DESDE LA BANCADA PERIODÍSTICA

Urbanc metió el dedo en la llaga

sábado, 31 de mayo de 2014 00:00
sábado, 31 de mayo de 2014 00:00

Justo en la semana en que iba a completar su paso terrenal el Obispo Emérito, la voz de la Iglesia de Catamarca sonó bien fuerte en los territorios de la política.
Monseñor Luis Urbanč, reemplazante de don Elmer Miani, no eligió una fecha patria ni una homilía en el cierre de festividades marianas para expresar lo que, casi en forma unánime, ha dejado de ser impresión para convertirse en verdad revelada: el aprovechamiento impúdico que hacen los dirigentes de los bienes y dineros públicos.
Ha dicho el jefe espiritual de la Diócesis, para referirse al funcionamiento del Concejo Deliberante de la Capital, que “los funcionarios que cobran y no trabajan le están robando al país”.
Lejos de pasar desapercibida, la declaración movilizó el funcionamiento de la corporación política y varios fueron los concejales que, sin tino, y mucho menos autoreflexión, salieron a discrepar con el prelado.
Antes de analizar hipócritas y lamentables defensas, hay que extender el alcance de las críticas. No valen solamente para los miembros del cuerpo deliberativo local sino también para la totalidad de los estamentos políticos de la provincia, pertenezcan éstos al oficialismo o a la oposición. También tienen que ver con la Justicia y, muy especialmente, con la Legislatura provincial, convertida de un tiempo a esta parte en “botín de guerra” de auténticos mercenarios que pretenden hacerse pasar por señores de la ley. Nada más alejado de una realidad que mucho tiene que ver con las expresiones del Obispo que, aunque con alguna tardanza, ha removido la herida provocada por añosos desatinos.

Sin “mea culpa”

La concejal Jimena Herrera, una joven de profundo compromiso con los pobres y menesterosos, fue la única que respaldó el pensamiento de Urbanč. Lo hizo, a su modo.
Dijo “quién se sienta herido que observe y examine su vida”.
Más claro: pidió que sus pares comprendieran el sentido profundo de la reprobación. Nadie le prestó atención y, por el contrario, salieron a denostarla. A ella y a él.
Por ejemplo, el concejal Juan Cruz Miranda fue el más duro al señalar: “Todos coincidimos en que fueron desafortunadas las palabras del Obispo, pero me parece que hay una voz que sigue callada. Es la suya (por la presidente Jimena), que debe representar al Concejo Deliberante. Confío en usted porque es una persona de bien, pero la persona hace al cargo y no el cargo a la persona”.
Por empezar, sobre tan burdo ataque, hay que decir que no comprendemos la expresión “todos coincidimos”. Miranda, posiblemente, se habrá referido a “todos los concejales” (sin contabilizar las excepciones), porque el resto de la sociedad adhiere absolutamente con la visión de monseñor.
Igualmente se equivoca este representante del pueblo (hay que aclarar que, durante su corta trayectoria, llegó a cargos electivos incluidos en listas sábanas, las cuales cada día pierden más legitimidad) cuando le espeta a Jimena que, como presidente del cuerpo, tiene la obligación de hablar a favor de sus miembros. Claramente no tiene esa obligación, concejal. Su libertad de conciencia vale más que cualquier cucarda transitoria, por democrática que sea.

Chicana de baja estofa

Si Juan Cruz Miranda se pasó de la raya en su “sesudo” análisis, lo del concejal Pablo Herrera es mucho más grave cuando, dejando de lado los eufemismos, indicó “el Obispo tuvo palabras desafortunadas”. “No coincido con él, con todo el respeto que merece su investidura. Estoy hace 7 años en el Concejo y hemos trabajado y aprobado diferentes proyectos, convenios y hasta donaciones para el Obispado. Veo que el Obispo nos pide que hablemos de temas importantes, pero jamás escuché al Obispo pronunciarse en ningún momento ni en ninguna homilía acerca de los curas pedófilos que hay y seguirá habiendo, por citar un ejemplo”.
Como Pablo Herrera afirma que “hay curas pedófilos”, debería, en su condición de funcionario público, establecer la denuncia en la Justicia y no utilizar una situación de confrontación con un Obispo para hacer semejante confesión.
Lo de Herrera, por si fuera poco, se torna mucho más grave por tratarse de un sobrino carnal de un exgobernador -Eduardo Brizuela del Moral- que pretende volver a ocupar el máximo sitial de la provincia.
Y lo de los favores al Obispado, con plata del Estado, es una desfachatez. ¿O pensará Herrera Brizuela del Moral que se trata de una operación comercial a cambio de silencios? Igual debe saber que uno o varios curas, por corruptos que fueren, no son la Iglesia.

Voz autorizada

Considerando que la Iglesia es una de las instituciones más creíbles de la sociedad y que el nuestro es un pueblo mariano por excelencia, conviene analizar las palabras del jefe de la grey en su justo contexto.
Está muy bien que haya salido a la palestra y, como lo apuntamos anteriormente, celebramos que haya roto un mutismo de varios años en los cuales la Iglesia de Catamarca pareció desentenderse de cuestiones mundanas que, largamente, excedieron los moldes de austeridad y prudencia que regulan los comportamientos sociales.
Tolerar que un funcionario como el diputado Hernández, cuando ejercía como concejal, haya hecho renunciar a nueve empleados de su facción para acomodarlos en planta permanente y, a las 24 horas, devolverlos al puesto político es una canallada que no puede permanecer sin condena.
Que la gran mayoría de los funcionarios de la cámara de Diputados tenga, en forma paralela, un puesto de planta permanente y en las máximas categorías del escalafón hay que asociarlo, lisa y llanamente, a los terribles índices de desocupación que tiene Catamarca.
Se trata, salvo excepciones, de puestos de trabajo no necesarios tanto para el Concejo Deliberante como para la cámara baja. A ello hay que sumarle la existencia de miles de ñoquis que engrosan la planilla salarial de la Administración Pública.
Al patético cuadro de situación aquí expuesto, que se compadece totalmente con lo de “los funcionarios que cobran y no trabajan le están robando al país”, hay que considerarlo causa principal del retroceso social.
¿Si se ordenara, de acuerdo a sus reales necesidades, la Administración Pública, acaso no se ahorrarían millones y millones de pesos como para fomentar iniciativas que generen genuinas fuentes de trabajo de las que participen todos los catamarqueños y no únicamente los integrantes de la corporación política?
Ya sabemos, de sobra, que estamos pidiendo imposibles si es la corporación política la encargada de tomar las decisiones de fondo. No las van a tomar nunca, pero en algún momento chocará con un escollo insalvable. Será cuando hasta la plata que se le saca a la educación, a la salud, a la seguridad, a los servicios públicos, etc., ya no alcance para atender a un “socialismo” canchero que, invariablemente, conduce a la decadencia como pueblo y como provincia.

Tiempos difíciles

Los que vienen, de acuerdo a distintas predicciones, serán tiempos difíciles para la Argentina. Obviamente, para la Patria chica.
Precisamente por ello, en una sociedad permisiva y que cultiva cada vez más la impunidad, las recientes expresiones de Luis Urbanč parecen por demás oportunas para iniciar el camino del retorno a la normalidad.
No será fácil hacerlo. Largos años de demagogia y “dolce vita” crearon la cultura del menor esfuerzo, que será problemática erradicar, pero la cruda realidad -como lo dijimos antes- empujará a recomponer la llaga recientemente afectada.
No importará, lo aclaramos, quién gobierne. Cualquier sea el locatario de República y Sarmiento tendrá que tomar medidas de fondo. ¡Y qué mejor que sea acompañado por la voz de una institución creíble como la Iglesia Católica!

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