DESDE LA BANCADA PERIODISTICA

Más allá de San Martín-Atlético Tucumán

viernes, 08 de febrero de 2013 00:00
viernes, 08 de febrero de 2013 00:00

La AFA, a través de la empresa Santa Mónica -organizadora de la Copa Argentina-, ha programado la contienda San Martín-Atlético Tucumán para el domingo 3 de marzo en el estadio Bicentenario.
Lo que debería ser motivo de alegría, vivir nada menos que un clásico con historia casi centenaria, se ha convertido en motivo de preocupación para las autoridades políticas de ambas provincias -Catamarca y Tucumán- por la seguridad de bienes y personas.
La fecha está puesta. Surgió por los designios de un fixture donde, se supone, no se conocen de antemano cómo serán los resultados y cómo se producirán los cruces en las distintas etapas de este peculiar campeonato que, desde el año anterior, organiza la AFA y del que participan hasta equipos del Argentino “B”, la cuarta categoría del balompié nacional. De hecho, los catamarqueños Unión Aconquija, San Lorenzo y Policial quedaron eliminados en las rondas iniciales y nuestro último representante, Sportivo Villa Cubas, terminó abdicando en la provincia de Salta en la ronda subsiguiente.
¿Por qué tratamos este tema, esencialmente deportivo, en esta columna política de los días sábado, se preguntará el lector común? Por una razón muy sencilla: porque vuelve a ponerse sobre el tapete el verdadero sentido de la construcción de un estadio que, por motivos que ya abordamos y seguiremos abordando, se convirtió en materia de discusión e influencia política (¿quién puede discutir que cuando viene un Boca o un River, o sea una vez al año, crece la figura del exgobernador Brizuela de Moral?).

Incongruencias de ayer y hoy
Que el estadio es lindo, cómodo, agradable y cuanto calificativo quiera añadirse está fuera de toda discusión. Que uno cuando concurre a él, inconscientemente, lo compara con el humilde y nostálgico “Malvinas Argentinas” de la Liga Catamarqueña o, en sentido contrario, con otros colosos de la República Argentina también, pero lo que nadie explica bien -antes y ahora- es cuál fue el sentido práctico de este emprendimiento que costó millones y millones de pesos al conjunto de los catamarqueños, un cincuenta por ciento de los cuales vive en la pobreza o la indigencia. Ciertamente fue un proyecto fuera de escala.
¿Lo construyeron para incentivar la actividad futbolística? Si es por eso, los resultados son totalmente negativos. La incentivación no es tal, los clubes no mejoraron y las divisiones inferiores están desatendidas como siempre.
¿Lo construyeron para que los equipos de Catamarca disputen un certamen de la cuarta categoría de la AFA y, cuando andan bien, apenas puedan completar un tercio de las instalaciones?
¿O lo construyeron para que vengan los equipos de afuera de la provincia a los cuales lo podemos ver con sus plantillas titulares todas las semanas por las televisiones y no con sus suplentes cuando les toca pisar el césped del Bicentenario?
¿O lo construyeron como forma de dar un golpe político sin saber para qué podía servir un estadio de esta magnitud en tierra con escasa tradición futbolística? Nos parece que por aquí podemos develar la génesis del proyecto.

Peligro a la vista
A todas las dudas y problemas complementarios que genera el estadio, entre los que hay que contar elevadísimos costos de mantenimiento, se sumó ahora el peligro en ciernes de que un partido de fútbol pueda terminar en un escándalo de proporciones incalculables.
Es muy coherente la advertencia que ha hecho llegar desde Tucumán el presidente de Atlético, Mario Leito, quien entiende que el clásico de la vecina provincia es de alto riesgo. Ni siquiera hacía falta que lo dijera. Quien conozca mínimamente de fútbol debe saber que este duelo es más peligroso que el mismísimo Boca-River o clásicos como Racing-Independiente y Talleres-Belgrano.
Quizá podría comparárselo con Estudiantes-Gimnasia o Rosario Central-Newell’s Old Boys, para los cuales se requiere como mínimo la participación de más de 1.200 policías y aprestos previos que mueven la inteligencia preventiva completa.
“Nosotros estamos muy preocupados por este partido. Tenemos la confirmación extraoficial de que sería el 3 de marzo en Catamarca y estamos intentando hacerle entender a la gente que está en la organización que éste es un juego de alto riesgo. No tenemos muchas vías de comunicación con Catamarca para el traslado de la gente. Imagínense transitando como mínimo a diez mil personas cruzando la Cuesta, con la rivalidad que tenemos con la gente de San Martín. Esto nos preocupa mucho”.
Compartimos totalmente las preocupaciones de Leito y vamos a agregar las nuestras. Aparte de los efectivos policiales que habrá que destinar al estadio Bicentenario ese 3 de marzo -lo repetimos, deberían ser más de 1.000-, hay que añadir otros tantos para permitir las llegadas sin incidentes de las barras, en las cuales se incluyen muchísimos ciudadanos que llegan alcoholizados o drogados, como pudo comprobarse en la última venida de Atlético para jugar con Racing.
¿Alguien observó cómo quedó el estadio y sus alrededores después de la visita de unos 10.000 fanáticos tucumanos? Si lo hizo, vaya pensando lo que será ahora cuando entre ambas barras completen la capacidad total del estadio, sin permitir ni una escasa concurrencia de catamarqueños, los que no irán porque no habrá lugares o porque temerán al “quilombo descomunal” que preanuncia hasta un amistoso entre estos rivales del fútbol.
Un solo dato para tener en cuenta: cuando estos equipos juegan de visitante, en cualquier parte del país, por grande que sea la distancia, arrastran entre 5 y 10 mil hinchas. A Catamarca, que queda a un paso de Tucumán, ¿cuántos vendrán?

Ni por cerca, agoreros
El mensaje del presidente “decano” a las autoridades de Catamarca -dado a conocer por El Esquiú.com- fue claro, preciso y contundente: “Ese día va a ser invadida Catamarca por gente de Tucumán”, a lo que hizo otro aporte: “Nosotros ya tuvimos problemas cuando fuimos, entre la barra nuestra y la de Policial de Catamarca. Y eran 400 ó 500 personas. Sé que les gustaría tener un clásico tan importante como es el nuestro, y sentimos que les estamos llevando un problema a ustedes, los catamarqueños”.
Ninguna duda don Mario Leito. En lugar de una satisfacción, este clásico tucumano es un problema. Que el estadio termine destruido y que aumente los gastos del gobierno es apenas una parte. El ingreso de las barras por el Totoral puede ser tumultuoso, pero el regreso, en plena madrugada, puede tener características trágicas.
Y si no ocurre absolutamente nada, si el partido es normal y todo termina como una fiesta del fútbol, nadie podrá señalarnos como agoreros. Habrá sido la excepción a la regla general.
Alguien podrá preguntarse: ¿por qué los temores del partido en Catamarca no son tenidos en cuenta en el supuesto de que la eliminatoria se dispute en el “Jardín de la República”? Vamos por parte: 1) Sí son tenidos en cuenta y se emplean las máximas medidas de seguridad. 2) Porque está controlado el contacto entre ambas parcialidades por una policía que tiene experiencia con los clásicos y, aun así, puede haber fricciones. 3) Al jugarse en Tucumán desaparecen los encontronazos, previsibles, que pueden producirse en la ruta. Lo repetimos: los hinchas de uno y otro transitarán juntos, ida y vuelta, por espacio de 250 kilómetros.

¿Y los catamarqueños qué?
En un párrafo anterior, señalamos que la presencia de catamarqueños será mínima en el derby tucumano si la AFA confirma a Catamarca como sede. Entonces llegamos a una pregunta impensada: ¿acaso construimos el Bicentenario para que lo utilicen otros y, por si fuera poco (en este caso los que organizan la Copa Argentina), con el peligro de que lo terminen dañando?
Por supuesto que se trata de una exageración, pero la dicotomía existe: cuando juegan los equipos catamarqueños el estadio es un gigante imposible de completar y cuando los duelos son extracatamarqueños hay que pagar costos adicionales, como el de los peligros de un clásico o la presencia de equipos -Arsenal, Rafaela- que no representan atracción alguna y que los podemos ver cuantas veces queramos por el “Fútbol para todos” que se transmite gratuitamente por las pantallas de la televisión pública.
No hay caso. El estadio puede llegar a ser, en franca exageración, hasta una belleza arquitectónica, pero definitivamente no fue una buena inversión, sin contar aquí las filtraciones de dinero que pudieron existir y que fueron bien disimuladas a través de los mayores costos y otras fórmulas que se aplican para sacar ventajas dinerarias.
Los grandes escenarios que se hicieron para el mundial de fútbol 78, cuando han pasado nada menos que 35 años, hoy son monstruos dormidos que generan costos de importancia. Sea el “Minella” de Mar del Plata, una ciudad que recibe millones de turistas durante todo el año; el “Kempes” que se levantó en una provincia como Córdoba, donde hay casi 4 millones de habitantes y tres equipos de taquilla asegurada (Talleres, Belgrano e Instituto) o el “Malvinas” mendocino prueban, a pesar de tener ventajas comparativas notables con Catamarca, lo que estamos diciendo.
Comprendemos el esfuerzo enorme que hace la Secretaría de Deportes por dar vida al Bicentenario, pero el choque con la realidad es demasiado fuerte y ahora, por si fuera poco, con peligros latentes como el de aceptar ser la sede de un partido de alto riesgo y que tranquilamente los catamarqueños podrían ver por televisión.
 

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