DESDE LA BANCADA PERIODÍSTICA

“No hay plazo que no se cumpla”

sábado, 26 de abril de 2014 00:00
sábado, 26 de abril de 2014 00:00

La Constitución de 1853, a la que debemos acatar como pidió Fray Mamerto Esquiú, era sabia en visiones políticas. Uno de sus más férreos candados cerraba las puertas a las aventuras reeleccionistas que, por más de un siglo, se respetaron sin que nadie se animara a modificar lo que se consideraba sagrado. Esto es, evitar el intento de perpetuidad en el poder.
Con la restitución de la democracia (1983) apelando al ardid de que había que actualizar los textos constitucionales, fueron varios los que plantearon modificar esas cláusulas. Unos pocos no lo consiguieron, entre los que debe anotarse a Raúl Alfonsín con su fracasado “tercer movimiento histórico”. Otros sí lo hicieron, y el gran adalid de la variante fue Carlos Menem que, precisamente con Alfonsín, en 1994, firmó el Pacto de Olivos, que lo iba a mantener como jefe de Estado hasta finales del siglo XX. Antes, solamente Perón había logrado el caro objetivo (1952).
Los Kirchner también aprovecharon aquel pacto para pensar en proyecciones eternas. Primero armaron el uno-dos Néstor-Cristina (que uno lo suceda al otro burlando la reelección) y por la muerte del líder patagónico, su esposa fue a la única reelección permitida en 2007.
La mayoría de los gobernadores, del bando que fueran, actuó de igual forma. Pugnaron, como sea, por mantenerse en los cargos. Podemos recordar los nombres de Gildo Insfrán, Rovira, José Alperovcih, José Luis Gioja, el mismo Kirchner en Santa Cruz, Gerardo Zamora en Santiago del Estero, Los Rodríguez Saá en San Luis, Beder Herrera en La Rioja o Brizuela del Moral en Catamarca. Ya sabemos, por experiencia, cómo terminan estos caprichos. Invariablemente crean condiciones de impunidad, las que tarde o temprano se pagan a un alto precio.
Esto es lo que le pasó al último gobernador radical de Catamarca. Con 20 años de gobierno del Frente Cívico, en la falsa creencia de un respaldo infinito de la gente, dio por hecho que era posible hacer cualquier locura. Fue su error capital.
Y las miserias de aquel gobierno, que llegó para corregir los excesos del saadismo, las multiplicó a extremos increíbles. Cayó en su propia trampa. Cuando menos lo esperaba, el pueblo le dijo basta y votó en contra, hasta el límite de sorprender a los propios ganadores. Es que (el pueblo) no quería más la impunidad que se filtraba por todos los estamentos del poder.

“Amigos son los amigos”

A mediados de semana se ha conocido que la Unidad Fiscal de Delitos Especiales, con el pronunciamiento de Marcelo Sago y Miguel Mauvecín, ha imputado a exfuncionarios de la gestión de Brizuela del Moral, el único mandatario de la historia de Catamarca que intentó, en 2011, nada menos que una segunda reelección, algo que hoy, por ejemplo, está vedado para Cristina Fernández de Kirchner, Daniel Scioli o el cordobés José Manuel de la Sota.
Uno de los apuntados por la Justicia es Juan Acuña, el poderoso exministro de Obras y Servicios Públicos del exgobernador. Está acusado de defraudación calificada por la compra y colocación de aerogeneradores en el cerro Ancasti.
Como se conoce en los territorios de la política, Acuña no era un funcionario más. Se trata de un amigo íntimo de Brizuela del Moral, el primero que llamó para integrar su gabinete en 2003 y que, entre otros viajes, lo acompañó a España y desde allí volvieron con una especie de panacea para reforzar, con los aerogeneradores, la pobre infraestructura energética de la provincia.
Lo que, en su momento, se anunció con bombos y platillos como la gran solución, termina en imputación para Acuña y varios funcionarios de rango menor. Los generadores, que costaron millones de pesos, no funcionaron nunca y están parados, como mudos testigos, de una irresponsabilidad directamente emparentada con la corrupción.
El emprendimiento que denunció la Fiscalía de Estado, sin embargo, apenas es una punta de un andamiaje mucho mayor. Acuña, bajo fuertes sospechas, está incurso en toda la obra pública de Brizuela del Moral y, para desgracia de éste último, no es el único amigo puesto en los catalejos de la Justicia. También esta semana, por ejemplo, fue procesado el exintendente de Huillapima en una de las causas que se siguen en su contra. Omar “Lico” Santucho -a él nos referimos- fue candidato por mandato exclusivo y excluyente de Brizuela del Moral.
Y antes de estos casos, nadie olvida que otro íntimo suyo recorre los pasillos tribunalicios con cargas de responsabilidad que, en cuanto al incumplimiento de los deberes de funcionario público, están prácticamente probadas. Nos referimos al neurólogo Arturo Aguirre, a quien Brizuela del Moral nombró sucesivamente ministro de Salud, director de OSEP y colocó, en la elección de 2011, a la cabeza de la lista de diputados provinciales.
Como es de dominio público, no pudo jurar por las acusaciones que pesan sobre la gestión que, si cabe la expresión, “llevó adelante” en la obra social.

Lejos de los hechos casuales

Los problemas del hoy diputado nacional con dos de los amigos de su círculo más estrecho, Acuña y Aguirre, o con uno de sus ahijados preferidos (Santucho), no terminan con las recientes resoluciones de la Justicia provincial a la que, unánimemente, se puede calificar de cualquier cosa menos de que tenga relación con el peronismo o con el actual gobierno.
También el pasado le debería traer a Brizuela malos recuerdos por los amigos que eligió para la función pública. No digamos nada de algunos errores políticos como los cometidos con Raúl Guzmán, Jorge Bonaterra o Cecilia Porta de Salas, sino de quienes conformaban su guardia pretoriana.
Allí tenemos el caso de Martha Torres de Mansilla, embarrada hasta los tobillos por la comida destinada a los menesterosos que iba a parar a los chiqueros de los chanchos que pertenecían a los amigos. O del mismo Pablo Córdoba Molas (junto a Ariel Regina, por este tema, fue conminado a devolver dinero cantante y sonante al Estado), involucrado en la maniobra de los cursos truchos dictados por fundaciones que, claramente, fueron conformadas para sacarle el jugo al Estado.
A estos casos, aunque sea indirectamente, habría que sumarle la torpe maniobra de su sobrino político, Simón Hernández, para asegurar puestos en el concejo deliberante a nueve punteros políticos, a los que pasó a planta permanente y, a las 24 horas, los devolvió a su condición de directores. Entre ellos figuraba otro sobrino del exmandatario, de apellido Brizuela del Moral, lo que habla a las claras de la impunidad con que se manejaban las cosas en su último mandato.

Imágenes y responsabilidades

El lector, a esta altura de un relato que se basa en hechos objetivos (todos expedidos por la Justicia, lo que despeja cualquier duda), se preguntará cómo es posible que un dirigente al que se describe rodeado de amigos que, por doquier, han cometido deslices contra la Administración Pública, pueda mantener niveles de popularidad e imagen positiva como para ganar elecciones, tal como ha ocurrido en octubre de 2013.
¿Acaso el pueblo no tiene conciencia sobre los comportamientos públicos de quien, inclusive, podría volver a ser candidato a gobernador en 2015 ? ¿O lo perdonan por su perfil de “gordo bueno y eficiente”? ¿O ha vuelto a recibir el crédito de la gente por el desencanto que puede llegar a provocarle la actual administración?
Las respuestas para este caso de evidentes contradicciones pueden ser varias, pero de lo que estamos seguros es que el Brizuela del Moral de hoy en día dista un abismo de aquel que ganó las elecciones a intendente de 1991 o el que conquistó la gobernación el 24 de agosto de 2003.
Su caso es una gran curiosidad. Cualquier otro que ostente “un curriculum” como el suyo habría caído, hace largo rato, en desgracia. Es que Juan Acuña, Arturo Aguirre, Martha Torres de Mansilla o Simón Hernández jamás pudieron haber actuado por cuenta propia. Lo hacían con el consentimiento o la mirada cómplice de quien, aparte de amigo, era el Gobernador.
El viejo dicho “no hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague” comienza a acomodarse, recién ahora, a la historia de quien aspira a volver a gobernar Catamarca. Paradójicamente, merced a la Justicia que construyó el Frente Cívico, la poderosa herramienta electoral del radicalismo.

Comentarios

Otras Noticias