Columna política

martes, 18 de febrero de 2014 00:00
martes, 18 de febrero de 2014 00:00

El espíritu corporativo de los médicos, que en estos tiempos están cubiertos bajo una sombra de sospechas, tras haber salido a la luz las escandalosas maniobras con las órdenes de OSEP que permitieron una estafa millonaria a la entidad –y por lo tanto a los afiliados-, ha puesto al Círculo Médico a caminar por una peligrosa cornisa que por momentos lo hace dar traspiés hacia el precipicio de la complicidad. La presidenta de la entidad, Patricia Rojas, si bien reafirmó que los asociados no están autorizados al cobro de “plus” a los pacientes que tienen cobertura de obras sociales, consideró tácitamente que la actitud que vienen asumiendo los galenos es “comprensible” ante los atrasos en el pago de las prestaciones en los que ha incurrido OSEP, y que es cierto, lleva un arrastre de cuatro meses, lo cual ha generado complicaciones económicas a los profesionales.
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Sin embargo, la actitud de los profesionales es peligrosa, como grave es la postura del Círculo Médico. Es que la entidad debe responder por las irregularidades de sus representados y proponer en conjunto acciones para establecer medidas de fuerza sin afectar el servicio de salud, pero también sin meterle la mano en el bolsillo a los pacientes. Los afiliados de OSEP hoy deben sufrir no sólo el deficiente, penoso y obsoleto sistema de atención para comprar un orden que en la caja le cuesta 15 pesos. Luego, deben ir al médico, donde les exigirán que paguen hasta 100 pesos más para ser atendidos. Monto por el cual los médicos no emiten facturas, y además, dentro de dos, tres o cuatro meses, percibirán lo facturado por la orden. Y ello multiplicado por hasta cuarenta pacientes que ven en una sola jornada.
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Visto está que en medio de este anárquico proceso hay dos actores totalmente ausentes. El primero es el que conforma la masa de afiliados, quienes con su aporte sostienen la obra social y son víctimas impotentes que se niegan a denunciar las irregularidades ante lo burocrático del sistema, que está ingeniado para repeler las denuncias más que para controlar el normal funcionamiento del sistema; pero que sin lugar a dudas debe asumir el rol de controlar, aunque más no sea para cuidar su propio bolsillo. El otro gran ausente es el Estado, que hace millonarios aportes para que OSEP funcione y no pueda permanecer pasivo ante semejante atropello que ejercen los médicos desde una peligrosa e ilícita trinchera.

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