Deporte y nostalgia

martes, 16 de noviembre de 2021 01:49
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Daniel Agüero, un “Loquillo” sobre el ring

La fama de Daniel “El Loquillo” Agüero sorprende cuando se observa que su trayectoria como boxeador profesional fue de poco más de tres años. No exhibe grandes conquistas y su campaña sobre el ring arrancó en 1983 y terminó en 1986, cuando decidió colgar los guantes tras encadenar cinco caídas consecutivas.

Era un buen púgil, pero chocó de entrada con muchos rivales de gran nivel, y su despegue no fue posible. Es el típico caso del peleador “callejero” que aprende a boxear, porque en su adolescencia era de trenzarse a golpes en la calle, hasta que un policía amigo, el comisario Enrique Molina, lo llevó a una dependencia  de la fuerza y le advirtió que terminaría preso si no cambiaba de conducta.

El sermón llegó después de que el “Loquillo” quisiera pelear en la calle con el querido e inolvidable Carlos “Torito” Ponce, boxeador de gran físico  (años después sería asesinado a balazos mientras pegaba carteles del peronismo en una campaña), al que Agüero ni siquiera conocía.

Aprendió la lección y dejó las calles para meterse en un gimnasio. Fue así como encontró disciplina y técnica, y rápidamente se tranquilizó.

El “Loquillo” se caracterizaba por su valentía (“Ni al diablo le tengo miedo”, asegura), pero canalizó esa energía de la mano de sus maestros y por eso no duda en afirmar que “el boxeo me cambió la vida”.

Hoy todo el mundo lo reconoce como boxeador: tiene un  gimnasio y escuela de boxeo, y lleva adelante un emprendimiento familiar gastronómico. Vende sus exquisitos platos en un carrito de la plaza Virgen del Valle, donde más de un cliente lo saluda como al “campeón”.

Agüero guarda buenos recuerdos de su campaña deportiva, y reconoce su máximo momento de gloria la noche en que combatió en el legendario Luna Park con televisación en directo para todo el país.

Si algo caracterizó la carrera de Agüero fueron los viajes. La gran mayoría de sus combates se realizaron fuera de Catamarca.

Pero ya de amateur empezó a viajar: con apenas tres peleas como aficionado, lo llevaron a probar suerte a la Federación Argentina de Boxeo en el barrio porteño de Almagro, donde participó en un torneo de novatos y terminó tercero.

Mostraba buenas condiciones y en poco tiempo dio el salto al profesionalismo: el comienzo fue auspicioso. En tres rounds liquidó a Ángel Picon, un púgil más experimentado que él.

Pero después los resultados fueron irregulares: empató con Néstor Paniagua, perdió con Fidel Rivera, le ganó a Reinaldo Cazón Cadena y al combate siguiente, en la revancha con Rivera, fue noqueado por primera vez. El siguiente duelo, revancha con Cazón Cadena, volvió a perder y todo se hizo cuesta arriba.

1984 pasó con siete peleas, de las cuales ganó dos y perdió cuatro (hubo una sin decisión), y en 1985 llegaría su gran chance.

Se preparaba para viajar a un combate en Caleta Olivia (Santa Cruz),  para el cual se entrenaba en el Luna Park. La pelea se frustró y, como ya estaba en Buenos Aires, se lo programó en la cartelera del templo de Corrientes y Bouchard.

Cuando supo que el suyo sería el combate de fondo y con televisación a todo el país, “Loquillo” se puso a llorar de emoción.

Ya sobre el ring, las cosas no salieron bien: el rival (futuro campeón del mundo) fue superior y se quedó con la victoria. Para Agüero, quedó una gran anécdota para toda la vida, y el orgullo de haber representado a la provincia en el templo que por entonces manejaba Juan Carlos “Tito” Lectoure.

Después de Décima realizaría solo una pelea más: perdió ante Manuel Antonio Villalba y colgó los guantes para siempre. O casi, porque 1986 fue su último año como peleador profesional, pero sigue hasta hoy relacionado con el boxeo.

Hace cinco años inauguró su propio gimnasio en el barrio 144 Viviendas, más conocido como “El Milagro”, donde trabaja para sacar a los chicos de la calle enseñándoles los secretos del cuadrilátero y los beneficios de la vida sana.

El viejo pegador supergallo es un tipo respetado en el ambiente, y de cuando en cuando organiza reuniones para reencontrarse con sus amistades de toda la vida, como el año pasado, que unió los festejos por el aniversario de su gimnasio con el Día del Boxeador, para preparar un gran festejo al que no faltó casi nadie.

Le hizo frente a la extensa pandemia sin descuidar sus actividades a pesar de las dificultades y las restricciones, y hoy comienza a renacer la actividad, también con otros proyectos en carpeta.

Quiere concretar junto a varios colegas el anhelo de la “Casa del Boxeador”, donde todos los deportistas dedicados a esa disciplina, una vez retirados, puedan tener contención, y los que estén en actividad tengan acceso a médicos, psicólogos y todo lo que necesiten.

Un luchador de toda la vida, un nombre popular que, como tantos otros que ofrecieron su dedicación y sacrificio sin la compensación del éxito, también escribieron la historia del deporte catamarqueño.

Hoy se define como una persona muy feliz, disfruta con los suyos. Padre de cinco hijos (cuatro mujeres y un varón), hoy tiene nietos y bisnietos, una gran familia por la que se considera “millonario”. Sin duda lo es.

Una carrera breve y muy intensa

Agüero combatió cinco veces en Catamarca, cinco en Salta, dos en Tucumán, y una vez en La Rioja, Santiago del Estero y Jujuy; además del lujo de  su vida, en el mítico Luna Park de Buenos Aires.

Fueron en total 16 peleas con 4 victorias (3 por nocaut), 10 derrotas (5 por nocaut), un empate y un duelo sin decisión.

Lo llamativo es que en una carrera tan breve se enfrentó a grandes campeones, como Néstor Paniagua (el rival ante el cual conquistó su corona argentina Sergio “Yuyo” Arréguez), Carlos Laciar (le quitó el título a “Yuyo”, hermano de Santos Benigno “Falucho”), el campeón boliviano Reinaldo Carmelo Cazon Cadena y el mismísimo Pedro Décima, entre otros valores de gran talento.

¡Qué rival! En su noche del Luna Park, el “Loquillo” se enfrentó a Pedro Décima, un tucumano de enormes condiciones, que había competido en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984, llegando a cuartos de final. Como profesional, Décima hizo 36 peleas y ganó 31, consagrándose campeón mundial  en 1990 al noquear a Paul Banke en Estados Unidos. Contra Agüero impuso su potencia y venció por la vía rápida en dos asaltos. Fue en agosto de 1985.

Todo un lujo: el “Loquillo” con el gran Nicolino Locche, campeón mundial que sólo fue noqueado una vez en 136 combates. El “Intocable” mendocino comparte la mesa con Agüero, Roberto Mema y el periodista Luis Zelarayán, que durante muchos años condujo Catamarca Deportiva con don Aníbal Villafáñez. Ya todos nos dejaron: Nicolino murió en 2005, Roberto Mema en 2012 y Zelarayán falleció en 2014.

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Comentarios

16/11/2021 | 08:46
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Merecido Homenaje al Loquillo, Felicitaciones al Periodista de la Nota.

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