Factor humano

sábado, 8 de febrero de 2014 00:00
sábado, 8 de febrero de 2014 00:00

Hay una amplia gama de acciones humanas que pueden originar o potenciar lo que llamamos desastres naturales. Podrían darse por una equivocación, deshonestidad, indolencia o desidia, falsas suposiciones, espurios intereses económicos, entre otras posibles causas.
Por ejemplo, existe la equivocada idea de que es necesario quemar la vegetación para que los nuevos brotes nazcan con más fuerza. Esta creencia hace que año a años se produzcan incendios en las montañas, lo que es posible contemplar desde los valles cuando las llamas de gran altura se divisan desde muy lejos. Aunque también esas quemas pueden darse por accidente, pero éstos no serían tales si hubiese más cuidado y se actuase con precaución. Un cigarrillo mal apagado, un fuego realizado para cocinar o conductas similares, provocan quemas que pueden tornarse incontrolables por acción del viento o las características de la vegetación. Los incendios afectan el equilibrio ecológico, porque destruyen el hábitat de la fauna y flora existente, incluyendo especies amenazadas o en peligro de extinción. Asimismo, las piedras y peñones quedan menos afianzados en los cerros, razón por la cual pueden desprenderse con mayor facilidad.
También es posible hablar de deshonestidad, cuando por ejemplo, se realizan obras públicas sin la calidad técnica que deben tener, sea porque los materiales no son los adecuados, porque los cálculos y diseños están hechos por personas sin la debida preparación o porque no se invirtió todo el dinero destinado a la obra, desviándose una parte a bolsillos particulares.
Asimismo hay empresas que con un desmedido afán de lucro avanzan sobre la naturaleza sin acatar sus leyes, esquivando controles y sin ningún tipo de límites.
Por eso, cuando suceden aludes como los del 23 de enero pasado, que provocaron muerte y destrucción, es necesario dilucidar si se debieron a causas puramente naturales o también incidieron factores humanos. Y en caso de detectarse que la corrupción potenció la tragedia, juzgar y condenar a los culpables, sin miramientos.

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