Apuntes del Secretario

martes, 24 de noviembre de 2015 00:00
martes, 24 de noviembre de 2015 00:00

Apuntalado por el propietario del diario El Ancasti, Oscar Castillo pretende convertirse en el representante directo en Catamarca del electo presidente de la Nación, Mauricio Macri. Se trata de una maniobra política llevada adelante con forcep y que, por burda y ridícula, no podría materializarse en los hechos. Es que el senador nacional, aparte de haber renegado de la falta de apoyo macrista en las Paso del pasado 9 de agosto, perdió incuestionablemente en tres elecciones consecutivas (aquellas primarias, la primera vuelta del 25 de octubre y el pasado domingo, en oportunidad del balotaje) y con semejante carta de presentación no está en condiciones de exigir representaciones como la que pretende capturar, en detrimento de figuras jóvenes como los dirigentes locales del PRO (Fernando Capdevila, Cesarini, Molina, etc.) o el sector radical que, desde un principio, apostó por Macri y tiene como figuras salientes a Alfredo Marchioli, Augusto César Acuña o el exintendente Ricardo Guzmán, alguien no tan joven pero que nunca anduvo peleando por cargos y los que tuvo, indudablemente, los consiguió por capacidad y méritos propios. También cuenta a la hora de la verdad la potencia electoral de la dirigencia y, en ese sentido, lo de Castillo está muy lejos de Brizuela del Moral. Ni siquiera podría equipararse a un Gustavo Jalile, el ganador del distrito más importante de la provincia después de la Capital.


Oscar Castillo.

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De esta manera, las eventuales reuniones (de Castillo) con la plana mayor del macrismo tendrán un valor relativo y, en ellas, no podrá argumentar merecimientos que no existen, y por los cuales corre del riesgo de recibir alguna respuesta algo destemplada. Es que se trata de un perdedor de referencias muy claras para la ciudadanía catamarqueña y que, en cierta forma, contribuyó con sus niveles negativos de imagen -un caso parecido o similar al de Aníbal Fernández a nivel nacional- a la derrota de Mauricio Macri en territorio provincial. A propósito de esta situación, fue toda una parodia el festejo dominical de la alianza “Cambiemos” en nuestra ciudad, que ocupó espacios desmesurados en los diarios locales. Nadie les puede privar a los muchachos de sentirse felices por el ascenso de Macri a la presidencia de la Nación, pero de allí a querer transformar una derrota en casi todos los departamentos en triunfo, es más o menos como pretender hacer magia. Por cierto, “el festejo” fue solamente un montaje para la foto.
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La lectura del balotaje presidencial en la provincia, comparando con las Paso y la primera vuelta, resulta de fácil comprensión. Tanto el Frente para la Victoria como el Frente Cívico mantuvieron sus números y el crecimiento que registraron sus respectivos postulantes presidenciales se debió al voto de un sector independiente que, evidentemente, no comulga con ambas formaciones y en las elecciones de agosto y octubre se volcó al barrionuevismo o votó en blanco. De esta forma, Macri pasó de 79.000 votos en la primaria a casi 100.000 y Scioli, de los 99.000 a los 113.000.
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Fue forzada, por ello, la lectura que hizo el senador Castillo durante tarde del domingo cuando ya los números del balotaje eran irreversibles. Se ufanó de “haber recuperado muchos votos” para el Frente Cívico y Social, lo cual es una falacia o un signo de absoluto cinismo. ¿Cómo puede explicar que haya hecho mejor campaña cuando no tenía candidatos locales en pugna? Los votos que en la Capital le dieron el triunfo a Macri por sobre Daniel Scioli -fueron más de 3600- le dieron la espalda al Frente Cívico y Social hace un mes, cuando en las elecciones generales el candidato del Frente Para la Victoria, Raúl Jalil, logró la reelección por sobre Raúl Giné, el candidato del Frente Cívico para la intendencia capitalina. Por lo tanto, la cosecha de votos en la Capital fue de Macri, no de Oscar Castillo. Puertas adentro del FPV deberán hacer ahora mea culpa del resultado de la elección capitalina.


Mauricio Macri. 

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Por ayer, el Tribunal Electoral le ponía punto final a la controversia planteada por el Frente Cívico en cuatro jurisdicciones donde, en las elecciones del 25 de octubre, se produjeron grandes diferencias a favor del Frente para la Victoria en la categoría concejal. Se trata de Aconquija (Andalgalá), Londres (Belén) y las villas de Pomán y El Alto. Por aplicación del sistema D’Hont, en cada uno de estos lugares le corresponderían las bancas que se ponían en juego -dos en total- al oficialismo, pero el Frente Cívico hizo una presentación, con base en un artículo de la ley Electoral, por la cual reclama una banca para la minoría a partir de haber alcanzado el 3% de los votos. Los doctores Cáceres y Álvarez Morales, integrantes del tribunal, avalarían el reclamo, proponiendo el reparto de una banca por lado, en tanto Carlos Bertorello votaría en disidencia, o sea por la aplicación del sistema D’Hont, con lo cual el FPV, al haber doblado en votos a su rival, debería quedarse con las bancas.


Raúl Giné. 

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Para un mejor entendimiento de los lectores veamos los números del 25 de octubre en estos lugares. En Aconquija, el Frente para la Victoria se impuso al Frente Cívico 1.371 a 468; en Londres 1.131 a 495; en El Alto 1.005 a 316 y en la villa de Pomán 1.630 a 737. De esta manera, por el sistema proporcional deberían ingresar Claudio Faustino Vergara y Hortencia Vergara (Aconquija); Diego Martín Roldán y Laura Beatriz Sánchez (Londres); Gabriel Eduardo Bulacios y Silvana Evangelina Díaz (El Alto); Juan Argentino Carrión y José Ceferino Carrizo (Pomán). Con el fallo del máximo órgano electoral de la provincia, los nombrados en segundo término quedarían relegados para permitir el ingreso de los postulantes del Frente Cívico: Humberto Vedia (Londres), María del Carmen Reyes (Londres), Luis Roberto Gómez (El Alto) y Olinda Mabel Atencio (Pomán). Por la situación planteada, en el comando del Frente para la Victoria no se “bancan” la resolución y ya anunciaron que, anteponiendo resoluciones distintas para casos similares de otros momentos, la apelarán ante la Corte de Justicia. El dilema, por lógica, demoraría las asunciones de los involucrados en el conflicto.

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Una gran polémica generó ayer, a nivel nacional, la editorial del diario La Nación, mediante la cual abiertamente pidió que se vuelva atrás con la política de Derechos Humanos y el juzgamiento de los crímenes ocurridos durante la dictadura militar del 1976 a 1983. Tanto que hasta los periodistas del propio medio se manifestaron, a través de sus cuentas de redes sociales y mediante un comunicado -que fue difundido por todos los medios menos por La Nación-, en repudio al escrito. “La elección de un nuevo gobierno es momento propicio para terminar con las mentiras sobre los años 70 y las actuales violaciones de los derechos humanos”, comenzó La Nación la nota publicada un día después del balotaje presidencial y destinada a promover el fin de los juicios de lesa humanidad y liberar a los condenados.


José Ricardo Cáceres. 

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La editorial del centenario matutino pretende volver atrás con una de las políticas más importantes que impulsó el kirchnerismo en los primeros años, cuando logró declarar la inconstitucionalidad de las leyes que, durante el gobierno de Menem, paralizaron las investigaciones por los crímenes ocurridos durante la Dictadura. Tan importante, que se logró recuperar la identidad de casi ciento veinte jóvenes que habían sido objeto de uno de los delitos más crueles, como fue la sustracción sistemática de los bebés que habían nacido en cautiverio en los centros clandestinos de detención donde se torturó hasta la muerte a miles y miles de presos políticos. Terminar con la “mentira” que pretende La Nación, sería garantizar la impunidad de criminales que perpetraron fusilamientos, como los ocurridos en 1974 aquí, en Capilla del Rosario, y a quienes secuestraron a los jóvenes catamarqueños Nelly Yolanda Borda, Julio Burgos y Francisco y Griselda Ponce. Fueron esas políticas las que permitieron a los catamarqueños desbaratar la mentira tantas veces impuesta de que la provincia “fue una isla” y realizar tres juicios orales en los que fueron condenados los responsables de tan aberrantes crímenes. Por ello, adherimos al repudio de los trabajadores de La Nación cuando expresan que “rechazamos la lógica que pretende construir el editorial de hoy, que en nada nos representa al igualar a las víctimas del terrorismo de Estado y el accionar de la Justicia en busca de reparación en los casos de delitos de lesa humanidad con los castigos a presos comunes y con una ‘cultura de la venganza’”.


Carlos Alberto Bertorello.

El Esquiú.com

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