Humanidad e hipocresía

martes, 19 de octubre de 2010 00:00
martes, 19 de octubre de 2010 00:00

El combate por el título mundial de los pesos pesados entre el campeón Vitali Klitschko y el norteamericano Shannon Briggs, terminó con el retador en terapia intensiva, producto de una soberana paliza que incluyó 171 golpes en el rostro. La pelea, que llegó a su fin porque ni el rincón del perdedor ni el árbitro atinaron a detener las acciones, devolvió al centro de la escena a miles de detractores del boxeo en todo el mundo.
Resurgieron así los pedidos de prohibición de la actividad pugilística, siempre acompañada de calificativos como “salvaje”, “cruel”, “antideportiva”, etc. Esta crítica fácil y recurrente, surge de una mirada parcial y malintencionada sobre el boxeo, y se basa en la ignorancia de los beneficios de la disciplina, que no consiste sólo en los combates sino que exige una conducta atlética, preparación y vida sana.
Cuestionar al boxeo con argumentos humanitarios es sencillo, tratándose de un deporte históricamente asociado con los estamentos sociales más humildes. Ya en las primeras competiciones olímpicas del siglo pasado, los deportistas de elite viajaban en la primera clase de los barcos y los boxeadores en las bodegas.
Pero detrás de ese ataque sistemático hay mucho de hipocresía. La Fórmula 1 cobró la vida de 32 pilotos, un historial negro cuyas cifras se triplicarían si se añadiera a asistentes, mecánicos y público fallecido durante las pruebas. El famoso Rally de Dakar acumula más de 50 víctimas fatales, pero lejos de horrorizar a los mercaderes, este perfil trágico es utilizado como un atractivo para promocionarlo.
El montañismo cuenta con un historial nefasto de muertes y desapariciones. Se registran 186 muertes en el Everest, 60 en el K2, 40 en el Kanchenjunga, 24 en el Makalu, 36 en el Cho Oyu, 56 en el Dhaulagiri, 52 en el Manaslu, 62 en el Diamir, 55 en el Annapurna y la serie es interminable.
¿Quién reclamó la prohibición de las carreras o el montañismo? Nadie, porque se prioriza un negocio fabuloso, frente al cual las cuestiones humanitarias quedan en segundo plano.
El boxeo cumple un rol social y merece ser apoyado. En todo caso, deben optimizarse los controles médicos y las normas en cada combate para reducir la posibilidad de accidentes, que proporcionalmente son ínfimos. Pero no reclamar prohibiciones sólo porque aparenta elegancia.
 

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