Desde la bancada periodística

La estrategia Goebbeliana en la política argentina

sábado, 20 de abril de 2019 01:22

Nadie, a ciencia cierta, sabe qué pasará en la Argentina a partir del 10 de diciembre del presente año. 
Al ritmo de números, odios y preferencias, la danza de las encuestas no otorga certidumbre sobre quién será el presidente a partir de esa fecha. Tampoco se sabe qué pasará con la ultrajada economía que, día a día, crece en desfasajes y proyecciones de desastres mayores.
Muchos sueñan con el “operativo retorno” que, como otras veces, está relacionado políticamente con el peronismo. Ya no se trata del viejo líder de variados exilios, sino de la última presidente del sector, que no está exiliada, pero si atormentada por causas judiciales que, aunque muchas de ellas parezcan inventadas, siguen siendo una acechanza a la libertad, hasta ahora sostenida por los fueros que, legítimamente, supo ganar en la lid electoral.
Otros, que como en el caso anterior son millones, sufren el ejercicio del poder y no saben –o, tal vez, si- cómo mantenerlo. Cada jornada que pasa los autoconvence la profecía que los ciudadanos no quieren volver al pasado, pero los temblores del miedo a que ellos mismos sean considerados el pasado, no los deja en paz.
Por última está la franja, aparentemente menos numerosa, de los que se presentan como “distintos” y superadores de una antinomia que, en la última década, ha fabricado lo que llaman “grieta”, a la que ponen contra el paredón como responsable de crear un enfrentamiento de dos polos que atraen a la mayor parte de la ciudadanía y cierran las puertas a cualquier otra alternativa.
Por razones de lógica periodística, resulta ocioso hablar del gobierno que se fue o del que, teóricamente, puede venir. Corresponde analizar, como fenómeno político pocas veces visto, a la actual administración nacional, rara y distinta a todas las anteriores. Primero porque no es popular y segundo porque nació de un virtual partido vecinal y no de los tradicionales que marcaron los rumbos de la Argentina.

El recuerdo de Goebbels

La historia lo reconoce como uno de los arietes principalísimos del nazismo. Efectivamente. Joseph Goebbels, como ministro de propaganda de aquel régimen nefasto, fue la mano derecha del Führer, e inmortalizó con trazos imborrables la célebre frase “miente, miente, que algo quedará”.
Si Maquiavelo es reconocido en el universo político como un adalid de la picardía, no cabe dudan que Goebbels, en varios aspectos, siglos más tarde, avanzó más para conseguir la supremacía de una idea política que terminó en horror. Antes, convenció a millones de alemanes que, por vaya a saber qué designios, estaban condenados a ser una raza superior.
Aquella estrategia de la mentira, de alguna manera, se parece demasiado a la que aplica el gobierno nacional al hablar de un país que, en la realidad, no existe.
Desde hace 40 meses que venimos escuchando de boca del máximo líder o sus colaboradores inmediatos que la Argentina ha sufrido una metamorfosis extraordinaria. 
Todos los países del orbe, conforme al relato, ahora la respetan y empresarios de toda laya están dispuestos a realizar grandes inversiones que, inexorablemente, van a terminar con la desocupación que, al mismo tiempo, crece a trancos agigantados.
Afirman categóricamente que el ataque contra la pobreza es brutal y que la inflación va ir desapareciendo al ritmo de cambios que nadie percibe.
Si hablan de seguridad, plantean como un éxito resonante la lucha contra el narcotráfico, pero los niveles de consumo se mantienen iguales o peores que antes.
Que en educación tal cosa. Que en salud tal otra. Que la ciencia y la técnica. Que la promoción de las economías regionales. Y sigue la lista de conquistas, todas invisibles al ojo argentino.

Haz lo que digo, no lo que hago

La sensación de que el gobierno miente, en la medida que la economía familiar cruje, crece de manera exponencial y nos permite suponer que las falsedades, grandes y chicas, forman parte de un plan prefabricado.
Analicemos. La conducción del proyecto político –suponemos que si verdaderamente es un proyecto sus directores técnicos son Peña y Durán Barba- repite hasta el cansancio que la inflación es el peor de los flagelos, pero permite que la inflación cobre cuerpo, lo que supone quitar poder a los salarios.
Combate, retóricamente, al populismo, pero hace populismo en mayor grado que el populismo que criticaba al gobierno anterior.
Dice que los controles de precios no sirven para nada ni forman parte de la biblia liberal, pero están en la tarea, no ya de controlar, sino de congelar los precios. ¡Nunca visto!
Así es todo. Los cantos de sirena van por un lado. Las miseria por el otro.

¿Pura casualidad?

Quienes han leído a Joseph Goebbels, autor de máximas famosas para consolidar la propaganda nazi, han de coincidir con nosotros que el espíritu de este alemán anda sobrevolando los cielos argentinos.
Al repasar algunas de ellas, leemos que hay que individualizar al adversario en un único enemigo, algo que se parece demasiado a la estrategia macrista de ultrajar al odiado kirchnerismo.
También para Joseph, había que “cargar sobre el adversario los errores propios o defectos”. Agregaba, “si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que distraigan” o “convierte cualquiera anécdota en amenaza grave”.
La lectura de las máximas “goebbelianas” descubre otros parecidos con la realidad. Habla de la propaganda, o sea del discurso. “Debe ser popular. Cuando más grande sea la masa a convencer, más pequeño el esfuerzo mental a realizar”, plan complementado con “la propaganda debe contener un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente. Si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad”.
Por último sugiere “crear una falsa unanimidad” (todos juntos) y combatir las malas noticias con “informaciones y argumentos nuevos que permitirán al público estar en otra cosa cuando el adversario responda”.
Establecer un parangón entre el presente y aquella experiencia de sangre y muerte es, claramente, una osadía. Sin embargo, nadie podrá aceptar que la conducta del gobierno nacional se acopla a la regla básica e inigualable de decir la verdad. 
Conjeturar que vamos navegando sobre aguas tranquilas, cuando el barco se bambolea sobre un mar proceloso, es mucho peor que mentir. Es negar lo evidente.
En poco tiempo más habrá elecciones y los argentinos elegiremos al mismo presidente o a uno nuevo. Descubriremos, entonces, cuáles son los resultados de mentir sin siquiera ruborizarse.

El Esquiú.com
 

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Comentarios

20/04/2019 | 10:10
#0
Uds diario El Esquiu, con algunos de sus principales periodistas aplican, cual piji su aguijón, la politica propagandista de Goebbels en nuestra provincia. Lo hacen para endiosar a Lucia Corpacci, lo hacen tapando la corrupcion estructural de su gobierno, lo hacen defendiendo a bolseros del anterior gobierno nacional (duso), lo hacen tapando la corrupcion del nuevo millonario de catamarca dalla lasta, lo hacen atancando despiadamente a los dirigentes de la oposicion(principalmente de la UCR), etcetera etcetera.

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