Desde la bancada periodística

Walter Arévalo, al filo del 2020, “tiró la toalla”

sábado, 28 de diciembre de 2019 00:00

Durante el clímax del conflicto entre el Sindicato de Obreros y Empleados Municipales (SOEM) y la conducción de la comuna capitalina, nos animamos a parangonarlo con una disputa boxística. O sea una pelea.

No había guantes, sogas, toallas o protectores bucales en este enfrentamiento que duró más de dos semanas, las primeras de Gustavo Saadi como intendente de San Fernando del Valle. En su lugar, la puja tuvo que ver con la basura, el tránsito, los servicios esenciales, las movilizaciones, etc.

La cosa duró hasta el jueves post-Navidad. En todo ese tiempo, sin embargo, nunca quedó claro cuál era motivo central del reclamo. Si la basura, si los precarizados, si las deudas, si los descuentos. O todas juntas, más otras reclamaciones por el vil metal. 

Tratándose de Walter Arévalo, un hombre que mezcla reparaciones obreras con comportamientos políticos, todo es posible. Hasta considerarse amo de la verdad y patrón municipal, independiente que nadie lo haya votado allende los territorios del gremialismo.

 

La toalla en el aire

Para sorpresa de muchos, la pelea o el conflicto que mantuvo en vilo a la clase política, se frenó con extrañas características para el gremialismo. Lo habitual es que los gobiernos –de cualquier nivel- o las empresas sean los que piden a la autoridad laboral la conciliación obligatoria. Aquí fue al revés. El SOEM solicitó a la Dirección de Inspección Laboral (DIL) que declare la conciliación obligatoria y obligue a las partes a volver a dialogar y negociar. Más o menos como suplicar “POR FAVOR, HÁGANME QUE SUSPENDA EL PARO QUE LLEVO A CABO”.

El día previo a la rememoración bíblica se habían dado vuelta las cartas. La autoridad laboral ordenó levantar el paro y Arévalo, en su afán de demostrar fortaleza, redobló la apuesta y prometió cortes de calle al por mayor.
El municipio también jugó fuerte. Ajustado a la ley, abogó por una declaración de ilegalidad, la que abre figuras jurídicas que tienen que ver con correctivos laborales y descuento de haberes.

Visiblemente maltrecho, sin respuestas de coherencia y sin apoyo de una gran cantidad de municipales –precarizados y no precarizados-, imaginariamente voló la toalla desde el rincón gremial clamando por una tregua que reabra las conversaciones. Estas podrían reanudarse –o no- el próximo viernes. Consecuencia directa: los municipales y los ciudadanos de la Capital, a esta altura visiblemente molestos, tendrán un fin de año sin zozobras. 

 

Amenaza contra Saadi

Diezmado legalmente, mareado y aun bamboleante, sin embargo, Arévalo se tomó la licencia de despedir el año cual bravucón profesional. Algo de lo que lo acusan seguido y, por su lado, parece dispuesto a agregar méritos para que lo sigan castigando.
Una vez que se dictó la conciliación obligatoria, furiosamente, le envió un mensaje cuasi mafioso a Gustavo Saadi. Le dijo por todos los micrófonos que se le acercaron “que se prepare porque el año que viene van a pedir un aumento cercano al 50% y la lucha va a ser peor que esta”.

No parece ser esta, de ninguna manera, una táctica de acercamiento. Al contrario, puede ser altamente contraproducente para los intereses de los trabajadores municipales. Por varios motivos.

1.- Ningún gremio se impone por la fuerza o vertiendo amenazas.
2.- La ciudadanía no respalda ni va a respaldar que no le levanten la basura y que se hagan negocios en detrimento de sus intereses.
3.- Los empleados municipales, precarizados o no, también forman parte de los vecinos y, aunque sea por lo bajo, discrepan con métodos extorsivos. Menos todavía si son violentos.
4.- A esta altura, la adhesión a las movilizaciones de Arévalo está francamente dividida. De otra forma no se habría pedido la tregua.
5.- La ley favorece a las autoridades del Estado en todo conflicto de larga duración.

 

Sentido de la autoridad

El problema que se ha planteado en la órbita municipal, lamentablemente, tiene que ver con factores estructurales que atañen a la provincia toda. Le toca a Saadi administrarlos, pero seguramente no los podrá solucionar como quiere Arévalo, como antes no lo pudieron remediar Raúl Jalil o Ricardo Guzmán.

También esta es una mala noticia para el gremio. Si hay entre 3.000 y 3.500 municipales, a los que se suman casi 5.000 precarizados y hacen cola por una solución laboral más de 10.000, al problema no lo va solucionar ni Mandrake, el mago.
Esto lo sabe muy bien Saadi y su secretario de Gobierno, Gustavo Aguirre. También los concejales de todos los colores que repudiaron las acciones y los métodos que emplea el gremialismo municipal de la Capital.

Por lo tanto, si alguien espera que después de la conciliación obligatoria lleguen las soluciones y se materialicen las conquistas por las que brega Walter Arévalo, se equivoca rotundamente. 

Tras la conversación de las partes, si es que se llega a conversar, todo seguirá exactamente como hasta ahora, salvo que el gremio se avenga a aceptar la realidad, no imposibles como volver atrás con la Ordenanza que declara a la recolección de la basura “servicio esencial” o traspasar precarizados a una planta funcional desbordada, no de ahora, sino desde hace largos años –tiempos del gobierno radical- cuando se intentó aliviar la desocupación con becas laborales o como quieran llamarles.
En medio de esta especie de maremágnum que se vivió estos días, el Ejecutivo Municipal hizo lo que correspondía. En primer lugar, defender la autoridad que le confirió el pueblo de la Capital y practicar emergencias de todo tipo para no quedar preso de los pareceres de un gremialismo un tanto atípico. 

El discurso del secretario general soemista no es precisamente acuerdista y no deja de tener tono autoritario. Si lo empleara para las cuestiones justas y posibles, sería muy bueno, pero hasta ahora ha ido al choque y se ha encontrado con una estrategia que se orienta, por sobre todas las cosas, a defender la institucionalidad.

Digamos, en definitiva, que se terminó un capítulo importante de una pelea de largo aliento. La administración de Gustavo Saadi, que recién arranca, tiene chances de imponer condiciones actuando a la par de la ley y graficando, con la verdad, la situación que se ha planteado.

A Arévalo no lo vamos aconsejar. Ya es grande y lleva un buen tiempo en el sindicato. Hizo cosas muy buenas que supimos aplaudir, como ir contra el cobro del plus médico, y otras que lo emparentan con el pasado gremial al que supo enfrentar y vencer.
Aquellos rivales de otros tiempos, igual que él, aplicaron metodologías que arrojaron réditos pasajeros. Hicieron de la recolección de la basura un arma extorsiva, pero a la larga terminaron envueltos en el descrédito ciudadano y de los propios agentes municipales. Algo de esto pudimos apreciar en las movilizaciones y en los comentarios que escuchamos hasta el jueves en que voló la toalla de la paz.

El Esquiú.com
 

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Comentarios

30/12/2019 | 01:43
#3
que hijos de p los del ancasti sos funcionario de jalil y tenes que mentir para que no te coran sos de la prensa de casa de gobierno inutil cuannto cobras para que saadi digas mentira saadi es intendete o gobernador porque en la muni mi figura
28/12/2019 | 16:15
#2
Sr intendente, la extorsión de la basura se va a terminar cuando nosotros los ciudadanos tengamos más conciencia ambiental, la mayoría de la basura orgánica puede compostarse (abono), además separar plásticos y papel, las pilas por otro lado...Nos hace falta educación y puntos donde llevar para reciclar...así lo que es realmente basura va a ser mucho menos y no vamos a tener tantos problemas...
28/12/2019 | 11:39
#1
No se quien es el ideólogo de esta nota plagada de errores de conocimiento y racionalidad, pretendiendo humillar y denigrar con calificativos de autoritario y bravucón a quien representa a una mayoría de los empleados municipales. Todos sabemos ladesventaja de los trabajadores ante el verdadero autoritarismo de una patronal, seaesta privada o estatal . Propio de quienes solo impulsan la paz de los cementerios o el gatopardismo. Por ejemplo, cuestionar, la desvinculación de la política y el sindicalismo, es desconocer todo, todo porque la política está vinculada con cualquier acto de la vida, mucho más si se trata de derechos.
28/12/2019 | 09:56
#0
Esto de ridiculizar al único sindicalista que nunca negoció lo resuelto por sus compañeros es cuanto menos propio de un periodismo sumiso y siempre complaciente con el poder. Por otra parte, Diario El Esquiú en las publicaciones que haya leído, nunca se solidarizó con los trabajadores o con quienes están en la base de la sociedad catamarqueña. Siempre trataron de de ignorar los reclamos sociales y adhirieron a quienes mandan. La argentina es otra, solo en catamarca todo sigue igual.

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