EDITORIAL

Despropósito

martes, 7 de diciembre de 2010 00:00
martes, 7 de diciembre de 2010 00:00

Que se registren episodios de violencia en cualquier ámbito genera rechazo en sí mismo, y cuando estos hechos tienen lugar en el marco de un espectáculo deportivo es simplemente irracional. Pero que se descontrole la situación en una competencia de divisiones inferiores es directamente inaceptable.
Todo lo que se pregona sobre las virtudes del deporte para el crecimiento y la sana formación de los chicos, se convierte en letra muerta si mientras ellos juegan grupos de vándalos se agreden a su alrededor.
En la jornada del fin de semana, los partidos de las divisiones infantiles y juveniles de la Liga Catamarqueña de Fútbol, tuvieron un triste desenlace, que derivó en la suspensión de un encuentro por los actos violentos de grupitos que supuestamente estaban ¿alentando?¿apoyando? a los pequeños jugadores.
Ni siquiera la presencia de mujeres y niños detuvo la batahola en las tribunas, una secuencia vergonzosa y peligrosa que hace daño no sólo al deporte, sino a la comunidad toda.
Es verdad que falló la organización por ausencia de policías, pero sería injusto endilgar a los dirigentes toda la responsabilidad. ¿Acaso los niños de once y doce años tiene que jugar en presencia de la Guardia de Infantería? Se trata de un juego, en una edad donde los torneos sólo deben ser recreativos y deben servir para aprender... a compartir, a convivir, a superarse. Lo que menos importa es el resultado.
Hay bastantes estúpidos que no lo pueden entender, y lo más recomendable para ellos es que la próxima vez se queden en su casa y dejen a los chicos jugar tranquilos.

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