Ah… ¡Las deudas de la inseguridad!

Desde la bancada periodística.
viernes, 13 de septiembre de 2013 00:00
viernes, 13 de septiembre de 2013 00:00

Hace 10 días ocurrió un hecho atroz, injusto e incomprensible. La docente Fabiana Aranguez fue ultimada e incinerada por Darío Ezequiel Castro, un joven dependiente de la droga descubierto por la víctima cuando trataba de robarle. La Justicia le imputó homicidio criminis causa, calificación que lleva a la reclusión perpetua.
Darío Ezequiel, con su mente enturbiada por los estupefacientes, pasará el resto de su vida en una celda. A los hijos de Fabiana nadie les devolverá su mamá. El caso pasará a formar parte de los delitos horrendos.
Más allá del hecho, una vez más se puso sobre el tapete la seguridad. Más bien dicho la falta de ella, o sea la inseguridad, fenómeno que atraviesa de punta a punta toda Latinoamérica y, por ende, las principales ciudades de Argentina. También la bucólica Catamarca, donde el flagelo lamentablemente es utilizado con espurios fines políticos.
Es cierto que hay inseguridad, pero también que existen avances en la preservación del delito. Hay más policías, hay más preparación, hay más móviles, hay más equipamiento, hay más cámaras de seguridad, hay más preocupación, “pequeños detalles” que algunos medios de comunicación -nos incluimos- omiten señalar a la hora de dramatizar acontecimientos que duelen a todos.
Toda la preocupación oficial, que seguramente no alcanza para extirpar la ola delictual, viene a reparar la indolencia de tiempos pasados, en los que la muerte se instaló como hecho cotidiano sin que existan, hasta hoy, respuestas concretas de la Justicia, corresponsable directa de tanto dolor.

Historias de impunidad

La historia de los últimos 30 años en Catamarca puede ser fragmentada para analizar el avance del delito. En 1983, se salía del holocausto de la dictadura, pero el fenómeno de la droga no tenía expresión. Al menos por estas latitudes. Hacia principios de los ‘90 se mantenían estadísticas de tranquilidad y los drogadictos estaban prácticamente empadronados. Cuando llegó el nuevo gobierno, en 2011, quién puede discutir que el descontrol era total. El delito había crecido en diversas formas y el registro de criminalidad, sumado a la falta de resultados, creó un ambiente de impunidad que compromete a quienes hoy levantan el dedo acusador.
La inseguridad, lo digamos con la mayor claridad, no es un problema de actualidad. Viene de muy atrás cuando ya había robos, la gente se cubría detrás de rejas y barrotes, y los crímenes se sucedían sin resultados favorables en las investigaciones. Veamos algunos de ellos.
# María del Tránsito Saracho era una anciana de 85 años en la década del 90. Vivía sola en el B° Villa Bosch. Ladrones entraron al inmueble y, tras robarle, la asfixiaron hasta matarla.
# Celia de Martínez. En abril del 1999 los bomberos fueron a sofocar un incendio que se desató en una casa del B° 50 Viviendas sur. Allí encontraron su cadáver, con signos de haber sido acuchillado. Su hija fue juzgada y absuelta. El hecho sigue impune.
# Víctor Cayetano Escalante. Se trata de un joven homosexual que fue asesinado a golpes en el B° San Antonio Sur, en 1999. Hubo imputados, pero terminaron sobreseídos.
# Clemente Alberto Bollecich. Lo asesinaron en su finca, en Tinogasta. Hubo detenidos, pero finalmente fueron liberados y no se juzgó a nadie. Fue a fines de los ‘90.
# Ariel Fernández. Fue asesinado en Tinogasta, en 2000. Lo apuñalaron más de 60 veces, y le cortaron una oreja. Se sospechaba de la familia de la novia, pero nunca hubo condenados.
# Eugenio Antonio Aybar. Era un travesti que se hacía llamar “Casandra”. Fue apuñalado y su cuerpo encontrado, en 2002, en inmediaciones de B° La Vía, en Pozo El Mistol. Nunca hubo imputados.
# Delfín Córdoba y Apolinaria Acevedo de Córdoba. El matrimonio fue asesinado en el paraje “Cañada Verde” –Ancasti- el enero de 2002. Dos personas fueron juzgadas y absueltas por falta de pruebas. La justicia imputó a otro joven, pero finalmente fue sobreseído por vía de apelación.
# José “El Turco” Sedán. De profesión taxista, fue abordado por personas que fingían ser pasajeros en julio de 2002. Lo llevaron hasta ruta nacional 38, en la zona de El Bañado, y allí, con la supuesta intención de robarle, acabaron a golpes con su vida.
# Miguel Ángel Cativa. Este joven, de 26 años, fue ultimado de un hachazo o machetazo y luego colgado por el cuello con el propósito de fingir un suicidio. Lo encontraron a la vera del camino a La Gruta de la Virgen en septiembre de 2002. Aunque fueron detenidas 2 curanderas y llevadas a juicio, resultaron absueltas y el hecho sigue impune.
# Benjamín Ramírez Hidalgo. Otro homosexual. Era propietario de una peluquería. Fue asesinado en mayo de 2002. El homicida lo mató en su habitación, en la que también se encontraba su hijita.
# Fátima Esther Chaile desapareció en marzo de 2003 y nunca más se supo de ella. Se sospechó que su esposo, Pedro Úsqueda, la había asesinado y enterrado en Londres –Belén- porque había descubierto una relación con una de las hijas. De hecho fue condenado por abuso a 20 años. El caso llegó a juicio en 2010, pero por falta de pruebas el hombre fue absuelto y el caso quedó impune.
# Alicia Nieva es una joven que está desaparecida desde enero de 2004 cuando salía de una fábrica en Sumalao (Valle Viejo). Nunca se supo de ella.
# María Romina Molina Farías. Fue encontrada muerta el 31 de enero de 2006. El cuerpo apareció en un cantero de la Av. Juan Chelemín, tres cuadras al Este de Av. Alem. No se supo qué pasó. El caso tuvo repercusión y, por más de una semana, comprometió al gobierno de Brizuela.
# Carlos Eduardo Castillo. Conocido odontólogo, también homosexual. Fue asesinado a golpes en su casa, aparentemente por un ocasional visitante. No hay sospechosos ni detenidos.
# Rosa Zulema Oviedo (82), en 2007, fue asesinada a golpes en su humilde vivienda de Villa San Roque (Tinogasta). Aparentemente fue víctima de un robo del que nunca se pudo encontrar al culpable.
# Claudio Soto Aguirre. Actor y director de teatro, fue asesinado brutalmente en el Parque de la Vida en noviembre de 2007. La investigación está estancada y no se pudo sindicar siquiera a un sospechoso.
# Diego Brizuela murió en Esquiú (La Paz) por el disparo de un arma en 2008. El caso se cerró como suicidio, pero momentos antes había existido una discusión por cuestión de “polleras” con Luis Silva, el padre de Javier Silva, entonces ministro de Gobierno.
# Sandra Mabel Madueño (29). El 23 de noviembre de 2010 fue la última vez que se supo de su vida. Dos días después, su hermano radicó la denuncia. Tenía dos hijos con los que vivía en una pensión de Prado al 900. Según testigos, fue vista por última vez en la zona sur. Habría mantenido una relación con un hombre de 54 años que fue arrestado, pero luego recuperó la libertad. No se sabe si fue un crimen.
# Sonia Liliana Garabedián. En diciembre de 2010, la mujer fue hallada sin vida en un descampado del sur. La primera hipótesis señaló que murió por deshidratación e inanición, ya que llevaba varios días desparecida. Los reclamos de la familia hicieron que la causa se reabriera y se volviera a investigar. No se sabe a ciencia cierta por qué murió. El caso está en la Fiscalía, sin imputados.
# Tragedia de la Alcaidía. Ocurrió en septiembre de 2011, a 3 meses de la salida de Brizuela del Moral. Cuatro chicos murieron calcinados en una celda, donde estaban detenidos en forma ilícita. Están imputados funcionarios policiales y las dos juezas de menores de entonces.
# El locutor “Cacho” Julio, en Santa María, fue asesinado en febrero de 2012. Hay un sospechoso detenido por el crimen, pero la causa tiene muchos puntos oscuros.

Su majestad, la droga

A escasos días de la muerte de Fabiana Aranguez, el secretario de Seguridad y exfiscal, Juan Pablo Morales, aceptó que el 85% de los delitos es cometido por adictos y, el fiscal federal Santos Reynoso salió con una verdad de perogrullo: “Para solucionar la problemática de la droga hay que depurar a la Policía”.
Regla elemental. Si los delitos vienen de la droga, que está instalada desde hace rato, y sectores policiales son parte de ella, los medios de comunicación tenemos la obligación de saber “dónde está la madre del cordero”. No podemos alegar desconocimiento y denunciar sin sentido.
Por ello, es imperativo no politizar un tema de gravedad. Si los censores de hoy fueron los culpables de ayer, les convendría guardar silencio, y los críticos del ayer tratar la inseguridad de hoy con el rigor que demanda la hora actual. Ni culpables ni inocentes. Todos somos responsables.

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