Apuntes del Secretario

domingo, 26 de julio de 2020 01:04
domingo, 26 de julio de 2020 01:04

Ninguna fuerza política cuenta con un calendario litúrgico tan variado y extenso como el Partido Justicialista, donde cada efeméride significativa es motivo de permanentes recordaciones, actos y ceremonias, y a las celebraciones y conmemoraciones nacionales, les va sumando sus propios eslabones cada provincia y ciudad. Se trata de una costumbre única y muy respetable, que ha permitido forjar lazos muy estrechos entre el PJ y las bases de su militancia, construyendo un arraigo que bien podrían envidiar los sectores políticos más jóvenes del país. Lo cierto es que además de ideología y doctrina, el peronismo tiene una base afectiva y sentimental que atraviesa gran parte del pueblo, y la dirigencia partidaria ha sabido mantener encendidas las brasas de sus grandes figuras e hitos. El primer político realmente popular del país probablemente haya sido el radical Hipólito Yrigoyen, pero la multiplicación de su imagen es ínfima y casi nula, por ejemplo, al lado de la cantidad de posters, láminas, dibujos y fotos de Perón o Evita que se siguen imprimiendo. Cierto es que esas banderas fueron manipuladas en más de una ocasión, y en nombre del peronismo se presentaron –y también ganaron elecciones- candidatos que poco tenían que ver con la esencia del PJ. Como sea, la identidad peronista nunca se debilita, y en el triunfo o en la victoria, nace de experiencias personales transmitidas de generación en generación, con toda su simbología intacta a lo largo de 75 años. Sin ir más lejos, la alianza liderada por el radicalismo ganó en Catamarca casi todas las elecciones realizadas a lo largo de 20 años, y muy pocos podrían recordar qué días se consumaron esas victorias. Por el contrario, el 13 de marzo, fecha de 2011 en que el PJ recuperó el poder, ya se grabó en nombres de sedes partidarias, líneas internas, pancartas, carteles, etc.

Con esa particular postura de “memoria activa”, los peronistas recuerdan año tras año –entre muchos otros hechos- el día del nacimiento de Juan Domingo Perón, el día del fallecimiento de Juan Domingo Perón, el día que Perón retornó de su largo exilio desde España, el día que nació Evita, el día que falleció Evita, el día que se implementó el voto femenino, el 17 de octubre que viene a ser como la navidad del justicialismo convertida en el Día de la Lealtad, y hasta el 24 de marzo, una fecha dolorosa vinculada con un golpe de Estado y el terrorismo de la dictadura, reivindicada para enaltecer una resistencia en la que los peronistas tuvieron un rol protagónico. Todo acompañado siempre por la apertura de museos, muestras itinerantes, exposiciones fotográficas, exhibiciones de objetos y cuanto mecanismo de valoración retroactiva se imagine. 

Es en ese marco que resulta curioso que el peronismo catamarqueño haya pasado por alto un aniversario que incluso se aguardó durante bastante tiempo, y al llegar cayó en el olvido. Ocurre que este mes, concretamente el 7 de julio, se cumplieron nada menos que 70 años desde la primera y única visita de María Eva Duarte de Perón a Catamarca, un suceso inolvidable que esta vez se perdió en el recuerdo y no mereció mención alguna. Evita llegó a esta ciudad en 1950, arribando en un tren que culminaba su recorrido en la vieja estación que hoy fue reconvertida en el Palacio municipal capitalino. Aquí inauguró obras magníficas, como el Hospital de Niños que lleva su nombre y el Hogar Escuela, cuatro barrios (El Mástil; el que linda con el nosocomio en avenida Virgen del Valle); el Alem entre Mota Botello y Mate de Luna y el de Vicario Segura al sur) y visitó también el Camarín de la Virgen del Valle. Hace algunos años comenzó a planearse una celebración especial para evocar la visita, pero siete décadas después de ese viaje, las urgencias de la agenda devoraron la anécdota. Para el día del aniversario, Catamarca retrocedía a la Fase Uno de la cuarentena, y los peronistas tendrán que esperar para rendir homenaje a la presencia de la “Abanderada de los Humildes” por estos lares, de quien se recuerda hoy el 68 aniversario de su muerte.

Algo parece estar cambiando en la OSEP. La gigantesca estructura, que brinda respuestas a la enorme masa de agentes provinciales con sus respectivas familias, atraviesa una transición significativa y profunda, aunque de momento parece advertirse con mayor intensidad puertas adentro que hacia el público. Este organismo que durante años fue sinónimo de conflictos, mala atención, negociados y corrupción, está mutando su perfil hacia un orden general mucho más saludable. Compras de medicamentos, otorgamiento de pasajes, reconocimiento de estadías, autorizaciones de estudios, deudas cuestionables y cada compartimiento de OSEP, permitió que germinaran pequeñas estructuras plagadas de vicios, tan expandidos que lesionaron severamente la imagen de la institución ante la comunidad. Pasaron las administraciones regulares y también muchos interventores, pero nadie logró hacer una limpieza a fondo. Por el contrario, la mayoría de los que tomaban el mando de la OSEP iniciaban su gestión revelando excesos y desprolijidades del responsable anterior. 

Esta impronta negativa es la que parece modificarse, y los propios empleados lo advierten. Reconocen también que el mérito corresponde al médico Norberto Bazán, preparado y estricto, quien está en cada detalle, implementó seguimientos, controles y dejó en claro que no tolerará ninguna maniobra que afecte el servicio o la transparencia de las operaciones. Quienes conocen al médico no se sorprenden, ya que venía de realizar un magnífico trabajo en el Sistema de Atención Médica de Emergencia (SAME), espacio que transformó increíblemente en ocho años. Con el respaldo decisivo de Lucía Corpacci como gobernadora, Bazán se había hecho cargo de un SAME que tenía apenas un par de ambulancias, algunas sin funcionar, donde los médicos dormían en una pocilga y se brindaba atención a cuentagotas. La sede se modernizó, el parque automotor se multiplicó más de diez veces con unidades de última generación, se jerarquizó a los trabajadores y hasta se abrieron subsedes del SAME fuera de la Capital. Bazán terminó con los “paseos” activando un sistema de GPS –fue pionero en Catamarca- que permitía seguir minuto a minuto los recorridos de las ambulancias, y el SAME comenzó a brindar miles de atenciones cada mes. Con esa medalla llegó a OSEP, que es administrativamente un escenario más grande y complejo, pero al parecer está haciendo también un gran trabajo y enhorabuena que sea así.

Desde que Eduardo Brizuela del Moral se empecinó con su faraónico proyecto del estadio de fútbol, la obra se mantiene como una fuente interminable de polémicas. El Bicentenario, que ostenta el triste récord de permanecer semidestruido, vacío e inutilizado desde hace años, cuando todavía no se cumplió una década desde su inauguración; retornó a la escena tras los anuncios de repararlo. La decisión de invertir para que vuelva a estar apto para su uso fue anunciada en campaña por el gobernador Raúl Jalil, y por estos días se planea iniciar la ejecución de los trabajos, que dicho sea de paso demandarán alrededor de 100 millones de pesos más, elevando hasta el infinito el costo histórico e integral de la cuestionadísima estructura. 

Uno de los grandes defensores del Bicentenario es el ministro de Infraestructura y Obras Civiles, Eduardo Niederle, funcionario del riñón jalilista que pasó por la comuna capitalina cuando el actual gobernador era intendente. Precisamente fueron declaraciones de Niederle las que dieron lugar a la enésima polémica, ya que el ministro relativizó el impacto de la etapa de recuperación al señalar que será “muy fácil” arreglar la mole de cemento. Quien salió a cruzarlo, hace un tiempo, fue el diputado oficialista Marcelo Murúa, amplio conocedor del tema porque anteriormente se desempeñó como subsecretario de Obras Públicas. Murúa, no sin ironía, le retrucó a Niederle que “más fácil que arreglarlo era construirlo bien”. El roce tiene su razón de ser, ya que Niederle no es ajeno al desastre del estadio: en su etapa de construcción, diez años atrás, era representante técnico de la empresa Capdevila, que al cabo –según los informes técnicos realizados por la Universidad de Tucumán- puso las columnas sobre basura y no tomó los recaudos básicos de acondicionar el terreno para una estructura de semejante envergadura, lo que derivó rápidamente en que las tribunas se cayeran a pedazos. Niederle bien podría abstenerse de este tipo de valoraciones, o al menos ensayar un mea culpa, ya que por muy ministro que sea hoy, fue también responsable de la impericia que ahora pagaremos todos los catamarqueños.

RECUERDOS. Como lo hacemos habitualmente, en el último bloque insertamos los acontecimientos ocurridos hace un cuarto de siglo.
El Caso Morales, desde la muerte de María Soledad hasta las condenas dadas por un extraño tribunal de Justicia, tuvo de todo. Una instrucción cargada de suspicacias, sospechosas componendas, varios cambios del juez, intervenciones al Poder Judicial y más tarde a la provincia, un fiscal que vino especialmente para acusar a determinadas personas –Luque y Tula- y, en cuanto logró logró la convalidación de sus teorías, se fue de la provincia para nunca más volver. También la familia de la víctima dispuso de varios abogados defensores, pero uno de ellos pateó el tablero aduciendo el aprovechamiento político del caso. Fue el doctor José Alberto Furque, quien el 17 de mayo de 1995 renunció a la defensa y lo hizo con una explicación que provocó conmoción social. Dijo en aquel momento “consideré compromiso de un universitario a la humilde representación de la familia que se quedó sin abogado (la doctora Lila Zafe había renunciado a su cometido). Pero frente a la utilización que se hizo del caso para llegar al poder político en 1991 y las intenciones evidentes de seguir usufrutuando de una situación dolorosa tomé la decisión de renunciar. No me voy a prestar al juego de que pretendan seguir chaguando un crimen para sacarle hasta el último jugo”. Más que claro!

El Esquiú.com
 

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Comentarios

26/7/2020 | 11:31
#0
El estado del estadio, en mi opinión, es resultado de una mala decisión en el diseño del paquete tecnológico adoptado para la ejecución de las tribunas, por mas adecuada que hubiera sido su materialización en obra el resultado no habría diferido sustancialmente, independientemente de la dedicación que hubiera puesto Niederle en su ejecución.
26/7/2020 | 09:34
#-1
Bien completa, recordando nuestra historia política y ,la visita de MED de Perón que muchos de nosotros niños, vimos en el vagón del tren que la condujo a esta ciudad y la llevó luego a Buenos Aires. Eran tiempos en que los FFCC andaban, que los camiones eran chatas , que no se gastaba tanto en neumáticos, ni en combustibles -aunque YPF era la primera de América Latina- querían unir Catamarca y Tucumán por túneles ferroviarios. siguiendo lo hecho por los Suizos y los Italianos atravesando los Alpes en el Monte San Gotardo sólo 50 años antes que a los argentinos se les ocurriera construir LOS TÚNELES DE LA MERCED. Perdimos el envión. EVITA FUE UN RECUERDO IMBORRABLE PARA LA NIÑEZ DE LOS 40-50 del siglo pasado.

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