Editorial

Presente dramático

El problema de la seguridad en Catamarca.
sábado, 14 de agosto de 2010 · 00:00

La salvaje agresión padecida por el diputado nacional Pedro Molas, cuyas circunstancias todavía se investigan, se enmarca en una certeza: el oscuro futuro que vislumbraba la comunidad catamarqueña en materia de seguridad, ya es nuestro presente.
El incontrolable avance de la delincuencia, que alguna vez se procuró minimizar calificándolo como una simple “sensación”, es ahora una realidad palpable que afecta la vida de todos y cada uno de los comprovincianos.
Todos los días se retrocede un paso más. Todos los días se quiebra una nueva barrera, y el conjunto de actos delictivos que “en Catamarca no pasan” se reduce cada vez más. La tranquilidad pueblerina de los catamarqueños, que se podían ir a dormir con la puerta abierta, es un recuerdo lejano. Las casas de familia están enrejadas y salir a la calle es exponerse a toda clase de ilícitos.
Roban motos todos los días, a cualquier hora, en pleno centro y en los barrios. Hombres, mujeres y niños son víctimas de violentos arrebatos. Asaltan comercios, saquean escuelas, comedores infantiles. Ya no hay lugar seguro.
Los delincuentes actúan progresivamente con mayor audacia, con mayor agresividad. Algún tiempo atrás, sólo merodeaban las viviendas para ingresar en aquellas que estuvieran desocupadas. Hoy se atreven también a ingresar cuando están sus moradores.
La situación es delicada y nada indica que vaya a mejorar a corto plazo. Los ciudadanos apuntan al Estado y a la policía. La policía se declara débil en recursos humanos y equipamiento. El panorama social empeora y nadie logra enderezar un rumbo que obliga a admitir que aquel futuro tan temido es nuestro dramático presente.

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