Editorial

Explotación de personas

martes, 05 de octubre de 2010 00:00
martes, 05 de octubre de 2010 00:00

Los lectores de El Esquiú habrán reparado que este medio no publica avisos, ni notables ni clasificados, que constituyan oferta sexual. Tampoco lo hará en el futuro. No se trata de una medida de puritanismo barato o moralina de expresión pública. El tema es que, con este tipo de publicidad, está comprobado que se promueve la explotación sexual y el proxenetismo, verdaderas rémoras sociales.
Los medios de comunicación de toda América, con Estados Unidos a la cabeza, y Europa ya debaten este tema y, poco a poco, llegan a la conclusión inevitable que, cándidamente, contribuimos a fomentar una industria cuyo vértice más dramático es la explotación de las personas.
La idea editorial de ninguna manera va contra la prostitución, cuyo ejercicio forma parte de los derechos individuales de las personas, algo contemplado por la Constitución. Va directamente contra los que hacen de la prostitución un negocio vil y del cual se desprenden las miserias humanas más dramáticas.
La polémica, en torno a lo que El Esquiú ha tomado decisión desde su misma apertura, está instalada también en la Argentina. Al menos cinco medios gráficos ya no reciben más avisos clasificados de este tipo y, paralelamente, se estudian sanciones para quienes pretendan seguir haciendo negocios económicos con derechos humanos elementales. Hasta se analiza si un medio, al publicar, no está cometiendo un delito.
Catamarca, lamentablemente en este caso, no es una isla desanexada del mundo. Aquí también hay negocios sucios a partir de la prostitución; también forma parte del tráfico de personas y, en más de una ocasión, investigadores foráneos llegaron a San Fernando del Valle en busca de menores que desaparecieron misteriosamente de otras ciudades. Más claro: los tentáculos de la prostitución se prolongan hasta en los lugares más recónditos y, de paso, hacen caldo de cultivo en provincias pobres como la nuestra, donde miles y miles de niñas pueden terminar formando parte de la materia prima que requieren los canallas.
El Esquiú, humildemente, piensa que los medios de comunicación pueden, quizá sin desearlo, terminar siendo cómplices de un negocio deleznable. Por ello su posición.
 

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