Mala praxis

jueves, 25 de septiembre de 2014 · 00:00

En todos los tiempos y culturas, la lucha por el poder inspiró bajezas en los contendientes. Hasta se perfeccionaron procedimientos, en los que se justifican métodos y herramientas, para conseguir y mantener el poder. En el imperio romano -y mucho antes-, se aplicaba las máximas latinas “divide et impera” (divide y obtén el poder), “divide et vinces” (divide y vencerás), que siguen vigentes como forma de dominio. Asimismo, acciones que perjudicarán al pueblo son presentadas como un gran beneficio, con el sólo propósito de menoscabar al contrario.
Si bien estas prácticas no son tan frecuentes en países que alcanzaron una mayor madurez democrática, sí lo son aún entre nosotros. Así, la actividad política local suele poner más el acento en impulsar complicaciones a los demás que en perfeccionar propuestas y acciones por el bien común.
Esta realidad obliga a la ciudadanía a estar atenta para no dejarse envolver por palabras cargadas de buenas intenciones, pero que, si las leemos entre líneas buscando lo que esconden, conllevan propósitos no tan buenos. Cuando se quiere generar complicaciones para dar la sensación de que todo es caos y se provoca incertidumbre lastimando la confianza de la gente, es cuando más alerta debemos estar.
La relación actual entre oficialismo y oposición en Catamarca es una muestra de lo lejos que estamos de una solidez democrática. A tal punto es así, que un diputado ni siquiera busca expresarse con disimulo en su intención de poner palos en la rueda. Cuando el radical Raúl Giné dijo: “Es problema del gobierno cómo pagará el incremento que aprobaremos”, confesó abiertamente que el proyecto que pretenden sancionar es inviable y es evidente que quieren que el Gobierno pague un costo político al vetarlo. El buen objetivo de mejorar la condición salarial docente es sólo de palabra. Todo indica que en realidad poco y nada les importan los docentes, sino que los usan para desestabilizar.
No se trata de defender al Gobierno, sino de denunciar prácticas perniciosas para que no seamos sorprendidos en nuestra buena fe.
 

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