EDITORIAL

Dime qué comes

martes, 25 de enero de 2011 00:00
martes, 25 de enero de 2011 00:00

La alimentación de los niños se transformó hace mucho tiempo en un problema serio, no sólo por los casos de desnutrición que surgen de la pobreza extrema, sino también por la mala elección de alimentos en las familias que no tienen grandes urgencias económicas.
La Organización Mundial de la Salud anunció que los líderes mundiales debatirán cómo implementar una campaña para prevenir la comercialización de comida chatarra a los niños.
Esa entidad de las Naciones Unidas precisó que es necesario discutir la limitación en el número y tipo de avisos a los que están expuestos los niños del planeta, como primer paso para modificar una conducta generalizada y nociva.
La OMS dijo que 43 millones de chicos preescolares en el mundo están excedidos de peso o padecen obesidad. Los expertos hablan de un “maremoto de grasa” que está causando millones de muertes prematuras cada año.
En Catamarca, se implementó hace un tiempo un programa que proponía cambiar las habituales golosinas que se consumen en los recreos escolares por frutas, una medida que poco y nada modificó la conducta de los niños.
En este caso, nada puede reprocharse a las autoridades, porque los principales responsables son los propios padres, que no alcanzan a comprender cabalmente el daño que el excesivo consumo de golosinas y comida chatarra causa en el organismo de sus propios hijos.
 

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