Desde la bancada periodística

Para Jalile, la elección era “matar o morir”

sábado, 15 de febrero de 2020 00:21
sábado, 15 de febrero de 2020 00:21

Gustavo “El Gallo” Jalile gobernó Valle Viejo por espacio de 36 años. Se convirtió en el caudillo radical más temido de la provincia. Casi un símil de Elpidio Guaraz, por lares santarroseños. Vencerlo en su feudo era una quimera que los peronistas comprobaron en decenas de elecciones. 

No importaba su porte de matón, sus retóricos desvaríos, sus conflictos con gremialistas o periodistas, sus amenazas de meter bala. Le sobraba apoyo para atravesar las peores tempestades y, por sus dotes de avezado político, sabía cómo hacerlo. Hasta que no pudo más. Sus aliados, sumados a los enemigos que supo cosechar, se cansaron de tantas bravatas y esperaron el momento justo para herirlo de muerte. Fue en las elecciones 2019.

 

El preanuncio de la caída

El 11 de agosto del año pasado, en todo el país, se efectivizaron las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO). Nadie reparó, bien a fondo, lo que ocurrió aquel domingo invernal de Valle Viejo.

Gustavo Jalile fue el candidato más votado. Es cierto. Cosechó 6.056 adhesiones en nombre de “Juntos por el Cambio” y, por la noche, frente a los medios, proclamó que el pueblo, una vez más, le había dado el aval como favorito para octubre. Raro pronóstico, porque 6.056 no era más que el 30% del electorado chacarero. ¿Y el 70% restante qué?
Puertas adentro de la municipalidad y frente a su entorno familiar, que copaba todos los resortes del poder, expuso el discurso de la realidad. Si, había sido el más votado, pero entre cuatro líneas peronistas sumaban 9.724 votos, nada menos que 3.668 más que el entonces intendente. 

Al mismo tiempo, como vencedora de la interna peruca, asomaba como candidata una mujer. Una tal Susana Zenteno, a la que virtualmente nadie conocía y venía de cumplir, en el mayor de los anonimatos, funciones secundarias dentro de la administración de Lucía Corpacci. Otra mujer, esta última, dispuesta a acabar con el feudalismo chacarero como ya lo había intentado en 2015, sin suerte, con Natalia Soria.

La “rebelión de las mujeres” pocos menos que enloqueció a Jalile. Sabía, en su fuero íntimo, que el haber conseguido no iba a alcanzar para octubre. Si con algo más de 1.000 empleados municipales fijos había capturado solamente 6.056 voluntades (apenas 664 votos más que Zenteno sola), llegó a la conclusión que octubre sería trágico si no perforaba el núcleo peronista que, para peor, era unido y sostenido desde la Casa de Gobierno.
Fue el momento que se dijo para sí y para sus compañeros de ruta “hay que matar o morir”. No se resignó a “morir” como marcan las reglas democráticas, esto es, levantando la mano al vencedor sin cometer tropelías o irresponsabilidades como las que se aprestaba a llevar a cabo.

 

El Estado contra Zenteno

Fiel a su fuerte temperamento, y consciente que se le estaba escapando el poder de las manos, no dudó en penetrar a los territorios peronistas. 

Buscó agrupaciones pequeñas o barriales que, a cambio de algo, proclamaran su apoyo. Negoció con el concejal Alberto “Abeto” Barrionuevo (hoy presidente del Concejo Deliberante con los votos del jalilismo y el suyo propio), perdedor de la interna con Zenteno. Se reunió con familias peronistas y de cada una de esas reuniones –jugosos asados de por medio- salían nombramientos para la planta municipal. Todos los días, hasta los fines de semana, firmaba altas sin que existiera necesidad de servicio. Así fue complicando a los empleados estables y a todo el pueblo de Valle Viejo, a sabiendas que después de diciembre se venían los conflictos. Si el ganaba, ya se las ingeniería. Lo más probable es que hubiera tenido que despedir a quienes había nombrado a cambio del bote que lo salvara del naufragio.

Se calcula que la utilización del Estado municipal a pleno generó un promedio de 500 nombramientos (la mitad de los que había), los que transformados en pesos significan más de 10.000.000 mensuales. Ese monto, y otras “cositas”, fue el regalo que le dejó a la desconocida Zenteno por haber cometido la osadía de doblegarlo en las urnas y despojarlo de su condición de imbatible.
Ojito con los números. La irresponsabilidad de Jalile, que lo deja malherido para siempre, casi lo lleva al triunfo. De los 3.668 votos que le sacaron las tribus peronistas el 11 de agosto, la diferencia final el 27 de octubre fue de 733. Zenteno apenas llegó a los 9.900 (en las PASO el Frente de Todos había conseguido 9.724) y Jalile trepó de 6.056 a 9.157. Honestamente, y sin ironía alguna, con 100 nombramientos pudo haber ganado. A costa de destrozar el Estado municipal, claro está.

¿El gobierno de Jalile creó las condiciones para problematizar a la administración Zenteno? Si y no. Cometió todos los desmanes y las consecuencias están a la vista. También es cierto que (a las consecuencias) se aprestaba a sufrirlas en carne propia.
El dispendio de dinero que realizó en los cuatro meses finales de mandato no tuvo límites y remató con 400 o 500 nombramientos de irresponsabilidad que, claramente, condicionan a la nueva gestión.

También es cierto que la administración municipal, sin necesidad de recurrir a los golpes bajos, orillaba el desastre. Valle Viejo, con una sobreabundancia de empleados públicos, retrocedió en todos estos años, en los cuales incluimos a Natalia Soria, la antecesora de Jalile.

 

Solo y a los gritos

Lo de los últimos días es consecuencia de la barbarie. Jalile está solo y nadie va a salir a defenderlo a riesgo de caer en el ridículo, tal como lo hizo una diputada que llegó al cargo a instancias del caudillo chacarero. Como hablar es gratis y no tiene sanciones, llegó a afirmar que sobraba dinero.

Ni siquiera el gobernador Jalil, que lo tuvo como aliado potencial en los dos últimos años (lo ayudó en lo que pudo), lo respaldó. Es más. Pidió a la Justicia que obre en consecuencia, de acuerdo a la magnitud del daño y el desapego a la ley. El mensaje fue para la totalidad de los intendentes que hicieron macanas, pero a nadie escapa que tuvo un destinatario preciso. Es que lo que hizo Jalile, en realidad, no lo va a pagar la intendenta Zenteno. Si no toma medidas, lo tiene que asumir el propio Raúl Jalil traspasando fondos a Valle Viejo. Evidentemente, no está dispuesto a hacerlo en medio de un país en llamas.

Con la opinión del primer mandatario, por lógica, se caen las mentiras de Jalile y sus gritos destemplados achacando culpas a internas ajenas, a la exgobernadora Corpacci, a la crisis nacional o a la conducta de los policías en relación al tema drogas (?).
La reunion del miércoles pasado entre Jalil y Zenteno disipó las dudas que pudieron generar los dislates del exintendente. No hay internas. La planilla de sueldos supera la coparticipación chacarera. En cuatro meses se nombraron más de 400 empleados. Y el colofón fueron las palabras de Raúl: “Ingresaron como 400 personas a la comuna“ y “cuando tenemos dirigentes políticos irresponsables en el manejo de las finanzas esto ocurre”, resaltando “no podemos hacer estas cosas”. ¡Ciertamente, no se pueden hacer! Pero los soberbios no lo entienden.

El Esquiú.com
 

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Comentarios

16/02/2020 | 11:46
#0
LOS DEBERES DE FUNCIONARIO PÚBLICO? ¿Tiene pena mayor a 3 años? ¿Tiene INHABILITACIÓN DE POR VIDA para ejercer cualquier tipo de cargo público incluyendo cargos legislativos, nacional, provincial o municipal? DEBIERAN TENERLOS. Los DESMANEJOS DE FUNCIONARIOS PÚBLIcos, por acción u omisión, han llevado a nuestro país de ser de los mejores del mundo en los años 30 a los peores del mundo en este siglo. Inflacionario, macrocéfalas las capitales en relación al resto y con exceso de empleados públicos, terminó de empeorar la situación LA CORRUPCIÓN PÚBLICO/PRIVADA probablemente la SEGUNDA DEL MUNDO DETRÁS DE BRASIL. HAY QUE TERMINAR CON ÉSTO. Y empezar por un cabeza de un Municipio pequeño, pobre y mal gestionado, DEBERÍA SER EL PROLEGÓMENO DEL FIN DE LA CORRUPCIÓN ESTATAL.

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