Editorial

Memoria frágil

La importancia de prevenirnos frente a posibles sismos.
lunes, 16 de agosto de 2010 · 00:00

La población catamarqueña reside sobre una zona de riesgo sísmico, lo cual significa que movimientos telúricos de mayor o menor intensidad pueden ocurrir en cualquier momento.
En septiembre de 2004 se vivió la experiencia más traumática, con aquel terremoto de 6.5 grados en la escala Ritcher, que generó pánico y ocasionó daños en cientos de viviendas.
Aquel episodio sugirió que se marcaría un antes y un después en el comportamiento social, entre otras razones porque el carácter imprevisible de estos fenómenos naturales, indica que la prevención es el arma excluyente y fundamental -si no la única- para minimizar los efectos de un sismo.
Todas las falencias organizativas quedaron evidenciadas en el caos generado por el terremoto, y todos los catamarqueños comprendieron que debían prepararse para una eventual repetición del problema.
Pero pasaron los años, el susto original se diluyó, y las promesas de cambio se olvidaron para regresar inocentemente al punto de partida.
Los simulacros de evacuación de edificios que se realizaron se cuentan con los dedos de una mano, casi nadie modificó las entradas y salidas de los espacios donde se congrega mucha gente, y en las escuelas, ni padres ni alumnos tienen claro qué deben hacer para encontrarse si hay un movimiento sísimico fuerte.
Dios quiera que nunca se repita un hecho como aquél. Pero lo correcto sería estar preparados. Y no lo estamos, porque tenemos memoria frágil, y una vez que se superó el miedo dejamos de ocuparnos del tema.

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