Tiempo de amor

viernes, 24 de enero de 2014 00:00
viernes, 24 de enero de 2014 00:00

La tragedia caló hondo en nuestros corazones. La catástrofe de antenoche nos enlutó a todos. Una de las más hermosas villas veraniegas de Catamarca quedó destrozada por un alud nunca antes visto ni por los más ancianos. Muertos, heridos, desaparecidos y evacuados no forman parte de una fría información estadística, sino una realidad cruda, espeluznante. Hubo muchas crecientes de ríos en El Rodeo, especialmente del Ambato, que provocaron consternación, pero ésta fue devastadora. Casi a la misma altura geográfica, del otro lado de la cadena montañosa del Ambato, la población de Siján en el departamento Pomán, padecía también el drama de otro alud que arrasó con casas y viñedos.
Sólo unas pocas voces inoportunas desentonaron en la monolítica unidad de los comprovincianos adheridos solidariamente a cuantos pasan por estas horas momentos de profunda angustia por la pérdida de un ser querido o la destrucción de sus bienes. Unas quejas -muy probablemente- pudieron nacer de la impotencia por el recuerdo de otros desastres naturales y la idea de que se pudieron evitar. Aludían a la deforestación, a los incendios intencionales o a las construcciones en la ribera, entre otras causas que se invocaban como un modo de querer retroceder en el tiempo para evitar lo sucedido. Pero también hubo protestas cargadas de un necio oportunismo político. Estas expresiones destempladas -como dijimos- para alivio de todos, fueron escasas.
Prevalecieron en las redes sociales y en los comentarios al pie de nuestra información en la web, los sentimientos más nobles y la rápida acción solidaria, la oración de los creyentes y la atinada propuesta para ayudar a los que sufren. Desde otras provincias expresaban ¡Fuerza querido pueblo de Catamarca, y esperanza para recuperarse y salir de este desastre!
Esperamos que paulatinamente El Rodeo y Siján puedan salir adelante. Y que este sufrimiento nos enseñe a que hay un tiempo para confrontar y un tiempo para trabajar unidos, colmados de solidaridad.

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