Orgullo catamarqueño

Un informe publicado por el matutino Clarín revela que se incrementó en más de 35.000 alumnos la matrícula de las escuelas rurales secundarias del país, un área siempre difícil donde resulta excluyente la participación del Estado.

En toda la Argentina, el 94 por ciento de las escuelas rurales son públicas, lógicamente, porque para los privados no es redituable.

El informe señala que decenas de miles de adolescentes argentinos, de tan sólo 12 o 13 años, hoy no pueden ir a la escuela por más que quisieran.

Son los que viven en zonas rurales y que, una vez terminada la primaria, no pueden entrar a la secundaria por una sencilla razón: no tienen ningún colegio cerca y tampoco familiares en un pueblo o ciudad que puedan acompañarlos en su trayectoria educativa.

Estos chicos se caen del mapa, por más que están entre los que más hacen por poblarlo.

Una realidad dura que sin embargo muestra un dato alentador: entre 2011 y 2016 se pasó de 265.598 a 302.135 alumnos en esos colegios.

Catamarca aparece entre las provincias con una mejora impactante, con más de 1.100 chicos del interior profundo incorporados a las actividades académicas, incluidos en un sistema que no los contemplaba.

Para alcanzar este logro, fue vital la decisión de la gobernadora Lucía Corpacci, quien apenas asumió creó más de 30 nuevas escuelas rurales secundarias: algunas ya tienen su propio edificio, todas tienen su cuerpo docente, y la asistencia se asegura con transportes gratuitos y pensiones para alumnos cuando es necesario.

Con esa medida, Catamarca redujo en los últimos años su nivel de deserción escolar y ofreció otro futuro a toda una generación de chicos que históricamente fueron olvidados.

Hoy tienen una oportunidad. Si cuando nos toca aparecer en índices negativos reclamamos -con razón-, debe decirse que estas noticias generan orgullo.
 

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