Editorial

Ingrata tarea

viernes, 01 de febrero de 2013 00:00
viernes, 01 de febrero de 2013 00:00

En la noche del lunes pasado María Eugenia Rojas, una psicóloga de 31 años, fue asesinada. El crimen produjo una gran conmoción por sus características y porque la víctima era una persona muy querida entre sus amigos, colegas y conocidos en general.
El homicida habría querido tapar su crimen provocando un incendio lo que alertó a los vecinos e hizo llegar de prisa a los bomberos. Las pericias y la autopsia sobre el cuerpo de la joven, permitieron comprobar que le habían quitado la vida con dos arteras puñaladas y que el móvil no había sido el robo pues en su departamento no habían tocado dinero ni otros objetos de valor que allí había.
La investigación llevó la mirada al círculo más íntimo de María Eugenia y ayer todo señalaba a Mauro Alejandro Orce como el principal sospechoso, quien permanece arrestado. Fue su pareja y habría estado con ella a la hora en que se produjo su muerte, de acuerdo con las pericias.
Hasta aquí el relato de un muy doloroso hecho reconstruido por la investigación policial y judicial.
Alrededor del crimen se plantearon debates –en nuestra web y en redes sociales- acerca de lo que se debe y no se debe informar en estos casos, como también sobre el modo de hacerlo. Se habló de hipocresías, porque hay quienes se muestran ofendidos por la publicación de aspectos de la vida privada de la víctima, pero sin embargo siguen con fruición este tipo de informaciones. Se planteó el modo en que se llevó adelante la instrucción judicial y la filtración de datos a medios de prensa.
No es posible que miradas muy encontradas lleguen a ponerse de acuerdo, pero la lectura de las distintas opiniones nos permite revisar nuestro propio trabajo, para replantearnos cómo debemos realizarlo.
Lo que debemos asegurar a nuestros lectores, es que tenemos que informar aunque los hechos sean dolorosos y que siempre lo hacemos con todo respeto.

Comentarios

Otras Noticias