Desde la bancada periodística

Polémica a la vista: la eliminación de las PASO

sábado, 07 de diciembre de 2019 00:17
sábado, 07 de diciembre de 2019 00:17

Aprobar la ley provincial de primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) demandó debates y controversias en la Legislatura. 

La iniciativa de implementarlas fue de la gobernadora Lucía Corpacci y la oposición por la oposición misma corrió por cuenta del castillismo, permanentemente inclinado a enturbiar los planes de su gobierno. Así como empantanó la aprobación de la necesidad de reformar la Constitución Provincial, con las PASO observó la misma conducta. 

Las palabras del senador Oscar Castillo en el año 14 prueban la afirmación precedente. Dijo entonces “no le vamos a solucionar nosotros la interna a los peronistas”. Esto, sin tener en cuenta que un legislador “de su propio palo” –Víctor Luna- había presentado con anterioridad un proyecto prácticamente similar.

Sin embargo, con forcep, y en tiempo de descuento con respecto al cierre de listas para los comicios de 2015, alumbró esta ley que rige hasta nuestros días y que, por varios actores, ha sido puesta en duda, a tal punto que muchos se animan a decir que en 2021 no tendremos primarias y las alianzas o los partidos políticos volverán a elegir sus candidatos en base a las antiguas metodologías.

 

La posición del nuevo gobernador

No es nueva. Desde hace un buen rato –dos años por lo menos- que el electo gobernador reniega de las PASO. Y no lo hace por los motivos que la inspiraron a nivel nacional, en orden a tener mayor democracia, sino por cuestiones políticas que para él complican la organización electoral.

No concibe Raúl Jalil que para elegir un concejal de un circuito puedan existir media docena, o más, de precandidatos. Mucho menos que el Estado tenga que gastar en una preselección que, según su visión, podría hacerse a través de los partidos políticos.
En las vísperas del proceso electoral que terminó en octubre, el próximo mandatario insistió con un pedido de anulación en el ámbito capitalino, donde todavía ejerce como intendente. No pudo materializarse por cuestiones de constitucionalidad que podían habilitar reclamos y porque la carrera, con los distintos pilotos en línea de partida, estaba a punto de empezar.

Sin embargo, después de consagrarse gobernador, Jalil machacó sobre la idea y prometió llevar un proyecto de anulación a la Legislatura, con lo cual está asegurando que las PASO, si no son clausuradas, por lo menos serán revisadas, lo que podrían apoyar algunos representantes de la oposición, tal como lo señaló esta semana el fallido candidato a gobernador, Roberto Gómez.
Jalil, como solución a la democracia interna, propone que sean los partidos políticos los que arbitren los mecanismos de selección de candidatos. Aclaramos que no hace falta que lo hagan. Las cartas orgánicas del Partido Justicialista o la Unión Cívica Radical, por ejemplo, no solo contemplan elecciones internas, sino que exigen se hagan para cualquier cargo electivo. Del primero al último.

 El tema es que los políticos, de ambos bandos, saben cómo eludir la exigencia y la eluden irremediablemente para favorecer objetivos de facción. Y esto no lo puede solucionar Raúl Jalil o la Legislatura provincial. Primero porque las expresiones mayoritarias que nombramos son partidos nacionales y, complementariamente, porque la discrecionalidad es un arma que los políticos locales no quieren dejar de usar. ¿Por qué hacerlo si arroja resultados extraordinariamente favorables a quien tiene el poder?

La historia de Catamarca

El cándido pedido que los partidos políticos hagan elecciones internas y reemplacen el laberinto de las PASO y sus costos a cargo del Estado, claramente, colisiona con la historia de Catamarca a partir del regreso de la democracia.
Si vamos a la estadística, quizá con asombro, podremos descubrir que en el término de 36 años, entre el peronismo y el radicalismo suman solo dos elecciones importantes. 

Una fue el 11 de mayo de 1987 cuando compitieron dos personas que nos dejaron hace tiempo: Genaro Collantes y Arnoldo Castillo. Por la candidatura a gobernador, el primero dio cuenta del viejo caudillo por diferencia de centésimas, mientras que en el resto de los cargos hubo un reparto equitativo, con leve ventaja para el castillismo.

En el peronismo hubo algunas internas, pero en el 100% eran acomodadas por Ramón Saadi para legitimarse ante partenaires elegidos previamente, a los cuales se les dibujaba un porcentaje mínimamente decoroso. Solo una de ellas fue en serio y se llevó a cabo el 5 de enero de 2003. Representó el comienzo del fin del saadismo. Ese día, José Luis Barrionuevo consiguió un gran triunfo, aunque fuera apretado, ante Ramón.

El nuevo gobernador, que va por la eliminación de las PASO, debe recordarse muy bien de esa interna. Los votos de los afiliados lo consagraron senador nacional y, por la unidad del peronismo, cedió el cargo a Saadi. Por lo tanto, como pocos, sabe que las internas partidarias solo existen en circunstancias excepcionales. Nos animamos a decir que nunca suplirán a las PASO.
Un simple ejercicio matemático, si se cumpliera a rajatabla la exigencia que los partidos políticos tradicionales de Catamarca de dar internas, indicaría que, a razón de dos elecciones cada dos años, cuando han pasado 36, debieron realizarse 36 internas. Nada que ver. Solo hubo 2.

¿Cómo se hace para evitar, de modo legal, una interna? Tan fácil como dibujar un cero con un vaso. El jefe partidario convoca a los congresales en el caso del peronismo o a los convencionales en lo que atañe a los radicales y logra que estos órganos deliberativos deleguen la designación de candidatos en los cuerpos ejecutivos que maneja el mismo jefe. Patatín, patatán y el cuentito de los congresos y las convenciones se termina a medida de los jefes.

 

La discusión de fondo

La experiencia de las PASO en Catamarca, en resumen, fue positiva. Desterró el arreglo de cúpulas recientemente explicado y otorgó legitimidad a los candidatos. Jalil, sin ir más lejos, es un caso paradigmático. Nadie le podrá enrostrar que lo eligieron intendente o ahora gobernador con el dedo. Es que había PASO y ningún otro aspirante, aunque amagaron, se le animó a competir. O al revés. Si alguna arremetida cupular lo marginaba, él tenía la chance de disputar la candidatura.
Esto ocurre con los cargos principales. Los enjambres se producen más abajo, en el nivel de las concejalías. Tal vez esto sea lo que se pueda corregir sin que las PASO queden como nostálgicos recuerdos del más puro electoralismo. Si finalmente priva el criterio de retirarlas, solamente quedarían las PASO nacionales (en Catamarca debutaron en 2013 con el enfrentamiento Brizuela del Moral-José Sosa por la candidatura a diputado nacional de los radicales de aquel año). El retroceso en materia electoral sería evidente y generaría controversias de otra naturaleza, a las que bien conocemos.
Los clarines de alarma se hicieron sentir y el sistema electoral volverá a discutirse a fondo. Ojalá se obre con la mayor sabiduría.

El Esquiú.com
 

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Comentarios

07/12/2019 | 02:01
#1
Cerrar los partidos politicos y convertirlos en propiedad privada de familias que toman el poder y no se van mas porque ya ni los afiliados votan a las autoridades partidarias sea PJ o UCR simplemente son por aclamacion , de elecciones para cargos electivos ni hablar , la unica herramienta que permitía ponerse a consideración de los ciudadanos eras las PASO que tiende a ser borrada de un plumazo ,triste realidad de la politica lugareña al estilo medioevo tendremos una monarquia con señores feudales y plebeyos...

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