Editorial

Privilegio ofensivo

sábado, 26 de abril de 2014 00:00
sábado, 26 de abril de 2014 00:00

En enero suelen salir de vacaciones casi todos los empleados públicos, al igual que los funcionarios y legisladores. Lo que resulta sumamente irritante es que, cada dos años, también se toman ese descanso quienes sólo llevan un mes en ejercicio.
La licencia anual es un descanso pagado para quienes trabajaron al menos seis meses. Sin embargo, en esos días de comienzo de año, ellos también se van y cuando aparecen en febrero, dicen, sin ponerse colorados, que estuvieron de vacaciones.
Este privilegio lo tienen también los “asesores”, los que, además de cobrar altísimos sueldos, no deben cumplir horarios ni ajustarse a ningún reglamento.
¿Cómo se eligen los asesores? Un razonamiento lógico podría indicar que un legislador o un concejal no están preparados para entender todos los temas que deben abordar en sus tareas, motivo por el cual necesitan asesores contables o expertos en temas productivos, educativos o sanitarios, sólo por mencionar algunos ámbitos de la realidad. Pero, al momento de elegir consejeros, recurren a familiares, amigos o punteros políticos que en nada pueden asesorar.
Días pasados, en una entrevista radial, el presidente del concejo deliberante de Valle Viejo, Sebastián Vega, declaró muy ufano: “Los funcionarios pueden o no acudir al lugar de trabajo. No lo estipula el reglamento interno ni la Carta Orgánica”. Y afirmaba: “La planta de funcionarios y los empleados de los bloques pueden asistir al trabajo, como no. Tienen esa especie de garantía”. Al escucharse diciendo semejante barbaridad, en lugar de buscar algún modo de retractarse -si se pudiera-, quiso justificarse señalando que lo mismo sucede en otros cuerpos legislativos.
Vega cometió la indiscreción de decirlo con un ofensivo desparpajo. Pero lo más crítico es que puso en evidencia una práctica deplorable que acrecienta el descreimiento en la clase política y, lo que es peor, en la democracia.
Es tiempo de reglamentar el trabajo de los asesores, para que dejen de ser costosísimos “ñoquis”.
 

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