DESDE LA BANCADA PERIODÍSTICA

De “ventanillas” y “cartas marcadas”

sábado, 23 de febrero de 2013 00:00
sábado, 23 de febrero de 2013 00:00

Mucho se ha hablado esta semana del desembarco de José Luis Barrionuevo en la provincia. De su firme decisión de pelear-seguramente desde las veredas no transitadas por el Frente para la Victoria- por la banca de diputado nacional y la consecuencia directa de tal movimiento: quienes alientan su candidatura, con el dirigente gastronómico a la cabeza, suponen que se abrirá una ventanilla para que los peronistas descontentos con la gestión de Lucía Corpacci, que los debe haber, coloquen su voto y no terminen regalándolo al Frente Cívico que, a esta altura del campeonato, es radicalismo puro. Ergo: imaginan una interna peronista en la elección general del domingo 27 de octubre cuando, simultáneamente, se votarán candidatos provinciales y nacionales.
Los antecedentes electorales de los últimos diez años, sin embargo, marcan dos situaciones políticamente indiscutibles dentro del actual oficialismo.
1.- EL KIRCHNERISMO ES ELECTORALMENTE MÁS QUE EL PERONISMO Y, MIENTRAS MANDE CRISTINA FERNÁNDEZ DE KIRCHNER, LO SEGUIRÁ SIENDO. LOS NÚMEROS AVALAN LO QUE ESTAMOS AFIRMANDO.
No solo influyó (el kirchnerismo) en 2003 para que Liliana Barrionuevo (o sea Luis Barrionuevo) no le despojara la gobernación a Brizuela del Moral, sino que en 2005 le quitó su condición de imbatido al otrora poderoso Frente Cívico en una elección de cargos nacionales que ganó el Frente para la Victoria (con la candidatura de Eduardo Pastoriza) dejando al peronismo catamarqueño en tercer lugar.
La fuerza del kirchnerismo convenció a los radicales (o a Brizuela del Moral, por lo menos) de que para mantener la gobernación, en 2007, debían aliarse con la Casa Rosada. Ésta, a sabiendas que Barrionuevo gobernaba el PJ, aceptó el convite y el PJ directamente fue humillado: quedó a casi 36.000 sufragios de diferencia.
En 2009, el kirchnerismo -enfrentado con los radicales por el conflicto del campo- cambió de aliado. O pretendió hacerlo con el desvencijado PJ. Le fue peor que nunca en una elección de legisladores y concejales provinciales. Sin embargo, dos años después mejoró aquella alianza (cuando quedaron de lado Barrionuevo y Saadi) y pudo despojarle nada menos que el gobierno a los radicales, los que engolosinados con el efímero triunfo de 2009, volvieron a sentir en carnes propias la influencia casi decisiva de la presidenta de la Nación, cuyo paso por Catamarca cambió los ánimos de la gente.
2.- PARA GANAR, AL MENOS EN 2011, EL FRENTE PARA LA VICTORIA NECESITÓ DEL PERONISMO COMO EL SEDIENTO CLAMA POR AGUA EN MEDIO DEL DESIERTO.

La “ventanilla de la ilusión”

El Frente para la Victoria y el Partido Justicialista hoy tienen una única e indiscutida conductora: la gobernadora Lucía Corpacci. Por lo tanto, es casi imposible aventurar una ruptura cuando tres cuartas partes -y más también- del peronismo están dentro del gobierno que le toca conducir.
Las voces de “peronizar” -lanzadas en paralelo o en forma continua por Saadi y Barrionuevo- fueron música aterciopelada en los oídos de quienes pueden estar cabreros con la gestión corpaccista.
Aquí viene la gran pregunta: ¿son tantos los malhumorados con el gobierno como para hacer ilusionar a los viejos caudillos? Esto, oportunamente, lo dirán las urnas, pero está claro que el escenario 2013 ha cambiado de raíz. Es que el peronismo orgánico -con o sin internas, lo cual debe ser resuelto por un Congreso- no va a salir del Frente para la Victoria. ¡Al menos mientras sea gobierno!
Hay indicios firmes de que las cosas serán así. Cada vez que Ramón y Luis llegaron a Catamarca, en 2012, sintieron el frío -aún en plena primavera-verano- de la soledad. Hablaron y hablaron, es cierto, pero la política no termina en las declamaciones y bravuconadas.
De esta manera, y no de otra, hay que proyectar las posibilidades reales de Luis Barrionuevo y Saadi. O de los dos juntos. Ninguno dispondrá del sello del PJ. Tendrán que ir por afuera y si en 2005 lograron un decoroso tercer puesto, ocho años después tendrán que redoblar los esfuerzos -y poner una montaña de dinero- para acoger chances de atrapar una banca que, por si fuera poco, no será para los dos, sino para uno solo.
Conclusión: la ventanilla para recibir votos peronistas estará presente. La gran duda es saber si no se trata de una ventanilla de ilusión, como ha ocurrido tantas veces en una provincia donde se vota a los oficialismos y se destruye los voluntarismos.

¿….y las ventanillas radicales?

A partir del análisis de la interna peronista, y a ocho meses de las elecciones, existen dos posibilidades. O que el FPV-PJ se lleve dos bancas y Barrionuevo quede haciendo señas como en 2011, o que se repartan una y una.
Esta última, sería derrota lastimosa del gobierno y victoria extraordinaria -aun saliendo tercero- de este incansable peleador que es Barrionuevo.
¿Por qué hacemos las cuentas del 2-0 o el 1-1 ? Muy sencillo: la tercera banca que se pone en juego (recordemos que completan el mandato Pedro Molas, Mariana Veaute y Rubén Yasbek) será para los radicales, los que también están afectados por el fantasma de la división, un fenómeno que prácticamente desconocen después de haber marcado los ritmos electorales por más de veinte años.
Hasta los propios castillistas aseguran que la carta de triunfo se llama Brizuela del Moral, quien sería el candidato a diputado nacional en primer término. Juran y recontra juran en los territorios radicales que mantiene la imagen y la intención de votos del período en el que gobernaba Catamarca. Puede ser, pero en ningún momento han mostrado una encuesta que avale la contundencia de los dichos. De todas formas, y aunque su performance legislativa (fue senador nacional de 2001 hasta 2003) haya sido demasiado magra, tiene base electoral. La misma que tenía Saadi a los dos años de haber perdido el poder. De hecho, “el morocho” fue diputado nacional y senador nacional con los votos que arrastraba de los tiempos de esplendor.
La banca del exgobernador, de confirmarse su candidatura, tiene un gran dilema, que hasta aquí ha sido convenientemente disimulado. El radicalismo se ve fraccionado, por lo menos, en tres pedazos.
Por un lado está el castillismo, que cedería la diputación nacional pero reclamaría para sí una mayor cantidad de cargos provinciales, lo cual ya es coseguro de broncas, diferencias y heridas que provoca la política.
Por el otro está el brizuelismo, que acepta el arreglo de cúpulas con varias condiciones previas.
Si bien los jefes de estos dos sectores arreglaron “un matrimonio por conveniencia”, nadie asegura que abajo haya alineamiento. Y ahí surge la fuerza del tercer sector, donde conviven los “Chichí” Sosa, los Alfredo Gómez, los Álvarez Morales, los Gigantino y algunos comandos no radicales que sabían integrar el ex Frente Cívico y Social.
Con este panorama (en el que no incluimos los pleitos departamentales, que tienen lo suyo), estamos en condiciones de asegurar que también los radicales tendrán una ventanilla no oficial y, como ocurre con el oficialismo, habrá interna en el propio comicio general.
Y hasta existe la posibilidad de una tercera ventanilla, la que podría abrirse junto a sectores de la vieja alianza “frentista”.

Reglas de juego al descubierto

Aunque no se lo diga oficialmente, dentro de la UCR “las cartas están echadas”. El oficialismo partidario (Castillo-Brizuela del Moral o viceversa) ha desechado la posibilidad de realizar internas para los cargos electivos. Los candidatos serán nominados por los exgobernadores en un encuentro nada democrático: en una pieza de cuatro paredes, entre ellos y solamente entre ellos.
Las promesas de elegir candidatos por el voto de los afiliados se han diluido totalmente. Quintar versea, Marita Colombo versea, Pernasetti versea y todos los que concurren a los cónclaves comiteriles versean.
Aquí se cumplirá a rajatabla lo que dijo el diputado Giné, adláter de Oscar Castillo: “Al que no le guste, que se busque otro espacio”.
El caso es que la estrategia castillista-brizuelista no sorprenderá dentro de la UCR. Las otras líneas ya saben que no les tocará nada en el reparto y que tampoco habrá Frente Cívico como en otras épocas. Se intentará, con lo que alcance, presentar una fachada frentista, pero la realidad señalará que vuelve a las elecciones, como el 14 de mayo de 1989, el radicalismo en su más pura esencia.
A partir de allí, el panorama de triunfalismo que rodea al proyecto de candidatear a Brizuela del Moral cobra algún relativismo y la interna que niega la conducción puede llegar a ser infernal en una contienda general.
Todas estas especulaciones son conocidas por tirios y troyanos. En los próximos días podrían surgir las primeras definiciones, algunas de las cuales pueden llegar desde la llamada Corriente Progresista Radical (CPR) que hoy, a las 18 horas, reúne en tierra capitalina a la conducción provincial. Comandada por un dirigente -José “Chichí” Sosa- que ha crecido, especialmente en el oeste de la provincia, podría dar el puntapié inicial en orden a una virtual escisión -ahora mismo, en 2013- con vistas a las elección de gobernador de 2015.
Final de este panorama sabatino. Faltan ocho meses para las elecciones, pero la ebullición política ya recalienta las pasiones. En el oficialismo y la oposición habrá ventanillas y ventanillas. Es que la apuesta, tal cual lo explicamos, se lleva a cabo con “las cartas marcadas”.

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