DESDE LA BANCADA PERIODÍSTICA

De Cabur a Brizuela del Moral

sábado, 29 de marzo de 2014 00:00
sábado, 29 de marzo de 2014 00:00

“Uno de los problemas del oficialismo es la reducción de su espacio para alegar inocencia sobre los desatinos en la administración tras más de dos años de ejercicio. La pose de virgen ultrajada carece a esta altura del mandato de verosimilitud, y es notable cómo gana terreno la percepción de que las corruptelas son mal endémico que, lejos de retroceder, arraiga cada día más en todos los resquicios del Estado. La situación de OSEP constituye en tal sentido un caso paradigmático. El interventor Cabur pregona pretensiones de transparencia y purificación acaso sinceras, pero no está en condiciones de explicar, sin escupir para arriba, cómo fue posible que la trama corrupta de las órdenes médicas “truchas” lograra expandirse en los últimos dos años a pesar de la ética insobornable del kirchno-peronismo. No puede porque, para resultar mínimamente creíble, debería confesar que no son demasiadas las alternativas argumentales que salvarían a su facción política. Son en realidad nulas, porque OSEP estuvo, antes de que él llegara y durante dos años, bajo el comando de un ‘paladar negro’: el contador Julio Prieto. Las explicaciones plausibles para el “caso OSEP” son sólo dos: o Prieto era un incompetente, o Prieto fue un corrupto... aunque Prieto no se llevara un solo peso mal habido a sus propios bolsillos, es evidente que no supo desmontar el fraude y pecó de tal modo por inepto, o no quiso hacerlo por motivos que sólo él conoce, en cuyo caso pecó por cómplice”.
“De ahí que OSEP sea paradigmático de dos años perdidos, en los que el gobierno no ha conseguido establecer diferencias claras con los radicales”. (Comentario del diario El Ancasti del día 11 de marzo de 2014)

Diez años atrás

El comentario del diario líder y de mayor influencia en Catamarca, a todas luces, resulta indiscutible.
Así son las cosas en OSEP. El interventor debe hacer malabarismos para administrar de cualquier forma una obra social prácticamente quebrada, con corruptelas internas y externas (empleados infieles y médicos del mercantilismo, respectivamente) y, por si esto no alcanzara para abrumarlo, tiene que tratar de defender al gobierno que lo eligió como “el salvador” de un barco que se iba hundiendo en el marasmo de un organismo contaminado por grandes irresponsabilidades.
Más claro: entre silencios y omisiones, parece que Cabur tiene que resguardar al apuntado por El Ancasti, el contador Prieto, a quien señala como inútil, cómplice o corrupto. Tarea difícil si la hay. Es que el fallido ex “capitán del barco” se encargó de inmolarse en el altar de sus propias contradicciones administrativas.
A pesar de todo, más allá de la impecable nota de la coyuntura, existe una incoherencia editorial del propio diario. En su afán de mostrarse como el guardián incorruptible de la sociedad, que claramente no lo es, se olvida de las cadencias de su propia historia.
Así como le carga responsabilidades a Cabur, en orden a sus obligaciones morales y administrativas de señalar los “errores” de Prieto, debería haber actuado en el año 2003, cuando asumió como gobernador de la provincia el ingeniero Brizuela del Moral, y nada dijo, ni siquiera una sílaba, de los comportamientos de su antecesor en el sillón mayor, el doctor Oscar Castillo.
Pasaron ocho años, no dos como el caso que analiza actualmente El Ancasti, y el máximo gobernante no habló del legado. ¡Y vaya si había temas para hacerlo! Tampoco lo hizo el diario, plantado como “guapo” de los tiempos modernos sin reparar en los de benevolencia y observador pasivo de problemas mucho más graves que los que soporta hoy en día la OSEP.

Pase de manos radical

El 24 de agosto de 2003, la proscripción de Luis Barrionuevo quedaba definitivamente sellada por parte de la UCR. Eduardo Brizuela del Moral se convertía en gobernador -ese día batió a la candidata suplente, Liliana- y después de una transición de tres meses, recibía los atributos de manos de Oscar.
Lo que no recibió fue la rendición de cuentas de la gestión castillista, que se inició en 1991 y registra hechos cuyos efectos nocivos se hacen sentir hasta la actualidad.
Pero como “el pase de manos” era entre radicales, miró para otro lado. Un poco como hace por estos tiempos Julio Cabur para, como sea y como puede, expiar las culpas peronistas.
¿Qué hubo de grave en aquel traspaso del que los dos diarios que existían en Catamarca nada dijeron?
Veamos, para contestar algunas perlitas de aquella época.
* En el mismo agosto de 2003, antes de irse, Castillo había cambiado el contrato del Casino, favoreciendo a los empresarios foráneos en detrimento de los intereses de la provincia.
* El gobierno, por un raro cruce de intereses, se había hecho cargo de La Unión, una empresa privada a la que, contrariando elementales normas administrativas, debía solventar.
* La EDECAT, con los Taselli como grandes señores, seguía torturando a los catamarqueños con un servicio público que era poco menos que una pesadilla.
* Temas como los contratos mineros, en los cuales también hubo cambios en las reglas de juego -siempre en contra de Catamarca, claro está-, el traspaso de la Caja de Jubilaciones o la desaparición lisa y llana del Banco de Catamarca jamás serían revisados.
De todas estas cosas, y varias más, no se ocupó Brizuela del Moral y nadie dijo que en la retaguardia quedaba un inepto o un corrupto. Aparte que considerar inepto a Castillo, directamente es ofender su capacidad casi maquiavélica de funcionar con el poder en sus manos. ¡Cualquier cosa, menos inepto!

Los pelotazos en contra

La historia política señala, invariablemente, que las cosas que se tapan o se pretenden esconder surgen por el lado menos pensado, en el momento también menos pensado, y se convierten en boomerang para quienes planificaron cubrirlas con mantos de olvido y silencio.
Le pasó a Brizuela del Moral.
Jamás se lo escuchó hablar del Casino en 8 años como gobernador, cuando todos saben del gigantesco negociado que hace perder fortunas a Catamarca.
Tuvo que inventar alquimias non sanctas, con la plata de los trabajadores, para poder cumplir con el 82% móvil que establece para los jubilados la Constitución Provincial por el famoso traspaso de la Caja de Jubilaciones.
Debió aguantarse a la EDECAT, el llamado “monumento a la corrupción” y, sobre la hora, con la rescisión del contrato, puso en jaque a la provincia por los daños y perjuicios que ha reclamado la empresa, si es que se la puede llamar de esta forma.
Si estas cosas se hubieran aclarado en su momento, cuando Brizuela del Moral asumió, se habrían evitado males mayores y hasta podrían haber otorgado margen a Castillo para defenderse por sus actos de gobierno. Hoy, aunque eventuales acciones judiciales hayan prescripto, las condenas sociales están impuestas. A Castillo se la cargan en la imagen negativa que arroja cualquier encuesta de opinión, y Brizuela del Moral no le va en zaga. Cuando se habla de estos temas malditos para la divisa radical no hay forma de quitarle responsabilidades, que se suman a las nuevas, como las de “hablar macanas” (¿qué otra se puede decir de su afirmación sobre la eventual expropiación del Casino para lavar dinero del narcotráfico?) o defender una obra pública que no tiene precisamente la impronta del estadista.
La experiencia del relato precedente debería ser de gran ejemplo para el doctor Cabur que, en respuesta a la lógica planteada por El Ancasti, tendría que detallar cómo fue la gestión completa de Prieto. Si hubo falencias, que las hubo, hay que detallarlas. Y si el tema invadió los territorios de la corrupción, con más razón. Ello le daría fuerza y legitimidad para encarar la regularización de una obra social que, más allá de Prieto, ya despedía olores nauseabundos cuando la dirigía Arturo Aguirre.
Para El Ancasti, las últimas reflexiones de esta columna política semanal. Por su larga historia, ya debería saber que las críticas, por sesudas que sean, deben guardar coherencia. Porque también se pueden volver en su contra.
 

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