Editorial

Adiós Don Jaime...

miércoles, 26 de diciembre de 2018 00:00
miércoles, 26 de diciembre de 2018 00:00

Se fue con 80 años, horas antes de la Nochebuena, Don Jaime Torres, un prodigio tucumano de familia boliviana, que de la mano de su charango recorrió el planeta entero, hasta erigirse en una de las figuras musicales más importantes del país.
En el mítico escenario del Teatro Colón recibió una ovación, al igual que en nuestra Fiesta del Poncho y en verdaderos templos del arte como la Filarmónica de Berlín, la Sala Octubre de Leningrado y el Lincoln Center. Sería más breve y sencillo enumerar los países que no visitó que todos los que se rindieron ante su talento.
Era un auténtico embajador cultural, conocedor de las alegrías y penurias del interior más profundo.
Tuvo éxito, fama y gloria, pero no se dedicó a descansar sobre los laureles para disfrutar del lujo.
Desde la cima, se ocupó de enseñar, alentar y acompañar a los suyos, a los que amaban su música y sus instrumentos, aunque jamás pudieran igualarlo en calidad artística.
Así, año tras año, desde 1975, organizaba en Humahuaca, provincia de Jujuy, un encuentro de instrumentistas andinos no profesionales, reivindicando para sus protagonistas (labriegos, pastores, mineros y alfareros) la música del altiplano.
Al “Tantanakuy” (palabra quechua que significa “encuentro”) se sumaban con él artistas profesionales que participaban en una verdadera “asamblea musical”, sin cobrar entrada alguna: era música por la música, para el pueblo.
Dio un paso más en 1980 y organizó un extraordinario “Tantanakuy Infantil” en el que intervinieron alrededor de quinientos niños en edad escolar.
Cuando le recordaban que conquistó el Colón, lo celebraba al explicar que no era una consagración personal, sino del charango y su música. Así era Don Jaime, un talento que se fue y dejará su obra latiendo para siempre, como los vientos de la Puna.

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