Columna política

viernes, 17 de enero de 2014 00:00
viernes, 17 de enero de 2014 00:00

Una gran conmoción causó el accidente que le costó la vida de un chico de tan sólo 15 años, quien se estrelló a bordo de un lujoso triciclo -valuado en más de $200.000 según el sitio Mercadolibre- mientras circulaba por la ruta que circunda la villa veraniega de El Rodeo, acompañado por otro adolescente. Más allá de lo trágico de la situación, el comentario generalizado, a través de las redes sociales y foros de internet, fue el que era una tragedia “esperable”, teniendo en cuenta la cantidad de menores que por esto días, cuando la localidad tiene la mayor cantidad de visitantes -y como cada verano-, se ven montados en motocicletas enduro y cuatriciclos, circulando por las calles de El Rodeo y Las Juntas, donde evidentemente los controles policiales se han relajado al mínimo, en directa proporción con la responsabilidad parental.

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Habría que preguntarse entonces qué sentido tiene el operativo “Sol y Montañas”, que este año comenzó más de una semana después de iniciado el año, si no hay una efectiva acción preventiva más allá del control en los puestos camineros. Porque, reiteramos, ahora todo el mundo habla de los menores motorizados en las villas ambateñas y la ausencia de controles de tránsito, tanto de la policía como de las municipalidades. Quizá ahora, la muerte de este menor genere una reacción por parte de autoridades y padres, y los estándares de responsabilidad se eleven, aunque sea momentáneamente.

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El trágico accidente del miércoles también trajo a la memoria otro hecho que enlutó a la provincia. Ocurrió un 28 de enero de 1995, entre El Rodeo y Las Juntas, cuando un chico de tan sólo 12 años perdió el control de un automóvil Mercedes Benz que manejaba y cayó a un barranco, provocando la muerte de cuatro adolescentes, y graves lesiones en un quinto. Todos ellos eran hijos de conocidas familias catamarqueñas por sus actividades comerciales, profesionales y políticas.

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