Desde la bancada periodística

UCR: el club de amigos y allegados de Castillo

sábado, 02 de noviembre de 2019 00:07
sábado, 02 de noviembre de 2019 00:07

La secuencia, de tanto aplicarse, la conocen al dedillo los radicales. Y no escarmientan.
Primero se toma el partido, con lista única o anulando, vía subterfugios, a los rivales que pretendan cruzarse en el camino. El trámite siguiente es clausurar, con férreos candados, las puertas del comité y, un mes antes del cierre de listas para elecciones provinciales o nacionales, se las reabre para una convención, orquestada de antemano, que faculta al comité central a designar los candidatos electivos. De democracia interna, ni hablar.

El juego pendular no lo inventó, pero lo practica sin variantes el senador nacional Oscar Castillo desde hace tres décadas.
De esa manera se reserva los cargos más preciados para sí mismo –gobernador, diputado nacional, senador nacional, etc- y reparte el paquete de candidaturas y precandidaturas locales entre sus íntimos, sean amigos o fieles seguidores.

A este club de “Cosa Nostra”, con la estrategia explicada, le va de maravillas en la política. Su presidente vive de las prebendas y el resto de la directiva no se queda atrás en la toma de ganancias. Todos y cada uno –legisladores de distintas categorías- amasan fortunas sin siquiera transpirar la camiseta y nadie les reclama nada. Por el contrario, por allí hasta los aplauden por defender “los laureles que supimos conseguir”.

El único problema es que el poderoso Frente Cívico que se construyó en los 90 y llegó a ocupar posiciones irreductibles es cada vez más chiquito y menos influyente. En las cámaras y concejos deliberantes de la provincia baila el minué al ritmo del peronismo y su territorialidad se reduce a 4 intendencias sobre un total de 36. Digamos 10%. El 90% restante es del peronismo (y aliados) que se arrastró 20 años (1999-2011) en la miseria y la impotencia.

 

“La comida del chancho”

Para que estas cosas ocurran en un partido que tiene cerca de 130 años de existencia es necesaria la concurrencia de varios factores. 

Por un lado, que no haya debate y Castillo, vía marionetas como Luis Lobo Vergara o Alejandro Páez, se mueva cómodamente desde las sombras. Por el otro, que dirigentes que tienen trayectoria y amenazan con dar batalla, sean una especie de híbridos de la política que se quedan en bravuconadas de vuelo corto. A la hora de la verdad, los Brizuela del Moral, los Pernasetti, los Ricardo Guzmán, los Acuña, por nombrar a los últimos que prometían ir “por todo o nada”, retroceden y le dejan el campo libre al responsable de armados electorales que, irremediablemente, pierden de antemano.

Para estas elecciones 2019, más allá de nombres que no generaron expectativas, se cometieron errores casi infantiles, como poner un candidato a gobernador de escaso conocimiento público sobre la hora (¿cómo se entiende que Roberto Gómez haya sacado cerca del 40% en una interna y baje al 33% en una general?) y no armonizar un discurso de solidez institucional, como sería presentar un programa creíble y con ideas superadoras a las del gobierno de turno.

Se hicieron las cosas al revés. Todo el tiempo apelaron a bajezas y a querer sacar ventajas acusando al rival de permitir la instalación del narcotráfico o utilizar los dineros públicos en la timba financiera, mecanismo instalado por Macri a nivel nacional.
Parte de este libreto, falaz y mentiroso, fue otra “gran idea” del senador en jefe. Tras el fracaso de las PASO, donde los precandidatos consiguieron raquíticos dividendos, se apeló a un morboso consultor brasileño que propuso retroceder en el tiempo. Así vimos cómo se quiso reactualizar el Caso Morales y revivir el martirio de María Soledad, a la que utilizaron políticamente por más de 20 años. Pretendían seguir haciéndolo a través de personajes como “Joyi” Oliva, la segunda excandidata a diputado nacional que, casualmente, responde ciegamente a Castillo.

Por cierto, el brujo con el que buscaron el milagro de los años 90 coincidió plenamente con Castillo, un político que concibe que solo se llega al poder por la difamación y, si se habla de drogas, mucho mejor. Ya lo hizo en el pasado cuando, entre varios más, agravió a Julián Williams Kent, a Guillermo Luque, a Francisco Gordillo y jamás pudo ofrecer una prueba a la Justicia.

 

Caricatura perfecta

Para suerte del viejo tronco radical, en medio de silencios que aturden, surgieron voces que caricaturizaron al personaje que convirtió a la UCR en un bien de familia.
Una estuvo en boca de un exdiputado nacional, José Alberto Furque. Sin tener interés alguno en volver a las fuentes partidarias, pintó de manera magistral la figura de Castillo.

Se preguntó ¿cómo podemos justificar que el señor Castillo, desde hace  25 años, ocupe una banca en el Congreso Nacional y que jamás haya trabajado?, a partir de lo cual señaló, con un dejo de ironía, “digamos que tiene una toga virgen porque es abogado, pero jamás se lo vio trabajando en los Tribunales”. Completó el trazo caricaturesco de esta forma: “vive del Estado y de los negocios con el Estado”. También le quedó tinta para la UCR: “su conducta fue licuando lo que fue una fuerza de resguardo moral y ética a favor de la República”.

Vale lo de Furque. Por lo que fue como político (una de las más notables plumas y gran orador del Congreso)  y porque no lo anima ningún objetivo dentro del partido que supo militar.

La otra voz que retumbó en los tímpanos radicales fue de la joven Paola Bazán, de sólida actuación como diputada provincial. Sin demasiadas vueltas apuntó y responsabilizó a Castillo de la tragedia partidaria.
“El responsable es el armador político y todos sabemos que el armador político es el senador castillo, que viene cada tanto a la provincia, sobre todo en épocas electorales y a la hora de la campaña nos suelta la mano. El proclama, arma la lista a conveniencia y de acuerdo a intereses sectoriales y particulares”, indicó Bazán y remató diciendo “faltan ideas opositoras”.

A Furque no le contestaron, ni lo van hacer porque no tienen estatura moral para hacerlo. A Paola, desde la JR, le devolvieron cargos de baja estofa, como que ayudó a fracturar el bloque o incluyó a personas muertas en una lista interna que no compitió. Se trata de dos disparates con el sello indeleble del castillismo.

Conclusión final. No tiene la culpa Castillo. El toma ganancias ante la falta de coraje de una dirigencia timorata y no comprometida con causas nobles. Lo volverá a hacer en 2020 cuando haya que renovar el cuadro partidario (y su propia banca). 
Habrá lista única, en cabeza de algún títere como Páez, convención acomodada, con quórum ajustado, y designación de los cargos entre los amigos del club. 

Será el esquema para perder en 2021 y reducir a la mínima expresión a la UCR. Esto mismo lo anticipamos en 2018 pensando en 2019. Por supuesto, no nos equivocamos.

El Esquiú
 

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Comentarios

02/11/2019 | 09:08
#0
Clarito, clarito... ahora bien, elesquiú.com podría escribir acerca de cómo se manejan en el justicialismo local, que no están tan alejados de este tipo de tramoyas.

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