Proclamar e imitar

sábado, 26 de abril de 2014 00:00
sábado, 26 de abril de 2014 00:00

El origen de las canonizaciones no está en la autoridad eclesial, sino en el pueblo creyente. Para que alguien sea canonizado es necesario que una buena parte del pueblo de Dios perciba al candidato o candidata como santo o santa. Esta percepción social es determinante. Sin ella la Congregación para la Causa de los Santos no comienza ningún trámite. Pero esa percepción es insuficiente. Debe estar acompañada de una documentación cierta que permita pasar de un culto espontáneo para darle el carácter de culto público, es decir, que pueda ser rendido oficialmente en nombre de la Iglesia.
Hoy la comunidad cristiana vive un gran acontecimiento con la ceremonia de canonización de los Papas Juan XIII y Juan Pablo II, popularmente proclamados santos cuando aún vivían. Juan XXIII fue el Papa que convocó al Concilio Vaticano II, uno de los más grandes acontecimientos mundiales del siglo XX. Se caracterizó por su infinita bondad. Juan Pablo II, más cercano en el tiempo, salió al encuentro de los más variados pueblos del orbe llevando el Evangelio y entregó hasta el último suspiro a la causa de Cristo.
Nuestro obispo diocesano Mons. Luis Urbanč participará hoy de esta ceremonia que se realizará en el Vaticano. Con él los catamarqueños estaremos representados, como lo estuvimos el miércoles último por medio de las primeras autoridades de la provincia que tuvieron una audiencia privada con el Papa Francisco para llevarle el anhelo de este pueblo de tener en los altares al franciscano más ilustre de la historia de nuestro país, nuestro amado Fray Mamerto.
En estas representaciones se ven reflejadas las percepciones del pueblo creyente de Catamarca que deseó la canonización de los Papas que hoy son elevados a los altares, y aguarda aún la de Esquiú. Pero las percepciones no deben quedar sólo en eso, sino avanzar hacia la imitación de esas vidas ejemplares que amaron y sirvieron con total entrega.  

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