Desde la bancada periodística

La hora de las definiciones

sábado, 1 de junio de 2013 00:00
sábado, 1 de junio de 2013 00:00

Cuando esta columna semanal llegue hoy a manos de los lectores, comenzarán los aprestos para la realización de la Convención de la Unión Cívica Radical, la oposición formal que en la provincia tiene la conjunción Frente para la Victoria-Partido Justicialista.
El acto, a concretarse en la sede Chacabuco al 700, no pasará desapercibido. Estarán pendientes de sus resultados los dirigentes radicales -oficialistas y no oficialistas-, los afiliados, los exintegrantes del Frente Cívico, los voceros del gobierno provincial, los peronistas en general y, por supuesto, la prensa, que será la encargada de ofrecer copiosos comentarios del mitin.
Por aparte de las conclusiones que vayan a arribar los convencionales, que acceden desde los 16 departamentos de la provincia, esta Convención inicia formal y legalmente la carrera electoral 2013 en lo que será, para usar una expresión deportiva, “la recta final”.
Es que junio ya ofrecerá a la ciudadanía definiciones muy claras del panorama electoral, de los contendientes, de lo que puede pasar y de lo que finalmente pasará.
A la Convención le seguirá la inscripción de las alianzas, acto que se producirá el 12 de junio y, 10 días más tarde, deberán presentarse los candidatos a diputado nacional para las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias. El 11 de julio, mientras tanto, se lanzará la campaña publicitaria de los participantes que, por ley, determina espacios gratuitos en los medios de comunicación para quienes se hayan alistado a disputar la interna que, finalmente, se concretará el 11 de agosto en el país. Pero antes de todo esto, el 8 de junio, será el Congreso del peronismo -equivalente de la Convención de la UCR- quien debatirá qué hacer con las elecciones.
Y por si no faltaran condimentos electorales en Catamarca, después de las PASO se lanzará la campaña de renovación legislativa (senadores, diputados y concejales) y elección de dos intendentes (Los Altos y Mutquín), la que antes era programada por el radicalismo en el mes de marzo y ahora se hace en coincidencia con los comicios nacionales.

Las encrucijadas opositoras
Pero vamos por parte y respetando la cronología señalada. Este sábado, 1 de junio, será enteramente radical. Desde la mañana bien temprano hasta la hora que se resuelva el temario completo, el que incluye la aprobación de la alianza Frente Cívico y Social, designación de la Junta Electoral para las primarias de agosto y anulación de las internas provinciales para cargos electivos.
Lo más importante, paradójicamente, es lo que no se anuncia en el orden del día oficial. O sea la no elección de los cargos provinciales por internas, una porfía que, entre el castillismo-brizuelismo y demás líneas, se viene sosteniendo desde hace más de un año y medio con obstinación y tenacidad.
La teoría castillista de dar la interna que, por ejemplo, postula el diputado José Sosa, señala el temor de que el oficialismo provincial -hoy peronista- meta la cola dentro de la UCR y termine favoreciendo a algún bando que le resulte afín. Por ello la negativa, que registra un antecedente que se remonta al 11 de mayo de 1987. En esa oportunidad, Genaro Collantes le birló la candidatura de gobernador a Arnoldo Castillo y las usinas castillistas jamás callaron que fue un gran fraude del que tomó parte el saadismo.
El hecho que tanto asusta a Oscar Castillo, para desgracia suya, no se puede demostrar. Pero aún así, no debería ser motivo para que se incumpla la Carta Orgánica, que establece que las candidaturas -todas, nacionales, provinciales o municipales- deben ser resueltas por los afiliados.
Si el oficialismo partidario, como lo proclama, tiene seguridades de un triunfo, le basta con disponer de fiscales en todas las mesas y asegurar la custodia de las urnas. Si alguna vez le “mejicanearon” los votos, el antecedente vendría a ser como un antídoto contra cualquier clase de trampa.
No lo entiende así el castillismo que cuando le hablan de internas sufre una especie de taquicardia funcional. Por eso ha convencido al brizuelismo, más afecto a la lucha interna, que no hay que arriesgar nada y que mejor es elegir los cargos a dedo. Por ello, por abrumadora mayoría, la Convención de hoy debería ser un trámite.
El problema, claro está, vendrá después. Es que a ninguno de los pretendientes a los cargos que se ponen en juego en octubre le va a gustar quedar marginado por designios no precisamente democráticos.
Ya existen señales evidentes de lo que estamos hablando. Hay quienes proponen una escisión y otros atacan casi sin sentido a las huestes castillistas, tal el caso de los embates que, según el dirigente Enrique Sir, son injurias que no piensa contestar. A días de la Convención y en su camino a capturar una concejalía de la Capital, le han sacado (a Sir) a relucir supuestos “chanchullos” de hechos que habrían ocurrido hace más de veinte años atrás y que, en todo caso, los debería resolver la Justicia, cuya impronta está revestida de radicalismo.
Salga como salga la Convención, la principal oposición comenzará a destapar hoy, aún con naipes marcados, sus cartas electorales. Después de 20 años ha vuelto al llano y la atormentan los recuerdos, pero anida esperanzas de recuperar los blasones que supo exhibir.

Los planes oficialistas
Como lo apuntamos líneas arriba, la Convención no será asunto exclusivo de los radicales. Todos estarán pendiente de lo que allí ocurra y, en medio del fragor de este debate inicial, sobrevendrán hechos políticos, ulteriores o concomitantes. Uno de ellos, antes del cierre de las alianzas (12 de junio) y de la presentación de los candidatos a diputado nacional (22 de junio), rozará al gobierno. El sábado venidero, 8 de junio, el que sesionará será el Congreso del Partido Justicialista.
A priori, la reunión cumbre de “los muchachos” vendría a ser, por historia, el reverso de la moneda radical.
Tendrá el PJ la posibilidad de frenar algunos ímpetus con el manejo del Estado y con la buena relación que mantiene con la Casa Rosada, la cual también puede llegar a conjurar algunas situaciones de tensión que se dieron, por ejemplo, el jueves pasado durante la reunión del Consejo Provincial.
En los comandos peronistas ya se asegura que no habrá internas, pero no por los temores del presente y del pasado que atormentan a los radicales, sino porque los vientos políticos le favorecen en la coyuntura y hasta pueden darse el lujo de ni siquiera intentar sumar a Luis Barrionuevo o a Ramón Saadi, los viejos caudillos que resignaron, además de sus bancas nacionales, su incidencia sobre el electorado. Fuera de ellos dos, la aspiración es que todos vuelven a coincidir dentro de la alianza Frente para la Victoria-PJ que tan buenos resultados arrojó en marzo de 2013.
También el PJ puede darse licencias en esto de evitar la interna que prescribe la Carta Orgánica y que la anulará el próximo sábado el cuerpo de congresales.
Cuando estuvo en el llano, por más de 20 años, sostuvo innumerables internas por los cargos que se ponían en juego. Basta con recordar las batallas Saadi-Barrionuevo, por las poltronas de senador nacional o gobernador; Saadi-Tomassi por una diputación nacional; Renovación-Saadi-Barrionuevo por diputaciones, senadurías y concejalías provinciales y, hace apenas dos años, Moreno-Saadi por la gobernación. Jamás, en cualquiera de estos casos, alguien salió a pretextar que el gobierno radical podía influir cuando, de antemano, bien se sabía que iba a influir. Como fuera, a los cargos pejotistas lo definían los afiliados y, por si faltaran detalles, en las últimas ediciones estas compulsas fueron abiertas, con lo cual participaban hasta los no afiliados.
Más allá de cosas que parecen decididas en el oficialismo, ciertamente existen preocupaciones. Hay que hacer listas que trasmitan credibilidad y que no ericen la piel del peronismo, algo que tratarán de alentar los díscolos -Barrionuevo y Saadi- de la hora actual.
El primer escollo será concretar una buena performance en la primaria del 11 de agosto, donde se supone que el radicalismo pondrá en la cancha, aunque sean los derrotados del 2011, a uno de sus dos jugadores más importantes: Brizuela del Moral o Ricardo Guzmán. Aquí le alcanza con el triunfo, aunque sea por un voto, al Frente para la Victoria, pero en las provinciales el panorama es absolutamente diferente.
La idea que bulle en las entrañas kirchneristas es cambiar la composición de la indómita Cámara de Senadores, donde los briosos radicales le hacen cabriolas de todo tipo, y mantener -aunque sea con aliados- algún dominio estratégico en la Cámara de Diputados. No está alejado, hay que decirlo, el temor que lo se gane en un lado (Senadores) pueda perderse en el otro (Diputados), lo que más ampliamente explicaremos en otra entrega.
A esto hay que añadirle la relación de fuerzas que existe en la Capital que, por pareja -están 7 a 7 sobre 14 concejales-, le acarrea problemas al intendente Raúl Jalil.
Final de la Bancada Periodística que, a partir de la fecha, se irá calentando sábado a sábado. Es que la madeja electoral comienza a desenredarse hoy mismo con la cita radical.

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