Columna Política

sábado, 7 de diciembre de 2013 00:00
sábado, 7 de diciembre de 2013 00:00

La temeraria e intempestiva actitud que tomaron los efectivos de la Policía de Catamarca mantuvo en vilo a la ciudadanía durante toda la jornada de ayer. La protesta intentó ser una réplica de lo que ocurrió en la provincia de Córdoba días atrás, aunque con la diferencia de que en nuestra provincia, el diálogo recién comenzó a plantearse después de la manifestación, que tuvo ribetes de extorsión y una más que sospechosa tesitura por parte de los protestantes de negarse, sistemáticamente, a acercar posiciones.

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A nadie escapa que los policías, como todos los agentes estatales, deben tener ingresos dignos; nadie en su sano juicio puede discutirlo. Pero lo de ayer fue la utilización de una situación coyuntural para corroer al gobierno y sembrar miedo e incertidumbre entre la población. De lo contrario, cómo se explica que cuando no se habían registrado incidentes en comercios locales, a través de las redes sociales comenzaron a distribuirse fotografías que incitaban a sumarse a “saqueos” y que nada tenían que ver con Catamarca. La respuesta es inequívoca: se quiso sembrar la semilla para provocar caos. Y aunque no lo lograron plenamente, hubo durante la jornada algunos incidentes por parte de pequeños grupos que atacaron locales comerciales, aunque no fue generalizado.

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Tampoco se encuentra sentido a la negativa de aceptar las ofertas del gobierno que representan incrementos de hasta el 100 por ciento para las categorías más bajas, lo cual es desproporcionado a todas luces con cualquier negociación salarial, más allá del atraso que puedan presentar los haberes. Es que, reiteramos, el justo reclamo por mejoras salariales fue el caldo de cultivo para reactivar viejas y oscuras prácticas entre los uniformados; y fogoneadas por algunos actores conocidos del reparto policial que ya tuvieron protagonismo en otras etapas nefastas de la provincia. Sobre ellos, nos explayaremos oportunamente.

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