Deporte y Nostalgia

Oscar Daniel Rizo: del vóleibol de alto nivel al ciclismo

martes, 20 de abril de 2021 00:44

Corría el año 1967 cuando nuestro protagonista, Oscar Daniel Rizo, “El Negro”, casi sin darse cuenta, inició su carrera dentro del vóleibol local.

Fue en la Escuela de Comercio “Jorge Newbery”, por iniciativa de José “Violín” Barrionuevo, donde se armó un equipo con alumnos de 3° y 4° año para competir en los intercolegiales. La disciplina, cabe destacarlo, no tenía representación hasta ese momento.

Comenzaron a entrenar –según el relato de Rizo- en la cancha del Club San Martín, en Esquiú y Alem. En charlas informales fueron recibiendo los consejos de Gabino Véliz, dirigente y árbitro de la época que, junto a “Nini” Vega, Ángel Figueroa y Carlos Peracca, marcaron el rumbo para desarrollar el deporte de la pelota y la red.

Una aventura juvenil

                En sus palabras se refleja lo difícil que fue al comienzo esta aventura juvenil. “La cancha era precaria, había baldosas flojas y teníamos una sola pelota, muy pesada, que era de cuero y con algunos gajos rotos. Pero nos dábamos maña y entrenábamos con entusiasmo, nos gustaba”.

Aquel equipo, que iba a dar que hablar en el futuro, estaba integrado por seis alumnos: Juan “Zorro” Miranda, Miguel de la Orden, José Barrionuevo, Rolando Sotomayor, Galdo Hernando y nuestro entrevistado. Todos con edades entre los 17 y 18 años. Paralelamente y al ver las condiciones que demostraban, fueron convocados a defender los colores de Sarmiento. Ficharon y representaron a esa institución en los campeonatos de la Federación Catamarqueña.

La química en el equipo era evidente y los resultados no tardaron en llegar. Salieron campeones provinciales ganando el derecho de participar en el campeonato del NOA del año 1967 que se hizo en Salta. Colegios de Jujuy, Tucumán, Santiago del Estero, Catamarca y los locales competían para ver quién era el mejor de la región.

Una gran anécdota se desprende de ese viaje. Partieron a las 6 de la mañana, en tren, desde Catamarca y la primera parada fue en Recreo, donde transbordaron hacia Tucumán, llegando a las 15 horas. De ahí tomaron un colectivo hasta Salta, destino que alcanzaron a las 18. Rápidamente fueron a las casas de familia donde se iban a alojar, como se acostumbraba en aquellos tiempos, se bañaron, cambiaron y sin comer fueron a competir. Llegaron tarde y ya había dado inicio el torneo, pero por suerte los organizadores los esperaron para enfrentarse en el primer compromiso contra el conjunto tucumano. Rizo recuerda: “estábamos muy cansados después de 12 horas de viaje. Jugamos el partido sin comer, no nos fue bien, perdimos en el debut”. Terminaron terceros, cosa que no los dejó conformes, pero les servía como primera experiencia de cara al futuro.

Tiempo de revancha

                En 1968, dándole continuidad al esfuerzo, la constancia y el entrenamiento, tuvieron un año repleto de alegrías. Participaron nuevamente del torneo provincial. Fueron campeones de manera categórica, dejando bien alta la bandera del Newbery y clasificaron al Regional del NOA, con sede en Santiago del Estero. En busca de la ansiada revancha, se prepararon de manera especial y esto fue secundado por compañeros, padres y allegados que viajaron junto a ellos para verlos jugar. Mucha gente fue a apoyarlos en autos, colectivos, etc. Todavía sin salir de su asombro recuerda: “era increíble entrar a la cancha, estaba lleno de amigos, nos sentíamos locales, casi cien personas fueron a alentarnos. Ganamos todos los partidos por 3 set a 0. Campeones de punta a punta. Muchos de los que viajaron lo hicieron a dedo, pararon en carpas, a la vera del río. Fue algo impresionante esa experiencia, jugamos muy bien, nos entendíamos a la perfección”.

                En 1969 nuevamente ganaron el Campeonato del NOA y se les dio la posibilidad de participar en el Torneo Argentino de Escuelas Secundarias a disputarse en Buenos Aires, donde competían los campeones de cada región. Fue una de sus pocas frustraciones porque la directora de la institución no autorizó el viaje: “no nos dio permiso porque el certamen duraría dos semanas y ya teníamos problemas de faltas por participar en otras competencias a lo largo del año. Lo lamentamos muchísimo porque teníamos, y nos sentíamos con serias aspiraciones de conseguir el primer puesto”. Pero, como contrapartida, todavía conserva amistades de aquellas épocas de viajes y hasta el día de hoy mantiene el contacto con la familia Abrate, que siempre lo alojaba en sus visitas a Santiago del Estero: “paraba en casa de esa familia y me cuidaban como un hijo. Los visito cada vez que puedo y se mantiene el contacto telefónico, les estoy muy agradecido”.

Este conjunto de amigos había llamado la atención de todos en la provincia y, a pesar de no tener el entrenamiento adecuado y un preparador físico especializado, supieron a base de talento y capacidad técnica suplir ese escollo. Las ganas y el compromiso fueron determinantes en la superación como conjunto y ese mismo año fueron convocados los seis integrantes a formar parte de la selección catamarqueña. Con tan solo 18 y 19 años compartían equipo con Luis Lecco, Darío Feruglio y “Puyuyo”Ferreyra, jugadores ya consagrados, más altos y más fuertes que pretendían sumar nuevos talentos y juventud a sus filas. El primer evento que participaron fue en el Argentino 1970 en la ciudad de Rosario, que contaba con representación de todas las provincias. Duró 2 semanas y obtuvieron un 7° puesto. Algo de mucho valor, que los llevó a consolidarse dentro del plantel. Además, en el ámbito local, luego de militar en Sarmiento, jugaron en el Club Banco de Catamarca, disputando los campeonatos contra tradicionales rivales de la época, como San Martín y Pelota a Paleta.

Tiempo después, terminado el secundario, el grupo se fue desarmando por motivos laborales, personales y de estudios. Los que quedaron siguieron participando en el seleccionado y sus respectivos equipos. “El Negro” Rizo decidió, por razones de estudio, radicarse en Córdoba. Ni bien llegó buscó un club para poder seguir jugando y fue en General Paz Junior donde alistó. Fue por intermedio de Juan Carlos Tapia, un comprovinciano que estudiaba Neurología. Solo un año pudo jugar en Paz Juniors. La distancia era un problema: “yo vivía en Barrio Jardín y tenía que tomar dos colectivos para llegar al club. Se entrenaba de noche y me quedaba muy a trasmano”. También lo intentó en el Club La Calera, pero por razones similares no prosperó. Aún así, con sus compañeros de curso, siguió ligado a las actividades deportivas en la Ciudad Universitaria. De esos años se desprende una anécdota de color que nos relata: “esos fines de semana eran extraordinarios. Tengo el recuerdo de haber visto jugar a Osvaldo Ardiles, “La Pepona” Rinaldi y al “Matador” Kempes que estudiaban en la universidad y eran integrantes de los equipos de fútbol, aparte de jugar en sus clubes. Tenían una calidad bárbara. No me extrañó verlos años más tarde jugar en orimera y hasta jugar mundiales”.

En el año 1975 regresa a Catamarca e ingresa a trabajar al Banco de Catamarca, donde cumplió su carrera laboral.

A “bicicletear”                                                                                                                                                              

Debido a una lesión importante en la rodilla, no pudo seguir practicando vóleibol. Pero después de recuperar la movilidad en un 80%, en 1982, surgió la posibilidad con unos compañeros “bancarios” de salir a “bicicletear” en forma recreativa. Fue una forma de seguir ligado al deporte. Le empezó a gustar una actividad que finalmente terminaría por atraparlo definitivamente y marcaría sus años futuros. En ese tiempo tenía como vecino a Luis “Cepillo” Valdez, corredor de bicicletas y referente por esos años, que lo alentó y aconsejó a dedicarse de lleno al ciclismo.

Su primera bicicleta profesional fue una Cardiff con componentes Shimanno que lo enamoró a primera vista. Se la vendió un amigo de apellido Navarro Peñalba. Empezó a entrenarse en forma constante y, con el pasar de los meses, se sentía en condiciones de encarar competencias para probarse a sí mismo en qué lugar estaba parado. ¿Cómo fue descubriendo los secretos de la mano de su maestro?: “Valdez me empezó a explicar y perfeccionar. La posición donde debían ir ubicadas las piernas, donde debía apoyar los pies y la forma de respirar”.

En los torneos interbancarios fue tomándole el gustito cada vez más y entrenó para correr carreras de 60 a 90 km. En el año 1983 participó de la competencia de Sarmiento por sus 50 años. De manera sorpresiva le ganó la carrera a José Herrera en una definición mano a mano al cruzar la meta. Durante 15 años se dedicó de lleno, en su tiempo libre, a esta disciplina.

Varias veces participó de las famosas “Seis vueltas a El Jumeal”, un clásico del club Villa Cubas y demás competencias locales. En el año 1984 corrió el torneo del NOA, organizado en Tucumán y, tras haber ganado las dos primeras etapas, venía cómodo liderando el pelotón, superando la cuesta se sentía ganador hasta que ocurrió algo insólito: “yo venía solito. Me daba vuelta, miraba para atrás y no veía a nadie. Me sentía muy tranquilo y regulaba la marcha de cara al final, cuando de pronto escuché unos ruidos y tenía a un corredor local pegado a mí. ‘¡¿Cómo puede ser?!’, pensaba por dentro. Me ganó la carrera en la recta final y yo estaba muy caliente, no entendía. Después de la premiación, se acercó alguien y me dijo: ‘Quédese tranquilo que a usted le robaron. Lo ayudaron en la cuesta con una moto, le hicieron trampa, por eso no ganó’. Yo me quería morir, pero me sirvió como experiencia de lo que significaba ser visitante”. Al año siguiente, en 1985, tuvo su pronta revancha en Santiago del Estero, donde fue el regional del NOA. Esta vez fue el claro ganador de la categoría “Intermedio” de la competencia, se consagró primero y tuvo su revancha por lo sucedido en Tucumán.

                En el año 1991 participó de la “Vuelta de Catamarca” en homenaje a Vicente Saadi, ya en la categoría veteranos. Se corría en tres partes: en la primera etapa clasificó tercero, en la segunda quedó dentro del pelotón y en la última con modalidad “Americana” terminó en el 7° lugar. En la tabla general finalizó en el 5° puesto, el cual valoró mucho dado que la competencia era muy fuerte con representantes de alto nivel de San Juan, Mendoza, La Rioja, Tucumán y Salta: “una prueba muy dura de 2 días, en tres etapas y el resultado me dejó satisfecho. Un error propio a la salida de una curva, cuando se me salió el pie del pedal fue lo que me privó de llegar algunos puestos más adelante”, recuerda.

El triunfo más doloroso

                En el año 1992, de cara al Regional del NOA que iba a realizarse en Catamarca, su preparación fue máxima, quería obtener ese triunfo en su tierra natal. El doctor Samargo, cardiólogo y deportólogo, junto a su staff compuesto por nutricionistas y preparadores físicos, lo acompañaron en su sueño. Dentro de ese plan, unos meses antes del regional, a modo de entrenamiento, participó en la prueba interbancaria en el parque Adán Quiroga. Pero ya en el último embalaje venía primero y se da lo impensado: “a metros de la llegada, por imprudencia mía, una tontera, le doy un tirón a la bicicleta y se desprende el tubo de la rueda delantera. Se enreda y caigo de cabeza al asfalto. Gané la competencia porque crucé la meta, pero el resultado fue fractura de nariz, frente y pómulo. Me internaron en el Sanatorio Pasteur y estuve 5 días inconsciente. Mi mujer siempre recuerda que lo primero que pregunté al despertarme fue: ‘¿y la bicicleta?’”.

Tardó casi dos años en recuperase y volver a entrenar. Pero al participar de una carrera, a pesar de contar con apoyo psicológico, se dio cuenta que no sentía la misma adrenalina y era el momento de dejar de pedalear.

                Siempre siguió ligado al voleibol a pesar de no estar en la cancha por su temprana lesión y era parte de la Asociación local desempeñándose como dirigente. En el año 1982 cuando se jugó el Mundial en Argentina, Catamarca fue una de las sedes y, junto a Ricardo “Chito” Nieto, se hicieron cargo de la Comisión de Traslado y Alojamiento, función vital para las delegaciones. Todos los días después de los partidos viajaban a Tucumán a llevar las muestras del control anti-doping que eran enviadas en avión hasta Buenos Aires. “Todo era muy organizado y programado, no había margen de error. Los horarios eran estrictos y sin tolerancia. Recuerdo entrar directamente al aeropuerto y entregarle al Comisario de Abordo las muestras para que sean analizadas. Al otro día debían estar los resultados para que puedan jugarse los próximos partidos”.

En el año 1990 se realizó también en nuestra ciudad el 10° Campeonato Sudamericano Juvenil de Voleibol, donde se ocupó de organizar el hospedaje y transporte de todas las delegaciones. También fue parte del Regional del NOA de Voleibol Femenino, en 1995, cumpliendo las mismas tareas. En 2002 se jugó la prestigiosa “World League” organizada por la FIVB aquí en Catamarca y debido a su gran experiencia también se encargó de los equipos. En cuanto al ciclismo, integró la Comisión de la Asociación Bancaria junto a destacados dirigentes como Alfredo Palacios, Mateo “Coco” Acevedo, Ovi Palacios y Luis Silva.

                Ante la pregunta ya clásica de “Deporte y Nostalgia” sobre lo que significó en su vida el deporte, Daniel Rizo nos responde: “he cosechado muchos amigos verdaderos que mantengo hasta el día de hoy. Le doy gracias a Dios y a la Virgen del Valle por haberme permitido incursionar en actividades que me dieron grandes alegrías, resultados, buena salud y un mejor nivel de vida”.

Redacción: Fernando González Bravo.

Producción: Rafael Andrés Bruno.

Ficha personal

Nombre y Apellido: Oscar Daniel Rizo.

Apodo: “Negro”.

Edad: 70 años.

Fecha de nacimiento: 5 de febrero de 1951.

Padres: Ramón Antonio Rizo y Rosario Brizuela.

Hermanos: Luis Antonio, Mirta Estella y Rolando Omar.

Esposa: Gladys Moreta.

Hijos: Fabián, Yanina e Iván,

Nietos: Santino, Valentino, Uma y Michelina.

Profesión: Bancario. Jubilado.

Hincha nacional de fútbol: Boca Juniors.

Hincha local de fútbol: San Lorenzo de Alem.

Jugadores destacados locales de vóleibol: José H. Barrionuevo, Miguel de la Orden y Juan Miranda.

Jugadores destacados nacionales: Hugo Conte y Luciano De Cecco.

Comida preferida: asado.

Oscar Daniel Rizo: toda una vida dedicada al deporte.

Un gran equipo que lograron conformar los alumnos de la Escuela de Comercio “Jorge Newbery” en 1968. Parados: Daniel Tapia, Daniel Rizo, Juan Miranda, Edgardo Hernando, Miguel de la Orden, Pablo Wendenbourg (DT), Tito Espíndola. Hincados: Ramón Sotomayor, José H. Barrionuevo, David Vega y José Costanzo.

Rizo formó parte del seleccionado de vóleibol de Catamarca de fines de los 60. Parados: Alfredo Pereyra (técnico), José de las Heras, Ricardo Tapia López, Edgardo Hernando, José de la Orden, Miguel de la Orden, René Sierralta, Juan Miranda. Hincados: Raúl Filippín, L. Marchetti, Luis Segura, Juan Quiroga y Daniel Rizo.

En los intercolegiales defendiendo a la  Escuela de Comercio “Jorge Newbery”. Parados: Pablo Wendebourg (delegado), Ramón Sotomayor (“Sotiyo”), Daniel Rizo, Jorge Díaz Martínez, Edgardo Hernando, Miguel de la Orden, Juan de Jesús Miranda y Miguel A. Martínez (técnico). Hincados: Julio Sánchez, David Vega, Armando Ferrioli, Cristian Espíndola y José Hugo Barrionuevo.

Año 1986. Rizo en las “Seis Vueltas a El Jumeal . Puro esfuerzo en una de las subidas.

             

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