EDITORIAL

Agilidad

jueves, 2 de diciembre de 2010 00:00
jueves, 2 de diciembre de 2010 00:00

Realizar un trámite de diez minutos para recibir el Documento Nacional de Identidad en el propio domicilio, dos semanas después, es una posibilidad que los más jóvenes quizás no puedan valorar.
Sin embargo, los mayores comprenderán la sustancial mejora que representa este cambio.
Pocos trámites eran tan largos, engorrosos y complicados como renovar el documento, sobre todo cuando se lo extraviaba por algún motivo.
Lo recordarán quienes hayan pasado por el viejo caserón de calle Rivadavia donde funcionaba el Registro Civil.
Completar la odisea alcanzaba para entender en toda su dimensión el término de la palabra burocracia: demandaba horas de espera ser atendido, y siempre faltaba algún papel, alguna estampilla, alguna fotocopia que obligaba a trasladarse a otro sitio para reiniciar después toda la fila.
Pero al margen de estas molestias, si se quiere menores, el verdadero calvario era ir al Registro Civil una y otra vez para preguntar si el nuevo documento ya estaba listo.
Completar el proceso demandaba meses y meses. Mientras tanto, una tirita de papel como comprobante de que el DNI se encontraba en trámite, era todo lo que el ciudadano tenía en sus manos. Algo que por otra parte era insuficiente para la mayoría de las gestiones que requerían la presentación del documento. Cientos de personas quedaban sin votar en las elecciones por falta de DNI, y los problemas se hacían interminables.
En este caso, el nuevo sistema, ágil, rápido y simple, es una clara muestra de la aplicación de la tecnología para simplificar lo cotidiano.

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