Apuntes del secretario

miércoles, 27 de noviembre de 2013 00:00
miércoles, 27 de noviembre de 2013 00:00

Más que provechosa resultó la incursión de la gobernadora por Buenos Aires. Comprometió el apoyo del gobierno central para diversas obras que, en los próximos tiempos, se ejecutarán en Catamarca. Aparte de las complementarias, que tienen que ver con los diques El Bolsón y El Shincal, se aseguró la construcción de una nueva terminal de colectivos y la extensión de la red troncal del gasoducto nacional, esto aparte de mantener los planes de viviendas y todos los programas que implementa la Nación en las provincias. La firma de los convenios representa algo palpable y, a pesar de algunas voces de descreimiento que se escucharon en los últimos tiempos, se trata de iniciativas que cuentan con presupuestos y, especialmente, con la voluntad política de llevarlas a cabo, que es lo que más vale. En este sentido, no queremos ni pensar lo que habría sido Catamarca con un gobierno hoy enfrentado con la Casa Rosada, como ocurriera durante los dos últimos años del mandato de Brizuela del Moral, cuando todo se vino abajo.

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Los pronósticos de una elección reñida y con final abierto en el Colegio de Abogados, al conocerse el escrutinio, quedaron hecho añicos. Miguel Ángel Dabhar, exfiscal y exfuncionario del último gobierno peronista, se impuso con facilidad al ultraradical Guillermo Altamirano, y reemplazará en iguales funciones a Rolando Crook que, por su parte, jurará en los próximos días como diputado provincial del Frente para la Victoria. La diferencia cercana a los 160, sobre casi 500 votantes, exime de mayores comentarios en cuanto a la legitimidad de la elección y echa por tierra las acusaciones que refieren la influencia del gobierno. Con estos números no hay discusión posible y, por el contrario, hablan a las claras de la aceptación que, entre sus colegas, goza Dabhar en estos momentos. Quienes levantaron el dedo acusador, por último, deberían recordar, aunque sea por un momento, cómo fueron las elecciones del Colegio en tiempos del Frente Cívico. ¡Ni siquiera había que contar los votos!

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Aunque se haya intentado disimular los errores manifiestos del último ministro de Servicios Públicos Luis Romero, la realidad salta como un resorte. Las cuatro obras fundamentales que debían haberse hecho antes de que comenzaran los calores, de las cuales estaba totalmente notificado por las más altas autoridades de la provincia, no hizo ninguna y, por si fuera poco, llevó adelante emprendimientos que no imponían las urgencias que, por ejemplo, tiene en este tiempo el Valle Central. Aparte de sus destempladas declaraciones a la prensa, aceptando que la inversión millonaria que viene realizando el Estado “es nada” en comparación con las necesidades que requieren los servicios, pudo saberse que su intransigencia obligó a varios organismos públicos -secretaría de la Vivienda y Ambiente serían algunos de ellos- a realizar aportes de dinero para conjurar problemas puntuales. En este orden, se dijo que la empresa de energía habría recibido una suma cercana a los 25 millones de pesos para esos menesteres.

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Lo más lamentable de la gestión Romero es que había llegado al cargo para enmendar problemas dejados por su antecesor Julio Molina, en lo que respecta a su relación con la empresa que distribuye la energía y que debe recibir las obras del ministerio. Al parecer se encaprichó y terminó convenciéndose de que era él, y nadie más que él, quien debía determinar el programa a llevar a cabo en la obsoleta infraestructura de los servicios públicos, el terrorífico legado que le regaló al conjunto de los catamarqueños la familia Taselli. De esta manera, terminó favoreciendo a empresas, como la que hizo el tendido de la Cuesta de El Portezuelo, que no tenían antecedentes ni condiciones técnicas para llevar adelante este tipo de emprendimientos. Volvemos, de esta manera, a lo mismo de siempre: negociar obras con los amigos, recomendados por cuestiones políticas, familiares, novias o esposas es el peor camino dentro de la administración pública. A la larga o a la corta salta el culebrón.

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No conformes con la jugada que, a días de dejar el cargo, realizó en el año 2011 el exgobernador Brizuela del Moral al pasar más de 5.000 empleados a planta permanente, los senadores radicales aprobaron una reforma para calcular los salarios que se pagan a los docentes, la mayor masa de recursos humanos que tiene el Estado. Desde el ministerio de Educación no solamente señalaron que no recibieron ni la más mínima consulta, sino que concluyeron que la aplicación del proyecto es de cumplimiento imposible. Sobre el particular, el ministro José Ariza fue concluyente: “Cuando una norma es inaplicable, pierde el sentido, por lo cual vamos a seguir trabajando como lo estamos haciendo en materia de recomposición salarial”. Más allá de lo que diga el titular de la cartera, se trata de una irresponsabilidad manifiesta de una oposición empeñada en colocar obstáculos. Es que asuntos tan delicados como el de las finanzas -cualquiera sea el gobierno- deben consultarse, y quienes se están yendo de sus cargos no lo hicieron. Es decir, graciosamente, dejan otra brasa humeante a las autoridades. ¡Cuidado con estas conductas!: suelen traer represalias no deseadas.

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Sobre las decisiones de irresponsabilidad que, antes de dejar el poder, practican los radicales, existen antecedentes muy poco edificantes. En 1983, también a días de entregar el mando, Arnoldo Castillo realizó una cantidad de nombramientos que, en términos proporcionales, fue parecida a la de Brizuela del Moral en 2011. Aquella vez, sin embargo, hubo un acuerdo con Vicente Saadi que incluía un manto de impunidad para quienes habían cometido deslices administrativos en el último gobierno de facto. Años después, en 2003, también a escasos días de traspasarle la banda a su correligionario Brizuela del Moral, el exgobernador y actual senador nacional Oscar Aníbal Castillo -entre gallos y medianoche- le prorrogó por diez años más el contrato al Casino Provincial y modificó los tributos a favor de la empresa foránea. Fue otro escándalo sobre el que, oportunamente, volveremos a abordar, porque sus consecuencias repercuten hasta nuestros días. El Casino es, por aquella medida, un garito donde virtualmente se estafa a la gente y que, ni siquiera como expediente económico, le sirve a la provincia. ¿Quedó claro?

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RECUERDOS HACIA EL PRESENTE. Como lo hacemos habitualmente, cerramos los “Apuntes” con el repaso de hechos del pasado.
El 23 de noviembre de 1988, en el Congreso de la Nación, asumió como senadora por Catamarca Alicia Saadi de Dentone. Esta banca tendría una larga y casi inigualable historia. Como en ese entonces el mandato duraba 9 años (no 6, como ahora), la ocuparon varias personas. Primero, en 1985, fue elegido como tal y hasta el año 1994 Vicente Saadi, quien renunció en 1987 para ser gobernador de Catamarca. Por ese motivo lo reemplazó su hijo Ramón, pero como éste, por la muerte de Vicente, debió reasumir en 1988 como gobernador, la que juró en su reemplazo fue Alicia. El vencimiento, lo repetimos, era el 10 de diciembre de 1994. Casi dos años antes, la única hija mujer de don Vicente pretendió hacerse reelegir hasta 2003, situación de la cual nació, por ejemplo, la famosa asamblea trucha de la Caja de Ahorros. El lío fue tan grande que Alicia resultó expulsada de la Cámara de Senadores y, con el apoyo del castillismo, el que terminó el mandato fue Mario Nallib Fadel. En síntesis, la banca de senador nacional por Catamarca correspondiente al período 1985-1994 tuvo cuatro ocupantes: Vicente Saadi-Ramón Saadi-Alicia Saadi de Dentone-Mario Fadel.
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A propósito de la asunción de Alicia Saadi en noviembre de 1988. El comité provincial de la UCR de Catamarca impugnó su diploma argumentando que no cumplía con los requisitos de residencia que impone el artículo 47 de la Constitución Nacional. Aparte, en la nota que presentó ante las autoridades del Senado, hizo referencia a la vida opulenta que llevaba la candidata y que el cargo de senador por Catamarca se había convertido en una cuestión hereditaria. Algo de cierto había, pero el tema es que Alicia, sin problemas, pudo jurar.

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