Desde la bancada periodística

Macri: lejos del 2015, cerca del retiro

sábado, 14 de diciembre de 2019 00:35
sábado, 14 de diciembre de 2019 00:35

No vamos a puntualizar punto por punto los desastres que ha dejado Mauricio Macri en su gestión de cuatro años. Eso es materia específica de los economistas que, en tiempos de crisis, afloran como los hongos después de una lluvia. 

Cada ciudadano, de clase media para abajo, los percibe (a los desastres) en el quehacer diario y en lo que le cuesta enfrentar las necesidades indispensables. Ocioso es redundar sobre lo mismo.

Si vamos a abordar la cuestión política, directamente relacionada con el futuro de los argentinos y de los catamarqueños, claro está.

El expresidente ya está en la historia. No por haber producido los cambios que prometió o haberle dado un perfil de progreso al país. En tal caso, hubiera ganado las elecciones.
Queda en la historia por haber sido el único Jefe de Estado que, desde la instauración del voto obligatorio, en los albores del siglo XX, fue a una reelección y la perdió.

Antes de él, Hipólito Yrigoyen, Juan Domingo Perón, Carlos Menem y Cristina Fernández de Kirchner intentaron un segundo mandato y consiguieron el respaldo del pueblo. A Macri, por dos veces, le dijeron que no. En las PASO y en la primera vuelta.

 

Lejos del 2015

La derrota de Macri cuando buscaba quedarse cuatro años más en la Rosada, se sabe, no fue una casualidad. Respondió, fundamentalmente, a que había perdido total credibilidad y lejos, muy lejos, estaba del Macri de hace cuatro años atrás que se presentaba como una esperanza.

A esa esperanza, claramente, la sustentó con el discurso. Para el, cambiar el rumbo de la economía era cosa fácil y, por las dudas surgiere una complicación, según su relato, contaba con un equipo de colaboradores que era el mejor de la Argentina de los últimos cincuenta años.

Después siguió con la lluvia de inversiones que caería sobre la Argentina, a la que pasó del primero al segundo semestre, de éste al que seguía y, finalmente, todo se trasladaba al segundo mandato presidencial que nunca iba a llegar. En síntesis, fue tan fuerte el fracaso que cuesta pensar que los seguidores amarillos albergaran ilusiones de que pudiera ganar. Al fin, en los límites del mesianismo, casi terminan “festejando una derrota” por 8 puntos –más de dos millones de votos- porque las PASO habían registrado una distancia cercana al doble. En concreto, habían mordido el polvo de la derrota frente a un rival que, cuatro años antes, quedó atomizado y destruido.

El plan de marketing macrista ideado por los asesores de imagen, hay que reconocerlo, dio muy buenos resultados en 2015. Aparte de cargarle todas las responsabilidades a la expresidenta Kirchner, presentándola como un símbolo de la corrupción, consiguieron llegar a amplios sectores de la sociedad que estaban bien, pero fueron convencidos que iban a estar mejor. ¡Enorme mentira!

El plan comunicacional que, a los medios tradicionales agregaba las redes sociales, también reforzó la esperanza de un país mejor y, de esa manera, Mauricio Macri ganó una elección que el peronismo, aun dividido, la peleó voto a voto hasta la instancia de balotaje.

Después vino el jolgorio de los globos, la misión de gobernar en serio y ya sabemos lo que pasó. 

Aquel Macri que tanto prometía, en apenas cuatro años, no era más que un rostro demudado que se obstinó en intentar una reelección que, sin exagerar, era misión imposible. Nada de lo que decía llegaba creíble a la gente y, como era de suponer, el amperímetro electoral bajaba y bajaba, al mismo tiempo que los desterrados del año 15, encabezados por Cristina Kirchner, subían y subían. Esa constante siguió hasta las elecciones, con los resultados que conocemos. Y se prolongó hasta la elección del club de sus amores, Boca Juniors, al que directa o indirectamente había dirigido, a “gusto y piacere”, desde hace un cuarto de siglo. Bien podríamos afirmar que el 8 de diciembre cayó su último bastión.

 

Cerca del retiro

Con la derrota consumada y mientras preparaba la mudanza de la residencia de Olivos, Mauricio Macri proclamó su intención de ser el jefe de la oposición al kirchnerismo, su obsesión desenfrenada de estos años. Al peronismo, al menos en su discurso, no lo reconoce. Ni lo nombra.

Cualquier analista que no profundice y considere que a Mauricio lo votó el 27 de octubre el 40% del electorado, bien que podría apostar por su continuidad en la política y, por qué no, que fuera un líder de la oposición.

Lo que parece tan simple, sin embargo, tiene amplia complejidad. El 40% de las elecciones no le pertenece íntegramente, aunque nadie le podrá discutir que la boleta electoral tenía su imagen. Los radares de las consultoras, en forma unánime, señalan que de ese total de la oposición hay un voto lábil, digamos 10%, que tomó ese sendero “para evitar el regreso de Cristina”.

Otro preparado que sale de la cocina de las consultoras indica, con más claridad, que después del 27 de octubre la imagen del expresidente siguió en caída libre. Señalan, por ejemplo, que si las elecciones fueran ahora mismo el resultado sería distinto. Alberto Fernández subiría aproximadamente 5 puntos en su detrimento, lo que en términos de números significan casi cinco millones de votos.

Si la imagen está destruida, mucho más grave es la salud de la coalición vencedora de 2015. La Coalición Cívica, una punta de lanza casi venenosa que, con razón o sin ella, se utilizaba para acercar a los opositores a la cárcel, está de vacaciones o en franca retirada. La voz de denuncia de Carrió guarda silencio y hasta corre peligro de soportar problemas judiciales por tanta cháchara falsa que proclamó en acuerdo con medios de comunicación y los servicios de inteligencia.

Lo del radicalismo es otra valla casi insalvable para Macri. El sector gobierna tres provincias –Mendoza, Jujuy y Corrientes-, tiene igual o mayor cantidad de intendentes y legisladores que el PRO y, como lo han adelantado sus voceros, lo menos que pretenderá será una conducción horizontal de la oposición.

La eventualidad de compartir planes y estrategias con otros sectores no es melodía del gusto de Macri. El entiende que nació para mandar y así llevó adelante su gobierno. Cuando le reclamaron algo sus socios, aclaró que la alianza fue puramente electoral y que los rumbos del gobierno los tomaba él y un pequeño séquito que encabezaba su jefe de gabinete, Marcos Peña.
Con esta realidad y antecedentes, lejos de ofrecer resistencia política, la eventual jefatura de Mauricio Macri de la oposición es prácticamente una quimera. Por ello nos animamos a predecir, antes que cualquier otro medio, que optará por un silencioso y lento retiro de algo que, evidentemente, no siente: la política.

Lo expuesto, como puede apreciarse, es política nacional. Pero, sin dudas, repercute en la oposición de Catamarca, visiblemente dañada por el 27 de octubre y sin miras de recomponerse de manera orgánica. Sufrirá la ausencia de Macri porque no tendrá un referente nacional y porque ya no dispondrá de los cargos nacionales dentro de la provincia. Por allí repunta, a conciencia que no habrá recursos, con las posiciones menos concesivas del comité nacional. Por largo tiempo, empero, esto será “noticia en desarrollo”.


El Esquiú.com
 

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Comentarios

14/12/2019 | 13:09
#0
muy bueno el anàlisis,es lo que en realidad sucediò,este señor hizo todo lo que se le diò la gana,desconociò las leyes,sacò prèstamos,para favorecerse a si mismo y a su banda de pandilleros,ya que tiene intereses en casi todos los empredimientos del paìs,hasta el futbol con el club màs rico,pero todo llega a su fin,el pais no era su estancia,y lo peor la persecuciòn a sus opositores,con las mañas mas groseras de la mafia,cosechò su siembra.

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