Editorial

Niñez y pobreza

Cuando la carencia del afecto es la pobreza del alma.
sábado, 07 de agosto de 2010 00:00
sábado, 07 de agosto de 2010 00:00

“La mayoría de los niños del mundo son pobres, y la mayoría de los pobres del mundo son niños”, reza una frase instalada hace algunos años, que lamentablemente se ratifica una y otra vez, y está muy lejos de perder vigencia.
La pobreza y las carencias, que son injustas en cualquier etapa de la vida pero crueles en la infancia, obedecen a problemas estructurales de larga data.
Resultado de décadas de aplicación de sistemas deshumanizados, muestran un universo de excluidos que son castigados día tras día, y padecen postergaciones, humillaciones y sometimientos, porque no tienen acceso a los permisos de un mundo que todo lo mercantiliza.
Los niños no comprenden esta realidad, no podrían hacerlo, pero la viven, la palpan y perciben desde que nacen.
Existe sin embargo una pobreza más delicada, y es la de los afectos. Porque existen miles de adultos que recuerdan con felicidad infancias en las que quizás les faltaron juguetes. Sin embargo, la falta de cariño y amor familiar es imposible de sustituir.
Habrá en el futuro hombres y mujeres nobles y solidarios, dignos y valerosos, como también habrá personas nocivas y negativas para su entorno social. Hoy, todos son niños, como lo fueron antes los adultos del presente.
Quizás la manera en que los tratamos sea decisiva para determinar qué rumbo siguen como personas. Y en esa intervención, indudablemente, pesará más el amor que hayan recibido, que los regalos que se les hayan comprado. Porque también pueden ser pobres los niños que lo tienen todo.

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