Desde la bancada periodística

El incómodo discurso de la oposición

sábado, 04 de mayo de 2019 00:42

El discurso de Lucía Corpacci, para inaugurar las sesiones ordinarias de las cámaras legislativas el pasado miércoles, movió las opiniones opositoras, todas las cuales parecieren ser una repetición de las que, bajo un libreto preconcebido, se expresan semana tras semana.

No hace falta una asamblea legislativa para que la oposición apele a latiguillos orientados a asociar las acciones del gobierno con situación teóricamente irregulares. Varios de esos latiguillos nacieron de falsedades y hasta de denuncias judiciales que, por falta de sustentos, se cayeron irremediablemente o, porque no fueron instadas, terminaron en los archivos.

Antes de seguir, aclaramos expresamente, que todo delito administrativo debe ser investigado a fondo y quien haya traspasado los límites de la licitud, aparte de pagar las deudas con la Justicia, merece la repulsa pública. Esa regla debe valer para todos y si hay excepciones, como generalmente decimos que todos somos iguales, corresponde denunciar la excepción “sin mirar la cara del cliente”.

Volvemos al discurso opositor. Para entenderlo o valorarlo, necesariamente hay que relacionarlo con el pasado. El Frente Cívico, durante el proceso iniciado en 1983, no fue un espectador más o le tocó ser siempre la oposición. De 36 años de democracia, en 20 de ellos tuvo en sus manos el gobierno de la provincia y dejó huellas imborrables de su actuación. Muchas de ellas se contraponen con las voces de hace 72 horas, que confirman lo incómodo que resulta predicar sin ejemplos para respaldarse.

 

Las empresas públicas

La gobernadora, con la tranquilidad que la distingue, reivindicó la creación de las empresas públicas con participación estatal y, especialmente, destacó a dos de ellas. Energía Catamarca Sapem y Catamarca Minera y Energética (CAMYEN).
En cuanto a la primera exhumó una verdad que no tapa el paso de los años. “Recibimos una empresa en ruinas que ni siquiera pagaba el aporte patronal a la seguridad social, cuya deuda de casi 2 millones mensuales la afronta EC Sapem hasta nuestros días”, dijo la mandataria. La referencia no fue casual. Apuntó, directamente, a la privatización de la energía que ejecutó el castillismo con resultados desastrosos para la provincia, a punto tal que ni siquiera se cumplía con la seguridad social, un delito de gravedad institucional enorme.

Con este antecedente, aún fresco en la memoria de los catamarqueños, resulta por demás incómodo para la oposición hablar de la energía, verdadero karma de la gestión radical. Sin embargo, desbordada por la impotencia, hubo un grito de guerra en el recinto de la asamblea legislativa.

La diputada Marita Colombo, que conoce ampliamente los negociados de los años 90 con los Taselli, quiso empañar el discurso acusatorio de Corpacci llamando la atención con la expresión “mentira”, para refutar lo que todos saben, esto es, que el aumento de las tarifas eléctricas y su dolarización fue decisión del gobierno nacional. 
¿Si esto último es aceptado en las 24 provincias argentinas, por qué Catamarca va a ser la excepción?
La incoherencia opositora en torno a esto, se completa con la campaña de defensa de la proveedora mayorista, CAMMESA. Desde hace por lo menos tres años, la monopólica empresa tiene quien la defienda en Catamarca. La nombrada Marita Colombo o el inefable Lobo Vergara, no pierden oportunidad de pedir explicaciones por qué la provincia le adeudó una cifra millonaria. Ahora que la gobernadora les anunció que las cuentas están saldadas, el “bloque Cammesa”, como le llaman, quiere saber qué se hizo con la plata que, oportunamente, pagaron los usuarios por el servicio. Más que el deber de velar por la correcta administración del erario, semejante pretensión se parece demasiado a un capricho. Y a una doble incoherencia: olvidarse del pasado y, antes que la provincia que dicen defender, preocuparse por una multinacional monopólica.

 

Otra discusión incomprensible

Si los planteos opositores sobre la energía no guardan relación con un pasado lleno de oscuridades, los referidos a la minería no se quedan atrás.
La empresa “Catamarca Minera y Energética” (CAMYEN), a la que Lucía Corpacci destacó por haber cambiado el rumbo de la actividad, fue la sucedánea de la tristemente célebre SOMICA DEN, sobre la cual los legisladores opositores, como en el caso de la privatización de la exDECA, jamás hablan y quieren, en vano, que el olvido cubra latrocinios expuestos que todavía esperan una expedición de la Justicia.

En este tema, igualmente, “la opo” siente demasiada incomodidad como para discutir sobre la base del viejo adagio “todo tiempo pasado fue mejor”. Con CAMYEN y SOMICA las cosas fueron diametralmente opuestas.
Tan cierto es lo que decimos que un hombre venerado y considerado un patriarca por los radicales, Arnoldo Aníbal Castillo, en su momento, cargó duramente contra la creación de la SOMICA y, en 1993, ordenó su liquidación.

La CAMYEN, más allá de sus detractores, que sabemos quiénes son -Corpacci no los quiso identificar en el discurso-, tiene sus propias cucardas, como que fue la que ordenó la actividad y, sin dudas, creó las condiciones para que Catamarca sea una provincia minera con todas las de la ley. De hecho, acaba de ser considerada por una encuesta internacional, dentro de la Argentina, como la líder en la materia.
Haber recuperado áreas mineras como Cerro Atajo, devuelto actividad plena a Minas Capillitas y haber negociado de manera magistral el futuro contrato con Agua Rica no alcanzan como logro para esos detractores. Que el gobierno le inyecte dinero a la empresa, sin considerar ninguno de los activos consolidados, parece ser pecado capital.

 

La estrategia de negar el pasado

A esta altura de los tiempos, cuándo Corpacci se apresta a completar el segundo mandato (¿irá por el tercero?), la oposición parece encerrada en una trampa mortal. Por un lado, por encima de hechos positivos que le pertenecen, la acosa un pasado cargado de turbulencias y, por el otro, le costará el doble recostarse sobre figuras nacionales, como Macri y Carrió, que no tienen la mejor imagen por estas latitudes.

¿No será la hora que, aun desunida, cambie el discurso? ¿No convendrá realizar una profunda autocrítica antes que seguir con el libreto de pretender sembrar el caos cuando no hay margen para hacerlo? ¿No será buen negocio electoral presentar diez propuestas y mostrar convencimiento que harán mejor gobierno que el de Corpacci si resultan electos?
El discurso de la gobernadora tuvo un fuerte tono político. Le contestaron como ella sabía le iban a contestar. Así, la oposición quedó envuelta en sus propias contradicciones.

El Esquiú
 

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