33 de mano

La pobreza es la peor forma de violencia

martes, 12 de mayo de 2020 01:48
martes, 12 de mayo de 2020 01:48

La frase del título le pertenece a Mahatma Gandhi, a la que le sumó de manera categórica: “Hay gente tan hambrienta en este mundo, que Dios no puede aparecer frente de ellos salvo en forma de pan”. Por un lado, duele el dolor de pobres; de los que sufren hambre. Por otro, se siente una sensación de alivio cuando vemos que hay catamarqueños dispuestos a dar batalla a la pobreza con el escudo de la solidaridad como principal herramienta. En nuestro espacio Cara a cara de los domingos dimos cuenta el pasado fin de semana de la fraterna acción que realiza la Red Solidaria Catamarca “Llevando sonrisas”. También en nuestras páginas reflejamos la tarea altruista de los grupos “Pancitas felices”, “Hambre cero Catamarca” y el equipo de Rugby Catamarca RC, entre otros, a los que hay que sumarles la sacrificada labor que cumplen todos los días  la gente que trabaja en los comedores comunitarios y las ollas solidarias. Es que la cuarentena impuesta por la pandemia del coronavirus puso al desnudo y  exhibió de la manera más cruel de cómo el hambre está golpeando sin piedad a los pobres en esta provincia. El joven Sebastián Ortiz, referente de “Llevando sonrisas”, fue lo suficientemente claro en sus apreciaciones: “Antes de esta pandemia, era como que, ciertamente, había pobreza y había hambre, pero era diferente a lo que pasa hoy: ahora es como que a los papás y a las mamás se los ve más flaquitos, y es por el hambre que están pasando. Uno razona que los padres comen menos porque prefieren alimentar a sus hijos”. Nada es casual. Antes de la cuarentena, hay quienes salían a la calle a ganarse el plato de comida. Con el aislamiento obligatorio, la pobreza de los pobres se volvió un infierno. 

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  No quedan dudas: en muchos barrios de la Capital hay niños, jóvenes y mayores que no tienen el pan nuestro de cada día. Y se viene el invierno, por lo que el sufrimiento será doble: hambre y frío. Será el tiempo de pancitas vacías y piecitos descalzos. Dicen que los distintos sectores de la Ciudad tienen concejales. No… ¡déjense de joder! Hablemos en serio. ¿Son los mismos que se hacen llamar “elegidos por el pueblo”? No… ¡paren de venir! Por favor, alguien que les acerque el mensaje de Gandhi: “Un hombre hambriento no es un hombre libre”. ¿Cuesta tanto ganar un suculento sueldo dignamente, señores concejales? Entre nosotros, parece que sí. El otro día, apareció un barbijo con el apellido de un concejal. Una burla. Casi lo suplicamos: honren al pueblo que los votó. Es duro andar con la panza vacía. Ah, ¿no lo sabían? ¡Pues salgan a los barrios una vez al mes! Conozcan el rostro de la pobreza. Sientan de cerca el dolor del hambre. ¿Es que acaso no entienden que en muchas familias algunos comen y otros no? Y no es porque están de dieta: ¡No tienen para comer! Son muchos los concejales. Únanse, de todos los partidos políticos. Vayan a los barrios más carenciados. Metan la mano al bolsillo (no tengan miedo, el virus está en otro lado). Sean solidarios. Sean hermanos en toda la extensión de la palabra. El dolor por la falta de comida suele hacer llorar. El inolvidable Raúl Alfonsín solía repetir: “En la Argentina hay hambre, pero no porque faltan alimentos, sino porque sobre inmoralidad”. Mañana, señores de la política, volverán a las casas de los vecinos a pedirles el voto para una nueva elección. Algunos lo harán dignamente. Otros no podrán hacerlo y se quedarán en casa. Será la cuarentena de la vergüenza y la deshonra.

Kelo Molas

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