Era un tipo especial Gustavo

miércoles, 18 de noviembre de 2020 13:28
miércoles, 18 de noviembre de 2020 13:28

Era un tipo especial Gustavo. Trabajamos con él prácticamente desde el nacimiento de El Esquiú.com, viéndonos casi todos los días. Y no logramos recordar una ocasión en que haya levantado la voz. No recordamos haberlo visto alguna vez apurado, alterado o irritado por algo. 
Vivía a su ritmo, caminaba siempre con la misma pasividad, como si estuviera paseando. Cuando llegaba a trabajar a la siesta o cuando se iba a la noche: era lo mismo. Un reloj propio marcaba sus pasos, inmutable al vértigo que podía rodearlo.
Era capaz de pasar un día completo sin abrir la boca, y repentinamente, si se tocaba un tema de su interés, desataba una verborragia imparable. Se reía fuerte cuando se reía, elegía el silencio y se recluía en sí mismo cuando algo lo molestaba.
Le apasionaba debatir, oponer argumentos y dejar clara su posición en cualquier discusión que se presentara. Siempre pendiente de la marcha y los sucesos políticos del país, simpatizaba con las banderas del peronismo, y analizaba con ironía los argumentos de los oligarcas.
Tenía una gran cultura, se podía conversar con él de cine, de música, de literatura. Sabía de historia, de culturas aborígenes, de artistas ignotos y causas perdidas. Era estudioso por naturaleza, necesitaba satisfacer una curiosidad innata, quería entenderlo todo.
Escribía muy bien y amaba el periodismo. Ponía la misma dedicación en un gran informe o en una breve crónica de rutina. Pero disfrutaba más cuando le encomendaban notas muy elaboradas, que podía preparar durante varios días, sin la urgencia de un cierre.
Le gustaba cuando podía escapar de la técnica básica y encontraba un espacio para el vuelo literario. Se esmeraba y se lucía invariablemente, con trabajos que jamás requerían una corrección.
Le costaban los cierres del diario cuando el tema del día giraba en torno a lo deportivo, porque era analfabeto en fútbol, y observaba esas pasiones con mirada ajena, sin llegar a comprenderlas.
Le divertía jugar al misterio. Nunca reveló su edad, rara vez mencionaba asuntos personales, aunque hablaba con enorme afecto de su familia, especialmente de sus padres, y admiraba la pasión con que su madre había ejercido la docencia.
Amaba viajar, y se dio el gusto de visitar lugares tan distintos como Japón o Cuba. Podía pasar horas y horas relatando cada detalle de esas excursiones, reflejando asombros y sorpresas con tal nitidez que uno podía conocer exactamente cada experiencia.
Era un tipo tranquilo, talentoso, buen compañero. Se hacía querer casi con naturalidad, sin necesidad de gestos grandilocuentes.
Un día se sintió enfermo. Unos días después no pudo venir a trabajar. Parecía un malestar pasajero. Y quedamos esperando un regreso que no se concretará nunca.
En pocas semanas, alguna afección fulminante terminó con su vida. Nos queda un enorme vacío, la incapacidad de comprender qué sucedió, y la tristeza de haber perdido a un gran compañero.
Lo extrañaremos siempre. No lo olvidaremos nunca.

El Esquiú.com

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Comentarios

18/11/2020 | 20:29
#1
Lamento mucho esta pérdida. Solo hablamos una vez cuando estaba haciendo un trabajo para la UNC hace un par de años. Se ofreció a ayudarme con tanta generosidad y, tal como dice este texto, se tomó todo el tiempo necesario para ofrecerme la información que necesitaba. Allí ví la pasión que tenía por la profesión y por el diario en el que trabajaba. Enorme dolor por esta noticia. Saludos a sus compañeros y a su familia.
18/11/2020 | 13:44
#0
Que pena más grande...Gustavo, del que fui su compañero en otro diario, era así, tal cual lo describieron en este texto póstumo. Mis más sentidas condolencias para su familia y un abrazo para todos sus compañeros de El Esquiú. QEPD.

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