Ser como queremos ser

martes, 8 de septiembre de 2015 00:00
martes, 8 de septiembre de 2015 00:00

La mayoría de los habitantes de una ciudad anhela tener un entorno limpio, ordenado y seguro. Pero, en el caso de esta ciudad Capital, los mismos habitantes no hacemos el mínimo esfuerzo para contribuir a ese objetivo. Además de los malos hábitos urbanos, de casi todos, es preocupante el creciente número de vándalos que destruyen por destruir.

Bancos de plazas, cestos de basura, vallas para el tránsito, adornos, baldosas, adoquines, paradas de colectivos, farolas y focos, entre tantos otros elementos que conforman el mobiliario urbano, son robados o dañados produciendo un importante perjuicio a la sociedad en general y a los más vulnerables en particular, porque afecta la accesibilidad y la seguridad de quienes se mueven por calles y plazas. Durante el tiempo en que dejan de funcionar se nota la suciedad y el desorden, y su reposición demanda un altísimo costo que debemos pagarlo todos.

Desde la municipalidad se van tomando recaudos para evitar las consecuencias de esas acciones vandálicas con sistemas de control con cámaras de video, asegurando la iluminación con elementos que contrarrestan acciones destructoras y otros recursos de seguridad, pero aún así no se han podido minimizar esos efectos.

Nuestros barrios, calles y espacios públicos expresan nuestra forma de ser como comunidad, como también denuncian las desigualdades sociales. El individualismo que lleva a actuar sin que importen los demás, da lugar al no cumplimiento de pautas básicas en el tránsito, como no respetar semáforos, tocar bocinazos por cualquier motivo y tantas otras expresiones que forman parte de una desordenada convivencia. Ese individualismo es también la causa por la que valoramos más vivir en un sector que en otros y hasta estigmatizamos barrios, abriendo brechas sociales cada vez más grandes.

Mientras no revisemos nuestras propias actitudes y conductas, exigiéndonos cambiarlas para mejorar la convivencia social, mal podremos esperar que nuestra ciudad se parezca a aquellas que vemos en películas o que tuvimos la oportunidad de conocer y maravillarnos. Los funcionarios, por su parte, deberán promover igualdad de oportunidades e insistir con campañas de concientización para modificar estos malos hábitos tan arraigados.

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