjunto de destacados jugadores que entregaron todos sus esfuerzos, talentos y capacidades para ubicarnos en lo más alto del campo futbolístico internacional, en el que éramos reconocidos por nuestra habilidad, picardía y poder de inventiva. Pero a lo largo de cuarenta y ocho años no habíamos podido levantar el preciado galardón que nos distinguiera como el mejor de todos. Fillol, Olguín, Galván, Passarella (capitán), Tarantini, Ardiles, Gallego, Kempes (goleador del certamen), Ortiz, Luque, Bertoni, Houseman, Larrosa, Oviedo, Alonso, Villa y Valencia, entre otros, fueron los encargados de ganar con toda hidalguía, honestidad y dignidad deportiva el Campeonato Mundial del año 1978.
Creo que nadie tiene derecho a menoscabar o echar fango a este éxito sin precedentes en el balompié argentino, cuya parte final pude cubrir en el histórico estadio Monumental de Núñez (estadio del Club Atlético River Plate), enviado por el diario La Unión, a instancias del entonces subsecretario de Información Pública de la provincia, Carlos Javier Bravo, quien prestó su invalorable colaboración para hacer realidad este viaje a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. De esta manera, pude presenciar la final entre argentinos y holandeses, con las lógicas incomodidades para poder realizar mis tareas profesionales. Al respecto debo señalar que las instancias clasificatorias fueron cubiertas por dos queridos colegas que ya no están entre nosotros: Luis Oscar Aísa (Radio Nacional) y Daniel Benedicto Ramón Lozada (del desaparecido diario El Sol). Resultó una experiencia muy sui géneris para los tres, puesto que no teníamos acreditación oficial (ninguno de los tres medios locales decidió el envío de periodistas al evento) y debimos recurrir entonces a la buena voluntad y predisposición de varios periodistas amigos de la Capital Federal para poder ingresar a los estadios. ¿Los medios utilizados? Colarnos en los vehículos de gente que tenía credenciales oficiales de prensa y de este modo pasar los controles pertinentes. Costó, pero finalmente nos dimos con el gusto de observar y analizar los encuentros que nos tocó cubrir.
Paralelo a esta convocatoria ecuménica, en el estadio del Club Ferrocarril Oeste de la ciudad de Buenos Aires se llevó a cabo el certamen mundial de Habilidades Futbolísticas, con la intervención de pibes de distintos países de los cinco continentes, contando con los auspicios de una empresa multinacional de gaseosas. En esa cobertura estuvo el entonces cronista deportivo de Diario La Unión, Argentino Eusebio Argañaraz, ya que Catamarca logró clasificar a Hugo de la Mota y César Normando Cruz para las instancias decisivas. Materializando una brillante labor, De la Mota se alzó con la copa de campeón, quedando en segundo lugar un estadounidense y en la tercera posición César Cruz. Es decir que los dos representantes catamarqueños subieron al podio en el campo de deportes de la entidad de Caballito. Con Argañaraz nos encontramos de casualidad en el hotel en que se alojaban los chicos locales, junto a quien oficiaba de entrenador, Luis Alberto Díaz Leiva, tomándonos un recreo para degustar un sabroso asado criollo en la casa de un hermano suyo, en el barrio de Quilmes. De regreso a San Fernando del Valle, el dueto ambateño fue recibido por una gran cantidad de aficionados y el entonces gobernador de facto, el olvidable coronel Jorge Carlucci.


Leo Romero
 

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