Editorial

Cuestionable

sábado, 12 de enero de 2019 00:00
sábado, 12 de enero de 2019 00:00

El consumo y comercialización de estupefacientes se convirtió en uno de los problemas más serios de las sociedades modernas.
Sin distinción de clases sociales, las adicciones continúan expandiéndose y causan verdaderos estragos en la comunidad, en particular en niños y jóvenes, que son arrastrados -por una multiplicidad de factores- a un camino de autodestrucción del cual luego se hace muy complejo salir.
El Estado destina enormes fortunas por este flagelo. En parte a través de los organismos de seguridad, que trabajan en la represión y desarticulación de los grupos que comercian las sustancias. En parte a través de salud y educación, cuya responsabilidad pasa por la contención, asistencia y prevención del segmento que resulta vulnerable al consumo.
El mundo de la droga y sus nefastos efectos se manifiestan constantemente en el incremento de los índices de delincuencia, en la mayor violencia de los actos delictivos que genera, y un sinnúmero de expresiones entre las cuales no se puede hallar un solo matiz positivo.
Ante una realidad tan evidente y por todos conocida, resulta extraño cierto fenómeno que crece desde las plataformas del entretenimiento, que dejan a los más jóvenes un contradictorio y cuestionable mensaje.
Todo comenzó con el impensado éxito de una serie televisiva que novelizaba la vida del colombiano Pablo Escobar, y a partir de allí se lanzó todo un merchandising y una multitud de programas que explotan la imagen del mundo narco, proponiendo a sus protagonistas -reales o imaginarios- como fascinantes personajes que se valen de la fuerza para acceder a toda clase de lujos y placeres.
El “endiosamiento” de asesinos de estirpe miserable y sus métodos, poco ayuda si el objetivo es alejar a los más chicos del mundo de la droga.
Se dirá que es simple ficción, pero si la realidad obliga a explicar a jóvenes y potenciales víctimas del consumo el infierno al que se exponen, probablemente mostrar a los narcos como poderosos playboys no resulte especialmente ilustrativo.
Alcanza con preguntarse a quiénes ayuda la farandulización de esta actividad criminal, y se comprenderá muy pronto a quiénes perjudica seriamente.

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