Editorial

La falta de lluvias no es excusa

martes, 02 de noviembre de 2010 00:00
martes, 02 de noviembre de 2010 00:00

Cuando aún no ha llegado el verano, la población de Catamarca sufre por la falta de agua.
La ausencia de lluvias parece ser la gran explicación que tenemos de parte de los responsables de proveer el vital elemento.
Sabemos que cualquier solución de fondo para este grave problema, requiere de tiempo. De mucho tiempo. Pero no visualizamos que exista siquiera un plan a mediano plazo para superar esta crisis crónica y cada vez más aguda. Al contrario, sólo observamos una concatenación de improvisaciones. Impelidos por la urgencia, funcionarios ordenan la compra de bombas extractoras. Y las compran a precios mayores de los lógicos, invocando emergencias.
Mientras tanto la mente nos lleva a experiencias como las de Mendoza, en nuestro país, o la de Israel.
Debajo de Mendoza hay un desierto. Frente al desierto hay dos posibilidades: resignación o trabajo. Así lo entendieron quienes asumieron el desafío de transformar ese desierto en un vergel. Sus aguas no dependen de las lluvias. Las lluvias son menos que magras. Por eso extreman los cuidados para aprovechar el agua que surge de los deshielos. Y desde tiempos del cacique Guaymallén, tienen un sistema vertrabrado de irrigación. A eso se suma una profunda conciencia del valor del agua, que se traduce en su uso racional y una capacitación para aprovecharla cada vez mejor. Es cierto que aún así la sequía ha causado problemas a sus productores, pero en los cuadros comparativos con las demás provincias argentinas, Mendoza sale airosa de estas dificultades que históricamente viene controlando.
A comienzos del siglo XX Israel protagonizó un revolucionario cambio frente a las limitaciones de recursos hídricos en un ambiente árido y semiárido. La transformación fue lograda por un liderazgo que definió las necesidades futuras identificando e implementando soluciones. Actualmente construyen grandes plantas de desalación del agua de mar y dan tratamiento a efluentes urbanos para transformar cada gota en agua apta para riego o para consumo humano.
La falta de lluvias no puede seguir siendo la excusa.

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