Más que nunca, recordar

lunes, 24 de marzo de 2014 00:00
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Pasó el trigésimo octavo aniversario del último golpe cívico-militar y con él numerosos actos y manifestaciones populares que buscaron mantener viva la memoria de las víctimas de la dictadura más sangrienta de la historia argentina. También se recordó el trasfondo político que sustentó el accionar de los militares y que no fue otro que el de imponer a fuego y sangre un modelo económico que desmanteló las bases sociales y culturales del país. Sus efectos, en términos ideológicos, se perpetúan hasta nuestros días.
Los medios dieron cuenta, con diversos matices, de esta fecha, y en el caso de El Esquiú.com, eligió material de archivo, de los diarios de la época, para mostrar cómo era el “tratamiento” de las noticias en las jornadas posteriores al 24 de marzo de 1976. De los cinco recortes seleccionados, sobresalen dos: uno, divulgado en el desaparecido El Sol tres días después del golpe, en el que se informaba la aprobación, por parte del Fondo Monetario Internacional, de un préstamo de 127 millones de dólares. El otro, publicado por La Unión en su edición del 3 de abril, tiene como título principal los anuncios del ministro de Economía “Joe” Martínez de Hoz: “Devaluación, reducción de los gastos estatales y nuevos impuestos”; el programa que significaría el debut del neoliberalismo que después se iba a perfeccionar en la nefasta década del ‘90.
Por estos días, sectores políticos que piensan en candidaturas para las presidenciales del 2015 agitan argumentos parecidos a los del fallecido ministro de la dictadura. Sin disimular demasiado su verdadera pertenencia ideológica, y asegurando que son la “renovación” en política, hablan de la necesidad de ajustar el gasto público, de bajar la inversión en programas de gran impacto social y, desvergonzadamente, se refieren a posibles reducciones salariales. Son renovadores, sí, pero en el sentido de actualizar paradigmas que parecían estar perimidos.
El nuevo aniversario del golpe debería ser, entonces, un ejercicio para memorar que los poderes fácticos que lo propiciaron siguen fuertes, y acechan.
 

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