Editorial

Incompatible

sábado, 4 de diciembre de 2010 00:00
sábado, 4 de diciembre de 2010 00:00

La Asociación de Magistrados debió salir a escena ante los acontecimientos de los últimos días, con un inédito exhorto para que se cuidara la “imagen” de la justicia, actuando con “decoro” y “cordura”.
La entidad que nuclea a los jueces catamarqueños se vio en la necesidad de recordar que es necesario respetar las normas jurídicas, los procesos legales y las decisiones que se adoptan, como base esencial para que el sistema funcione.
Lo insólito del caso es que el mensaje no estuvo dirigido a reos revoltosos o jóvenes estudiantes de Derecho, sino a los propios miembros del Poder Judicial, nada menos que la institución democrática que ejerce una de las tres funciones elementales del Estado: la administración de Justicia.
Existe detrás de los escándalos recientes un perjuicio notable para el Poder Judicial en su conjunto, que no se superará simplemente porque sus protagonistas acuerden bajar los decibeles y ahorrarse las declaraciones públicas.
La imagen de un juez irrumpiendo en el despacho de un fiscal para recriminarle de mal modo por un procedimiento es muy difícil de digerir, y lleva a cuestionar en manos de quién se encuentran la balanza y la espada que deben decidir a cada paso sobre el destino de los catamarqueños.
En ese marco, cuando el exhabrupto proviene de uno de los integrantes de la mismísima Corte de Justicia de la provincia, cabe preguntarse si no es más saludable para Catamarca que esta persona, además de disculparse como lo hizo, de un paso al costado.
Porque sólo de ese modo podrá entenderse lo sucedido como un error personal, sin que todo el Poder Judicial quede cubierto por un manto de interrogantes incompatibles con la función que se ejerce.

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