Desde la bancada periodística

Catamarqueños… (hasta donde nos conviene)

sábado, 18 de enero de 2020 00:00

No hay vez que un personaje público hable sobre roles ciudadanos o institucionales que no pone por delante los intereses provinciales. Lo hacen los deportistas, los artistas, los escritores, los periodistas, los empresarios y, por supuesto, los políticos. Pasión y sangre por Catamarca.

Está bueno y es lindo hablar de la Patria chica. La que nos vio nacer, crecer y desarrollarnos como actores de la sociedad. Pero no todos los laudos son iguales. En varios de ellos, especialmente si de empresarios o políticos se trata, priva la insinceridad o la conveniencia. La praxis, en definitiva.

Esta semana debatimos un caso referencial de lo que afirmamos. Un diputado provincial fue a alcahuetear a los porteños que un catamarqueño –Francisco Mercado- no podía ejercer en el directorio del Banco de la Nación Argentina, en el que había sido nombrado por el presidente Fernández, por estar relacionado con “la flor y nata” del kirchnerismo. No tenía ningún impedimento legal. Su pecado capital era ser sobrino nieto de, hijo de, colaborador de, etc., etc.

Ojalá alguien le haga saber a este legislador que lo suyo fue un ataque a Catamarca y, para el resto del mandato, quede marcado como buchón de cuarta. Encima “mandadero” de un jefe que no tiene escrúpulos. Sin su guiño, varios radicales no mueven ni las pestañas.

 

Otro caso paradigmático

Lo del denunciador sin destino –nadie, con un mínimo de seriedad, va a tratar su proclama antiCatamarca-, sin embargo, se empequeñece frente a conductas mucho más peligrosas y perversas relacionadas a empresarios del periodismo.
Desde hace más de diez años, autoproclamados defensores de Catamarca, por caprichos casi infantiles, vienen desarrollando una prédica contra la multinacional Yamana, propietaria mayoritaria del yacimiento de oro y cobre Agua Rica.

Primero lo hicieron por un litigio judicial entre la empresa y la provincia en torno a la propiedad del área minera Cerro Atajo y, tiempo más tarde, cuando Yamana suspendió la publicidad por falta de actividad en el yacimiento (decisión judicial de frenar todo de por medio), la campaña de desprestigio se intensificó a extremos tales de ponerse abiertamente en contra del proyecto de explotación, cual si fueran los más obstinados militantes antimineros. En una de esas lo son, aunque en tiempos pretéritos postularan otras cosas. Convendría que lo aclaren. No a nosotros, sino a los ciudadanos y a sus lectores.

Uno de los recursos mediáticos utilizados para desprestigiar fue repiquetear con el verso de la falta de licencia social, una entelequia que en Catamarca cae por su propio peso. En ninguno de los pueblos mineros hay asonadas de protesta y, por el contrario, la inmensa mayoría apuesta al desarrollo de la actividad como fuente laboral privada indispensable para aliviar al Estado.

El gobernador Jalil, apenas asumió, fue en esa dirección. “Sin la minería va a ser difícil encontrar una salida laboral para la gente”, enfatizó.

Volvamos a las perversidades. El ataque contra la multinacional canadiense, en los últimos tiempos, se convierte de hecho en avanzada contra toda la minería. Agua Rica, su emprendimiento en sociedad con las mismas empresas que operaron el Bajo la Alumbrera, es importante, pero recién daría resultados efectivos dentro de cinco años. Mientras tanto, con garantías ambientales, Catamarca necesita explotar recursos que están dispersos a lo largo y ancho del territorio. Combatirlos desde la prensa, honestamente, no ayuda y pone en peligro el equilibrio de las cuentas fiscales del presente y futuro.

 

Llamaradas de otros lares

Quienes siguen la lectura cotidiana de los acontecimientos políticos, nítidamente, habrán reparado en la exaltación de algunas noticias, provenientes de otras latitudes, relacionadas a la minería.

Así fue como hablaron de la rebelión mendocina, donde políticos irresponsables aprobaron una ley para habilitar la minería sin controles de ninguna naturaleza. De igual forma, destacaron que un par de legisladores de Chubut, sin respaldo popular, se oponen a la puesta en marcha de la actividad.

En ambos casos, casualmente, los profetas locales parangonaron los hechos con Catamarca y la famosa licencia social. No aclararon, en momento alguno, que se trataba de dos provincias que se aprestan a iniciar explotaciones que todavía no han sido ni siquiera exploradas. Muy distinto a la nuestra, donde la minería acumula experiencia de décadas sin contaminación. Sea en Farallón Negro o el Bajo la Alumbrera.

A los pocos días, la nota distintiva llegaba desde Antofagasta, donde un humilde labriego, representante de una comunidad aborigen, refería que desde que se instaló una empresa para explotar el litio falta el agua. El hombre atribuyó culpas a la minería y no al fenómeno de sequía que abarca a toda Sudamérica. Los exégetas de la licencia social, obviamente, no consideraron necesario aclarar nada. ¿Para qué hacerlo si el objetivo es desprestigiar a la minería hasta que las empresas, con Yamana a la cabeza, pasen por caja? ¡Periodismo como mercancía!

Por suerte para Catamarca, hay quienes sí la defienden. Uno de ellos es nada menos que el presidente de la Nación, el doctor Alberto Fernández, quien el lunes a la noche habló sobre minería y puso las cosas en su justo lugar.

Señaló que los casos de Mendoza y Chubut son totalmente distintos a provincias que han organizado la actividad y creado las condiciones necesarias para desarrollarla. En ese marco, destacó a tres de ellas: Catamarca, San Juan y Santa Cruz.
Aparte de ratificar la política minera del gobierno nacional –Macri hizo lo mismo en su mandato de cuatro años-, Fernández ponderó el trabajo que se realizó en estas provincias y otorgó “luz verde” a los planes que están en marcha.

La opinión del Jefe de Estado no fue antojadiza. Conoce a fondo lo que se hizo en Catamarca durante los últimos ocho años. Sabe que la organización minera fue una de las obras cumbres de Lucía Corpacci y conoce, de primera mano, que el nuevo gobernador está dispuesto a seguir la misma huella.

Nadie, en los niveles de poder, ignora que se recuperó Cerro Atajo, que se hizo un buen arreglo a futuro por Agua Rica, que está reglamentado al milímetro el uso de regalías, que el litio es realidad en las alturas de la puna y que este mismo año comienzan las exploraciones de Valle Ancho, Interceptor y Filo de las Vicuñas, yacimientos del distrito minero pegado a la Cordillera de los Andes que fueron licitados el año pasado. Todo esto y más todavía, se inscribe en los foros internacionales donde la provincia tiene nombre propio.

No podemos finalizar la columna política de todos los sábados sin realizar una aclaración de lo aquí descripto. El Esquiú ratifica que nació para hacer periodismo, no tráfico de información o de comentarios. Nada nos une a la empresa Yamana ni a sus directivos. Tampoco al resto de las empresas mineras y, gratuitamente, abrimos el diario a todas las opiniones en contra de nuestra posiciones editoriales, a la par de ratificar nuestro insoslayable compromiso con los intereses de Catamarca.

 

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Comentarios

18/1/2020 | 11:17
#1
PARESE QUE A MUCHOS LES PAGAN ....PARA NO HABLAR DE OSEP...

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