Desde la bancada periodística

Ahora sí, rinoscopía para todos

lunes, 9 de diciembre de 2013 00:00
lunes, 9 de diciembre de 2013 00:00

¡Por fin! Hoy podemos decir que llegó el momento de la sensatez. Todas las señales, al menos en el tiempo post-electoral, apuntan al objetivo común que nos relaciona con el más temible enemigo de la sociedad: el narcotráfico. Con sus múltiples tentáculos, la maquinaria del mal pretende hacer de la Argentina lo que hizo en varios rincones del mundo como Colombia, Guatemala, El Salvador, México o pedazos importantes de los Estados Unidos.
El miércoles por la tarde, la presidente de la Nación, posiblemente atendiendo las voces de alerta que llegaron desde la Suprema Corte de Justicia o de la cúpula de la Iglesia, puso en funciones al nuevo titular de la secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la lucha contra el Narcotráfico (SEDRONAR), el sacerdote santacruceño Juan Carlos Molina quien, según sus propias palabras, se ocupará de “atender a los pibes que sufren las trágicas consecuencias de la adicción”, en tanto la también flamante ministra de Seguridad María Cecilia Rodríguez será la encargada de desbaratar el avance casi incontenible del narcotráfico.
Al mismo tiempo, en Catamarca se reunía el Consejo de Lucha contra la Droga y el Narcotráfico, que integran funcionarios provinciales y de la municipalidad de la Capital, jefes policiales locales y federales y expertos en la materia.
A los dos hechos hay que concatenarlos con otros que han venido sucediendo en los últimos tiempos y que, invariablemente, encierran cuadros de preocupación por una realidad que puede terminar condicionando la vida de los argentinos.

Nunca es tarde

Si bien es cierto que se perdieron años en discusiones banales y no exentas de lamentables condimentos políticos, mientras los narcos ingresaban al país como “Pancho a su casa”, no es menos cierto que la clase dirigencial se ha dado cuenta de que el flagelo va a afectar a todos por igual. A los adictos y a los que no lo son. A los pobres y los ricos. A los privilegiados y los marginados. Es que los mercaderes de la muerte no seleccionan a sus víctimas. Son todos potenciales hijos de un negocio que no trepida en medios con tal de conseguir sus deleznables propósitos, básicamente económicos.
¿La conjunción de esfuerzos surge porque ha terminado el período electoral o porque hay conciencia de que ya no hay margen para rastreras especulaciones? Un poco de cada cosa.
El llamado de la Iglesia fue, sin dudas, la alerta máxima. Casualmente, surgió después que los ciudadanos votaran el 27 de octubre y los políticos terminaran con una campaña proselitista basada, primordialmente, en la inseguridad.
Los Massa, los De Narváez, los Stolbizer, ni qué hablar de los Carrió, los De la Sota o los Binner hicieron de los problemas de seguridad, que existen y no pueden disimularse más, su plataforma para capturar votos. En la provincia ocurrió otro tanto. Los Brizuela del Moral, los Castillo y los Colombo golpearon sobre la herida abierta con la intención clara de trasmitirles a los ciudadanos que ellos, por su cuenta, pueden hacer lo que para quienes gobiernan es misión imposible. Eso sí, nunca aclararon por qué no ofrecieron seguridad cuando les tocó gobernar.
Sin embargo, condenar todo lo que ha pasado frente a la decisión de aunar criterios y transformar la lucha contra el narcotráfico en política de Estado carece de sentido. Esa es la sensación que impera una vez terminada la lid política. Y si esa sensación se corporiza en hechos concretos, como está ocurriendo, hay que celebrar y pensar que, aún en lontananza, habrá un futuro mejor.

Rinoscopía para todos

Los hechos de Córdoba y Santa Fe fueron otros de los disparadores de este presente de lucha contra el narcotráfico. En ambas policías se detectaron severas irregularidades y la participación de jerarcas de la institución comprometidos con la comercialización y distribución.
El gobernador José Manuel De la Sota, que el pasado martes habría recibido “un vuelto” de los narcotraficantes con el saqueo a más de mil comercios de Córdoba-Capital, el año pasado resolvió -por ley- cerrar los prostíbulos de la provincia mediterránea. Fue una declaración de guerra contra la trata de personas y, por ende, contra el narcotráfico, que se filtra perfectamente en el submundo de la prostitución. Al mismo tiempo debió descabezar a la cúpula policial y poner entre rejas a varios de sus miembros.
En Córdoba no hubo suposiciones. Quedó comprobado un vínculo estrecho entre quienes tienen la obligación de cuidar a los ciudadanos y los comerciantes de la droga.
En Santa Fe las cosas son más complicadas aún. La industrial ciudad de Rosario es considerada el centro neurálgico del narcotráfico. Allí también el control del Estado recibió represalias violentas. Desconocidos tirotearon la casa del gobernador Antonio Bonfatti y bien que pudieron matar al mandatario.
Tanto en uno como en otro territorio, en su debido momento, se produjeron enfrentamientos políticos. Desde los gobiernos provinciales se levantó el dedo acusador contra la Casa Rosada por considerar que la lucha contra la droga es un tema estrictamente federal. El contragolpe no tardó en llegar y, obviamente, tuvo que ver con la corrupción policial.
De Córdoba y Santa Fe nos trasladamos a Chubut, la provincia que gobierna Martín Buzzi y que está alineada con el kirchnerismo. Con lógica y sensatez, el mandatario patagónico pidió que se apruebe una ley por la cual todos los funcionarios del Estado -nación, provincia y municipios- deban someterse a una rinoscopía para saber si consumen drogas.
La iniciativa de Buzzi debería ser considerada seriamente. Si a un ciudadano común se le exigen diversos requisitos -estudios, aptitud física, buena conducta, etc.- para poder ingresar a cualquier trabajo, por qué no habría que pedirles a los funcionarios una rinoscopía cuando existen severas sospechas que desde los niveles intermedios del mismo Estado se facilita el consumo de estupefacientes.
¿O acaso no se habla desde hace décadas de la conducta de las policías de provincia, en forma especial de la mítica bonaerense, la que estuvo en todas las agendas cuando se produjo la muerte de José Luis Cabezas? ¿O los mismos políticos, en sus cotidianos enfrentamientos, no se cruzan acusaciones que tienen que ver con la droga?
Si Buzzi hizo la punta desde el sur de la Argentina, lo repetimos, debería ser imitado en esta cruzada contra el tráfico y consumo. Quien esté libre de tentaciones, seguramente aceptará la rinoscopía y quien tenga problema podrá negarse y renunciar a la función. De esta forma, los que permanezcan quedarán libres de cualquier sospecha.

Las acciones catamarqueñas

A tono con lo que ocurre en el resto del país, en Catamarca también se está trabajando en el tema. Fue necesario que terminaran las elecciones para que se acallaran denuncias que nunca fueron probadas y, desde diversos estamentos del Estado, se tomaran medidas a favor de establecer diagnósticos y fijar líneas de acción.
Desde el municipio se realizaron aportes importantes con la formación de un centro de monitoreo. El vicegobernador Mera tuvo la feliz iniciativa de conformar un Foro de Seguridad que, a su vez, se sumó al Consejo de Lucha contra la Droga y el Narcotráfico que nació de las entrañas gubernamentales.
A su vez, al “estilo Buzzi”, también en este Valle se dejaron de lado algunos eufemismos de circunstancia. Por ejemplo, el jefe de la Policía local Julio César Gutiérrez aceptó que en el 80% de los delitos interviene la droga y que no debería despreciarse la posibilidad de se practique una rinoscopía del primero (comenzando por él) al último de los integrantes de la fuerza.
Más allá de que el debate está abierto, llegando a las navidades, hay que valorar varias cosas. La primera es que se ha aceptado que el problema es real y nadie está exento de sufrir, directa o indirectamente, sus ruinosos efectos. Segundo: la dirigencia ha comprendido que pretender hacer política con la droga es, más o menos, como tomar con las manos una bola de fuego. Y tercero que, tanto a nivel nacional como en la provincia, se han echado las bases para darle batalla al narcotráfico. ¡Enhorabuena!

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