Mascherano, el capitán que no se ríe

domingo, 15 de noviembre de 2015 00:00
domingo, 15 de noviembre de 2015 00:00

“Tuvimos una laguna después del tiro en el palo de Éver (Banega) y lo pagamos con un gol en contra. Lo que a nosotros nos cuesta mucho, a nuestros rivales les sale fácil”, señaló Javier Mascherano al final del 1 a 1 ante Brasil en el Monumental.
A Mascherano lo atrapa el presente. Sabe que mencionar ausentes sonará a excusa, y la esquiva: “Somos los que estamos”, dispara ante la pregunta-centro que escucha sobre si la falta de Messi, Agüero y blablablá. La película de la noche, más allá del final, lo entretuvo bastante, pero quiere ver si la remake vale la pena: “No fuimos brillantes pero sí superiores, hemos tenido claro a qué jugábamos. Hay que seguir creciendo, no podemos dar un paso adelante y dos atrás”, razona.
Venía de tener una noche en subida. Porque la había arrancado con vuelo bajo, casi a la altura del dron de la televisión que se paseaba entre los jugadores durante la ejecución de los himnos; su primer tiempo lo había mostrado más hablador que jugador, como si necesitara hacer ajustes sobre lo planeado inicialmente. Una y otra vez. Ya en el segundo tiempo, una barrida marca Mascherano había impulsado al público a corear su apellido. Y casi en el final, cuando debieron calmarle un calambre después de que quedara tendido, ese repiqueteo creció hasta que todos entendieran en el estadio eso que se cantaba: “Mascheee, Mascheee.”. Él, ni mu. Siguió a lo suyo, tratando de empujar al equipo a una victoria que sonaba urgente.
Pero no lo consiguieron ni su esfuerzo ni el cabezazo de Rojo ni el último centro que aterrizó en el área de Alisson. Entonces, el capitán se abrazó con ganas a Neymar, su rival-compañero, y cambiaron camisetas. Eso sí, como si tuviera bien aprendido el viejo mandato de Oscar Ruggeri (“la de Brasil no hay que ponérsela nunca”), tomó la 10 amarilla y se la llevó en la mano.
Javier Mascherano salió de la cancha serio, con la vista al frente y el pecho descubierto, señal de que se lo va a seguir poniendo a las balas, aunque a veces le parezca que ya no tiene lugar para que le sigan entrando.

Por Andrés Eliceche / Canchallena.com

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