Editorial

Tolerancia cero

lunes, 01 de noviembre de 2010 00:00
lunes, 01 de noviembre de 2010 00:00

En la presente edición de El Esquiú se revelan datos vinculados con la realidad del tránsito en Catamarca, a partir de un trabajo realizado por autoridades del área a nivel municipal. Las cifras que manejan en la comuna capitalina señalan que diariamente ingresan a la zona céntrica de la ciudad 70.000 vehículos, lo que representa un incremento de 20.000 rodados en relación con los que circulaban un año atrás.
El resultado de esta superpoblación de las calles está a la vista, y puede apreciarse en toda su dimensión en los horarios de mayor tránsito, esto es cuando ingresan y egresan los alumnos de los establecimientos educativos, y los empleados estatales.
La palabra caos es la que mejor define la situación, porque si un condimento se agrega al panorama para hacerlo completamente negativo, es la irresponsabilidad de la gran mayoría de conductores.
Nadie respeta las normas viales. A nadie le interesa si un peatón está por cruzar la calle o si otro vehículo tiene prioridad de paso. Incluso los niños que asisten a las escuelas son ignorados por automovilistas que no se detienen ni disminuyen la velocidad.
Puede decirse, sin margen de error, que lo peor de la personalidad del catamarqueño emerge en las calles. Se maneja con un nivel de agresividad increíble, se desprecia la vida propia y la ajena, no se contempla ningún límite. Incluso es cada vez más frecuente que se atropellen personas y se las abandone a su suerte, heridas en la calle. Es una guerra todos contra todos.
Existe indudablemente responsabilidad en las autoridades que no logran corregir este problema. Pero aquí hay también, y por sobre todo, una conducta deplorable de la comunidad, que hace caso omiso a toda indicación o regla. Es hora de poner límites a esta situación, y para ello es necesario aplicar el sistema de tolerancia cero, castigando a quienes cometen infracciones sin que importen apellidos, amistades o las circunstancias por las cuales ahora se perdona a todo el mundo.

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